Vietnam después de Vietnam

Varias historias individuales se entrecruzan en este retablo a veces dramático, a veces poético, ocasionalmente humorístico, del moderno Vietnam. En un extremo del asunto está el pobre conductor de taxis (en realidad, un carrito a pedal) enamorado de una sofisticada prostituta que hace todo lo posible por acercarse al objeto de su amor. En el otro, la joven campesina recolectora de loto que acepta convertirse en las "manos" de un maestro espiritual al que la lepra ha imposibilitado de continuar escribiendo poesía. En el medio hay un niño que soporta a un padre violento y trata de ganarse la vida vendiendo chucherías. El dato más revelador acaso lo aporte, sin embargo, el veterano infante de marina norteamericano (Harvey Keitel) vuelto a Vietnam treinta años después de haber combatido en la guerra, en busca de la hija a la que no ha visto nunca.

La presencia del personaje de Keitel puede ser la clave de todo el proyecto, del sentido que el film intenta comunicar sobre una reconciliación entre dos pueblos que se enfrentaron en una guerra sangrienta tres décadas atrás. Pero ese sentido está en la base misma del proyecto: primera producción independiente norteamericana rodada en Vietnam, por un director y libretista (Tony Bui) de origen vietnamita que se formó y vive en los Estados Unidos.

Si para el personaje de Keitel se trata de enmendar un error (personal, nacional) del pasado, para el director y libretista Bui el film constituye en cambio una búsqueda de las raíces, el retorno y tal vez la idealización del país de sus padres o su infancia, del mismo modo que otro vietnamita emigrado, Tran Ahn Hung, evocó desde Francia su pasado "indochino" en El aroma de la papaya verde. Hay una diferencia, sin embargo: El aroma de la papaya verde recreaba en Europa un Vietnam contado o recordado; Bui, en cambio, regresa al territorio real. ¿Lo describe debidamente?.

Tal vez solamente un vietnamita pueda responder a esa pregunta. Sin embargo, la eficacia cinematográfica del resultado ofrece pocas dudas. Ciertamente, apuesta al melodrama (género típico del cine del Sudeste de Asia), con personajes arquetípicos como el niño pobre y vapuleado, la prostituta que finge no tener sentimientos pero los tiene, el padre golpeador, el taxista buenazo, pero no se agota en él. La diversidad anecdótica le sirve para describir contrastes sociales (el espectador descubre el lujo de un hotel "cinco estrellas" desde la mirada del niño, como en un buen film neorrealista de, digamos, Vittorio de Sica), y también la convivencia de tradición y modernidad: las imágenes de campesinas recogiendo flores de loto al compás de cánticos ancestrales se contraponen a la miseria ciudadana o la presencia de un invasor consumismo, desde los televisores en el escaparate de un negocio hasta el logo de Coca Cola en un muro, y hasta la pequeña ironía de que un local de mala muerte se llame Apocalypse Now. Crítica social, si se quiere, que evita la crítica política: la única referencia a autoridades oficiales es un encuentro nocturno, fugazmente inquietante, cuyo sentido de amenaza se diluye rápidamente.

Pero el film es sobre todo una celebración de sentimientos, y la recuperación de un tiempo y un lugar, con un refinamiento fotográfico para aprovechar la hermosura del paisaje tropical y una sensualidad a flor de piel, un sentido del color y casi del tacto, una capacidad para crear una impresión de "estar allí". A esas alturas importa poco saber si Tres estaciones describe el Vietnam "real": se ha producido la suspensión de la incredulidad, el espectador ha sido sumergido en un universo de imágenes y sonidos, y la experiencia se prolonga en el recuerdo con ciertas resonancias poéticas que cabe agradecer.

*** *** ***

CRITICA/GUILLERMO ZAPIOLA

TRES ESTACIONES

Three Seasons

Director. Tony Bui.

Libreto. Tony Bui, sobre historia propia y de Timothy Lihn Bui.

Elenco. Don Duong, Ngor Hiep, Tran Mahn Cuong, Zoe Bui, Harvey Keitel.

l Estados Unidos 1999.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar