BRASILIA | ANSA
El gobierno de Luiz Inácio "Lula" da Silva logró "bancarizar" a miles de brasileños de bajos ingresos que antes evitaban los bancos por ignorar las reglas básicas de operación y hasta por temor a las puertas giratorias.
"Descubrimos que la puerta giratoria de los bancos era para muchos pobres un mecanismo para rechazarlos", dijo a la agencia oficial Radiobras la gerente de Microcrédito de la oficial Caja Económica Federal, Adriana Probst.
La Caja anunció esta semana que abrió 240.000 "cuentas populares" desde el pasado 25 de mayo, cuando comenzó la campaña de "bancarización", para ampliar el acceso de la población de menores ingresos a las cuentas bancarias.
En junio, el presidente Lula anunció la creación de un "Banco para pobres", que ofrecerá créditos de hasta 600 reales —unos 200 dólares—, para los más de 25 millones de brasileños que, según datos oficiales, están fuera del sistema bancario.
Complementando al banco, que sería una filial del Banco do Brasil, la Caja se propuso abrir 500.000 cuentas hasta diciembre, pero con los resultados obtenidos hasta ahora las autoridades creen que podrán superar esa meta.
Probst reveló que la institución realizó un estudio para "recrear el lenguaje bancario", que dificultaba el acceso de los sectores más humildes a los bancos.
"Creíamos que conocíamos bien y sabíamos abordar a los clientes más pobres, dijo la directiva, pero no fuimos capaces de percibir que la comunicación se interrumpía por nuestra forma de hablar, dirigida a una clientela que ya conocía los bancos".
Probst explicó que expresiones como "voy a analizar sus ingresos para verificar si puede recibir un crédito" sonaban como lengua extranjera para los sectores más humildes, y por eso el banco preparó una guía para la atención de esas personas.
"No fue fácil convencer a los pobres de que la cuenta bancaria no es un privilegio de los ricos, sino un derecho de todos", dice Probst.
Así surgió la "Guía de la Caja para que entiendas los servicios del banco", con explicaciones para términos que van desde "cuenta", "depósito", "saldo", "intereses" y hasta "puerta giratoria".
En los sectores humildes, agrega la directiva, existe la impresión de que los guardias de seguridad —"pobres como ellos"— estaban ahí para trabar las puertas giratorias cada vez que un pobre tratara de entrar.
También se debió trabajar para superar la desconfianza de la gente que tenía "su dinero bajo el colchón", agrega la directiva de la Caja. "Tuvimos que permitir el acceso diario a los saldos, para que certificaran que el dinero seguía en el banco", dice.
A un mes de lanzada la campaña, los primeros clientes ya muestran familiaridad con la tarjeta magnética y están a la espera de la aprobación del Consejo Monetario nacional para tener acceso al microcrédito.
Muchos de los beneficiarios del programa Hambre Cero ya pueden retirar el dinero mensual que otorga el plan a través de los cajeros de la Caja, que están presentes en los 5.561 municipios que tiene Brasil.
En el estado de Amapá, en el norte del país y uno de los más pobres de Brasil, al menos 3.000 cuentas fueron abiertas entre la población indígena.