LONDRES I ZAHIDA MEMBRADO
Con motivo del centenario de George Orwell, un grupo de científicos se reunió el pasado martes en Londres para dar a conocer al mundo una importante revelación: cómo hacer una perfecta taza de té, la bebida que apasionaba al autor de 1984.
El miércoles 25 se cumplieron cien años del nacimiento en Motihari (India) del escritor británico, lo que dio lugar a innumerables homenajes en el Reino Unido y hasta revelaciones poco favorecedoras, como que Orwell, por amor a una mujer, delató a 38 comunistas al Foreign Office británico.
Detractor del totalitarismo y defensor de la II República Española, George Orwell (1903-1950) se mostró también crítico con la comunidad científica por su escaso interés por la poesía. Pero el pasado martes, la Real Sociedad de Química decidió reconciliar arte y ciencia en un curioso y "británico" homenaje a Eric Arthur Blair —verdadero nombre del autor de Rebelión en la granja y de Homenaje a Cataluña— al revelar al mundo la fórmula exacta de una perfecta taza de té.
El té es "uno de los principales puntales de la civilización de este país" pero la forma de prepararlo ha dado lugar a "violentas disputas", escribía Orwell en un artículo publicado en el Evening Standard el 18 de enero de 1946, cuatro años antes de su muerte.
En la elegante sede de la Sociedad de Química británica, en la céntrica calle Picadilly de Londres, los científicos sentenciaron: primero debe ponerse la leche en la taza y luego hay que echar el té, preparado preferiblemente con hojas de la variedad "Assam".
En ese acto, el ex diputado laborista Tony Benn, de 78 años y confeso obsesivo de esta bebida aparecida hace miles de años en China, fue el primero en mojar sus labios en una taza hecha siguiendo los pasos de la receta definitiva. "Sabe muy bien, !es delicioso!", exclamó el ex diputado, una respuesta que público y periodistas aguardaban expectantes.
Desde tiempos milenarios, este brebaje británico por antonomasia ha sido objeto de controversia entre expertos y aficionados por las dudas de qué es lo correcto, si echar primero la leche o el té.
Pero los científicos le llevaron la contraria a Orwell y a Benn, partidarios de agregar la leche en último lugar para dar el color y sabor perfectos a la taza de té. Tras años de estudio, Andrew Stapley, profesor de la Universidad de Loughborough (centro del Reino Unido), descubrió que la buena taza de té añade la infusión a la leche, y no al revés.
Según explicó el químico Stapley, la leche debe ir primero para reducir la posibilidad de desnaturalización de sus proteínas. Stapley también advirtió de que el té debe tomarse entre 60 y 65 grados de temperatura, y desaconsejó el uso de tazas de plástico porque mantienen demasiado el calor y hacen poco agradable la ingestión.
Pese a todo, las instrucciones científicas no convencieron a Benn, un legendario político laborista que consideraba la sala de té de la Cámara de los Comunes como su lugar favorito y donde pasó gran parte de más de medio siglo de su carrera política.
"El té es una institución británica y parte de nuestra cultura", explicó el político, quien coincidía con Orwell en que esa bebida no debe llevar azúcar porque, al igual que la cerveza, "su sabor es de por sí amargo".
Benn despertó la risa del público al confesar que ha calculado que, desde los doce años y a diez tazas diarias, ha bebido 124.830 litros de té en toda su vida.
Tony Benn hacía estos comentarios poco antes de que un video proyectase una película en la que un actor, que representaba a George Orwell, explicaba a la cámara cómo hacer una perfecta taza de té en medio de las trincheras de la Guerra Civil española (1939-45).
De su época como combatiente de las Brigadas Internacionales tiene su origen el odio de Orwell por los regímenes totalitarios, posteriormente satirizados en sus novelas más famosas, 1984 y Rebelión en la granja, que escribió siempre acompañado de una taza de té. EFE
Un hombre que delató por amor a una mujer
LONDRES I WALTER OPPENHEIMER /EL PAIS DE MADRID
El anticomunismo que acompañó a George Orwell en los últimos años de su vida tuvo un oscuro pasaje confirmado hace dos fines de semana: el escritor británico delató a 38 intelectuales a los que acusaba de ser simpatizantes o potenciales simpatizantes comunistas. El profesor Timothy Garton Ash asegura que Orwell (Motihari, India, 1903-Londres, 1950) recurrió a la delación en 1949, años de la guerra fría, por su amor imposible por una mujer, Celia Kirwan, funcionaria del Foreign Office. La mayoría de los delatados por Orwell eran periodistas.
Timothy Garton Ash, que publicaba hace dos fines de semana la lista acompañando un extenso artículo en el diario The Guardian , asegura que Orwell recurrió a la delación por su amor imposible a Kirwan, y por su preocupación por los tintes socialistas de la vida política británica durante aquellos años.
