Magdalena Herrera
Llevaba tiempo sin presentar un espectáculo en escenarios porteños. Hacía varios años que no aparecía en la televisión. Incluso, en la última década, vivió más en el exterior que en su propio país. En el 2002, Nacha Guevara abandonó el gran éxito que la siguió por toda España para aterrizar nuevamente en una Argentina convulsionada hasta el extremo. Según confió, no se perdería por nada del mundo el importante momento de transformación que atraviesa su país, y agrega: "para estar, para colaborar".
Además, este año, Nacha regresó al teatro, a la pantalla chica y también vuelve a Uruguay, país con el que tiene estrechos vínculos desde hace largo tiempo. "Tengo amigos entrañables allí, como Mario Benedetti y la gente divina de El Galpón. En Uruguay fui popular y llené estadios y salas antes que en mi país", reconoce la artista desde el otro extremo de la línea telefónica.
Nacha Guevara se presenta mañana, el sábado y el domingo, en el Teatro Stella, con su musical Que me van a hablar de amor, que estrenó en enero pasado en el Nacional de Buenos Aires.
—¿Por qué eligió el amor como hilo conductor del espectáculo?
—Porque es lo que no hay. Es lo que falta. Era tiempo de que un espectáculo se dedicara a este tema, no solo a las relaciones interpersonales, sino al amor como algo mucho más trascendente, más grande y abarcador.
—¿La gente no esperaba otro tipo de espectáculo de Nacha Guevara en un momento tan crítico de su país?
—No, se esperaba exactamente esto. Estamos hartos de protestar. Se tiene que comenzar a proponer.
—Es curioso que haya regresado de España, donde le va fantástico.
—Si, porque ahora quiero estar aquí. No me quiero perder lo que está pasando, que es muy interesante. Es un momento de gran transformación. He trabajado mucho, tanto en lo personal como para afuera, para que las cosas se transformen de alguna manera, y no quiero perdérmelo.
HISTORIA. No todos los uruguayos saben que Nacha Guevara es el nombre artístico de Clotilde Acosta, la escultural actriz, cantante y bailarina que en el 2000 confesó su edad en el libro Sesenta años no son nada. Hoy, a los 62, regresa al ruedo montevideano con su envidiable y sensual juventud y con un repertorio de canciones cargadas de amor y de letras que la conmueven, emocionan, divierten.
Con humor y aguda crítica, en Que me van a hablar de amor Nacha canta las peripecias amorosas que atraviesan los seres humanos en la vida. Interpreta autores como Homero y Espósito (Que me van a hablar de amor), Ira Gershwin (No la sigamos más), Stephen Sondheim (¿Podría dejarte?), Ennio Morricone (Si tu supieras), Mario Benedetti (Te quiero) y algún clásico propio como Mi ciudad. "Elijo el repertorio por instinto. Me tiene que pasar algo cuando lo escucho, leo o tomo contacto con el material. Me tiene que divertir, emocionar o darme una imagen clara de como tiene que hacerse".
En Argentina, tanto el público como la prensa celebraron el regreso de la artista. La crítica del diario La Nación escribió: "Fiel a su estilo. Nacha con su actuación llena el escenario del teatro El Nacional, con esa mezcla de ironía, mordacidad y bronca con la que puede transformar la frase más simple en una expresión semántica de pesadas intenciones".
—¿Son importantes para usted las críticas, buenas o malas?
—Hasta un punto. El efecto no me dura más de 15 minutos, ni en las buenas ni las malas. Porque entiendo que existen críticas buenas que son malas, y críticas malas que son buenas. Es decir, algunas que aparentemente son malas están escritas con conocimiento, cultura y lo ayudan a uno a ver por donde se puede mejorar. Hay otras críticas, que aparentemente son buenas, pero son tan sosas que no dicen nada. Mejor si son buenas, pero no es algo que deba afectar la vida de uno.
