En Madrid
Daniel Beltran Rohr
Corresponsal
Hizo un viaje de recorrido muy breve. El cuadro es uno de los ejemplos de la pintura religiosa de Francisco de Goya, escasamente representada en la principal pinacoteca española y considerado imprescindible para conocer una de las facetas fundamentales del artista, procede de la parroquia del madrileño pueblo de Chinchón y permanecerá en el majestuoso Museo del Prado mientras duren las obras de restauración del templo que históricamente lo alberga.
La asunción de la Virgen fue pintada en 1812, probablemente por influencia del hermano de Goya, Camilo, capellán de la iglesia de Chinchón. Mide 311 cms por 240 cms, habida cuenta de que su destino era presidir el altar mayor, donde habitualmente se encuentra. De ahí que el mismo nunca haya sido visto fuera del recinto sagrado de la pintoresca ciudad próxima a la capital española.
Goya se inspiró en la tradición de la pintura religiosa española e italiana, uniendo la iconografía de la coronación y del tránsito o asunción de la Virgen, para cuyo rostro siguió los cánones de belleza de la escultura clásica, presentes en sus creaciones religiosas desde los primeros ejemplos, en el decenio de 1770.
A pesar de esta influencia, el maestro deja patente su propia interpretación del hecho religioso, ya que la composición se centra en el momento de la asunción de la Virgen, a la que ayudan ángeles y querubines, mientras que deja fuera las figuras del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que sustituye por una poderosa luz blanca. Los ángeles, que adquieren aquí un protagonismo especial, son modelos de gran belleza y realismo, que van desde la aureola de querubines, como niños de corta edad, que Goya había representado siempre con ternura y vitalidad, hasta los ángeles mancebos de sugestiva belleza.