Celia Kirwan era una funcionaria del Foreign Office y Orwell quiso con ese gesto ayudarla en su carrera y fortalecer su amor. Kirwam pidió ayuda al escritor para contrarrestar la oleada de propaganda comunista en los momentos álgidos de la guerra fría. La lista, que incluye a actores o intelectuales conocidos mundialmente, como Charles Chaplin, E. H. Carr, Michael Redgrave o Isaac Deutscher, fue mecanografiada por Orwell en 1949, cuando estaba ya seriamente enfermo de tuberculosis. Orwell recopiló los nombres de los que en su opinión "son criptocomunistas, compañeros de viaje o simpatizantes y no se debe confiar en ellos como propagandistas [de Occidente]".
La lista llegó a manos de Garton Ash a través de una hija de Celia Kirwan, Ariane Bankes, que la encontró al poco de morir su madre, en otoño pasado. Ariane se la hizo llegar a Garton Ash con el ruego de que la hiciera pública. El profesor explica en su artículo que el Foreign Office se la hizo llegar de nuevo a Celia Kirwan en 1994, aunque nunca la ha hecho pública oficialmente. Casi medio siglo antes, esta funcionaria, que trabajaba en un departamento secreto de inteligencia del Gobierno británico, hizo saber a Orwell que sus superiores habían encontrado muy útil la información del listado.
El escritor británico, que fue uno de los muchos intelectuales extranjeros que lucharon como voluntarios en defensa de la II República Española, y de cuyo nacimiento se cumple ahora un siglo, murió prematuramente. Sus últimos años reforzaron su anticomunismo a la vista de la dictadura implantada por Stalin en la Unión Soviética. El silencio de los intelectuales de la izquierda occidental hacia los excesos soviéticos siempre exacerbó a Orwell. El autor de 1984, de Homenaje a Cataluña (donde contó su experiencia en la Guerra Civil española) y de Rebelión en la granja denunció públicamente ese silencio en varias ocasiones.
En 1998, el profesor Peter Davison reveló por primera vez la existencia de una lista de presuntos simpatizantes comunistas delatados por Orwell. Ahora se ha obtenido la prueba definitiva de esa lista, que afecta a 38 personas.
Hay profesores, actores y muchos periodistas de la época, sobre los que Orwell hace apostillas a veces muy sangrantes. "Tonta simpatizante", dice de Marjorie Kohn, maestra y periodista del mítico diario de la izquierda laborista, New Stateman. A Stefan Litauer, un polaco experto en relaciones exteriores, le define como "evidentemente deshonesto". Del profesor E. H. Carr, historiador experto en la Unión Soviética, dice que es "un apaciguador", y no hace comentarios ni sobre Charles Chaplin ni sobre Michael Redgrave, padre de la actriz y también activista Vanesa Redgrave. De John Anderson, corresponsal industrial de un diario de Manchester, asegura: "Probablemente, sólo simpatizante. Buen reportero. Estúpido". Los periodistas conforman la mayoría de las 38 personas que fueron delatadas por Orwell.
El creador de Gran Hermano
LONDRES I ANDREW GULLY
Más de medio siglo después de la muerte de Orwell (1903-1950), las palabras "Big Brother" hacen pensar más en un programa de televisión que en el Estado totalitario que él describió en su obra maestra 1984, pero el mensaje del escritor británico sigue siendo de candente actualidad. "Big Brother" es hoy sinónimo de telebasura, de emisiones intelectualmente pobres que consisten en hacer convivir a un grupo de personas en un espacio cerrado bajo la vigilancia de las cámaras las 24 horas del día.
Pero más allá de la utilización televisivia de esas dos palabras, la obra de George Orwell, que habría cumplido cien años el pasado miércoles, guarda toda su vigencia, y la agudeza de sus advertencias se impone cuando se observan las medidas empleadas actualmente por los gobiernos para, oficialmente, luchar contra la inseguridad: control de las conversaciones telefónicas, filtración de los correos electrónicos.
Según las organizaciones Amnistía Internacional y Reporteros sin Fronteras, esta última práctica permite a las autoridades establecer verdaderos ficheros de los usuarios, como ocurre en Estados Unidos, o apresar ciberdisidentes, como en China o en Vietnam, para sólo citar algunos países.
Irónica y fortuitamente, Rebelión en la granja, sátira del totalitarismo escrita por Orwell en 1945, fue adaptada en un teatro de Pekín en noviembre de 2002, cuando el régimen chino instalaba nuevos líderes. En esa novela, los animales toman el poder en una granja para librarse de la explotación humana, pero los cerdos terminan por ejercer un poder todavía más feroz que el de los opresores anteriores. AFP