—¿Cuales son sus vínculos con Uruguay?
—Quiero mucho a Uruguay y me gusta ese país. Fue el primer lugar donde fui popular, antes que en Argentina. Hice estadios, llené teatros y presenté unas funciones inolvidables en el Solís. Tengo recuerdos muy entrañables de hace muchísimos años, además que la gran amistad que me une a Mario Benedetti. Recuerdo la gente divina de El Galpón. Tengo muchos recuerdos, ya son años de relación.
—¿Como fue el regreso a la televisión de la mano del director "uruguayo" Adrián Caetano?
—Es uruguayo ¿no?. Mirá, una relación más que me une a Uruguay. Me encanta trabajar con Adrián porque es un director de cine y hace televisión con otro ojo, otra mirada, otra luz. Caetano tiene un instinto muy grande para dirigir actores, y saca muy buenas actuaciones de toda la gente. Es un don que tiene. Trabajo muy cómoda con él. Se trata de una experiencia buenísima, que a la vez me divierte mucho.
TEVE. Polémico y transgresor es el personaje que Nacha Guevara interpreta en Disputas, la tira televisiva que dirige Adrián Caetano en Telefé. La actriz encarna a Melina, una madama lesbiana que quiere apropiarse del negocio (y de las chicas) de otra madama (Mirta Busnelli). La semana pasada, una controvertida escena de sexo en un ascensor entre Melina (Guevara) y una de las prostitutas, Gala (interpretada por Dolores Fonzi), provocó cataratas de opiniones en varios programas periodísticos y de chimentos de la vecina orilla.
"Me gusta, como todo lo que sea actuar. Hoy prostituta, mañana santa, en un mes asesina... Me lo creo y lo observo. Eso es lo que me encanta de mi profesión, vivir muchas vidas en una: con cada personaje entendés al otro, cambiás la mirada. Con Melina me gusta mostrar que no es tanto sacrificio como se cree, que tiene un lado atractivo eso de vivir al borde", explicaba Nacha al diario Clarín hace unos días.
—¿Qué le interesó más de un personaje complejo como ese?
—Justamente, su complejidad. No me gustan los personajes unilaterales y por esa razón siempre les pongo alguna dualidad: son de un modo pero hay algo debajo. Melina tiene su mundo interior y además es muy seductora. Para hacer maldades se tiene que ser seductor. De lo contrario sería muy obvio. Las personas verdaderamente malas no lo muestran, justamente para tener más oportunidades para hacer maldades.
—¿Melina es mala?
—Los actores no juzgamos a los personajes, solo los hacemos. En apariencia, Melina es muy seductora y amable, pero sus acciones son malas. Así son las personas malvadas: sus acciones son malas. Pero es un personaje muy divertido porque también es humana.
—Le molesta que le pregunten por su estado físico?
—Cuando solo hablan de eso, sí. Me parece muy limitado.
La Tita Merello del 2030
En los años siguientes, recorre los países latinoamericanos hasta que llega a España donde logra consolidarse con mucho éxito y allí presenta Nacha de noche, la versión en español de No llores por mi Argentina, Eva, y graba discos con textos de Benedetti y otros autores. También Estados Unidos la reclama, y de la mano del director teatral Harold Prince presenta musicales en varias ciudades norteamericanas. En la década de los 80 regresa a la Argentina con su show Aquí estoy. Le siguen otros: Eva, Cabaret, Nacha 100 % del Di Tella al 2000, y nuevas versiones de Nacha de noche, Nacha canta Benedetti y Nacha canta Discépolo.
—¿Hay quienes afirman que será la Tita Merello del 2030?
—Me han comparado con los disparates más grandes y con los personajes más diferentes. Pero en este caso, es distinto. Siento por Tita una admiración extraordinaria. Me parece que ha sido la gran artista argentina del siglo pasado, como actriz, como personalidad, como un bicho inigualable del espectáculo. Es una maestra.