Un "bicho" raro

| Se tira de cabeza en cada pelota. A sus compañeros les cuesta entender su manera de jugar. Sueña con hacer dinero para, cuando llegue el momento de terminar la carrera, ejercer la medicina por amor

SILVIA PEREZ

Por estos días, Luis Silveira, el "Bicho", está disfrutando de un nuevo título. Uno más en su carrera. Lo que pasó en la última final de la Liga Uruguaya no empaña su alegría, porque el plantel de Defensor Sporting no tiene nada que ver con lo sucedido en el Palacio Peñarol y además, nadie puede quitarles el mérito de haber remontado un partido donde llegaron a ir perdiendo por 23 tantos: "sé el esfuerzo que hicimos para conseguir la victoria. Ya en el cuarto partido habíamos demostrado que estábamos para salir campeones, y jugando de visitantes con una presión tremenda. En la última final, en cambio, arrancamos mal. Parecía que queríamos ganar el partido en un cuarto. Queríamos hacer todo y nos equivocamos. Sólo 6 puntos en un cuarto quiere decir que no nos salió nada. Ellos, mientras tanto, comenzaron a ver el aro cada vez más grande. Embocaban de todos lados, por suerte igual marcamos duro y eso fue lo que nos salvó. Después calmamos las ansiedades y nos dimos cuenta de nuestros errores. Gerardo (Jauri) nos dijo que no éramos ese equipo y que dependía de nosotros mostrar la verdadera imagen de Defensor Sporting".

Los violetas ya están en la historia como los primeros campeones de la Liga Uruguaya, una experiencia que, más allá de resultados, fue un gran éxito: "la Liga era un incógnita, no sabíamos qué podía pasar. Nos preocupaban los viajes, y nos quejábamos de arranque, como buenos uruguayos. Se juega así en todas partes, pero nosotros igual nos quejábamos. A la larga fue muy positivo".

CON ALMA. Silveira es un jugador que siempre deja el alma en cada jugada, por eso es idolatrado por propios y odiado por ajenos. A la gente de Defensor Sporting, acostumbrada a tenerlo como rival, le costó adaptarse a verlo en su filas, aunque ahora le piden por favor que se quede. Los violetas tienen una opción por él y seguramente, van a utilizarla. A los jugadores violetas tampoco les resultó fácil acostumbrarse al juego del "Bicho": "en Welcome, después de tantos años ya se habían adaptado. Soy un jugador raro, sobre todo en ataque. En Defensor se asombraban de verme en varios lados. En ataque se planificaba un sistema y de repente, a mí me parecía que había que ir de abajo y lo hacía. A los bases les costó darme la pelota, después se fueron dando cuenta que yo culminaba un ataque rápido. Soy un jugador que necesita la pelota y eso costó. Defensivamente, el alero no debería ir al rebote de ataque y yo voy siempre, pero enseguida vuelvo. Me tuvieron que conocer en los partidos, porque no hubo tiempo de otra cosa. Los entrenamientos sólo daban para algun ajuste táctico y nada más. A mí también me costó acostumbrarme, sobre todo a la disciplina táctica, pero aprendí. Yo estaba acostumbrado a Welcome, que era un equipo bastante desordenado, y además ocho años en un equipo es mucho. Al principio, me costó, pero después Jauri utilizó muchas variantes defensivas y con eso me sentí muy cómodo. El mérito es del cuerpo técnico que me usó como un elemento defensivo importante. Son cosas que Jauri me hizo ver, yo no le dije que tenía razón, porque nunca lo hago, pero después lo analizo y si la tiene, actúo en consecuencia"

EL PRADO. Sus padres, Carlos y Mireya tenían almacen y frutería en la calle Raffo y la familia vivía allí mismo. Luis es el hermano del medio, entre Carlos, un año y medio mayor y Elsa, cinco menor. "Los locos simpre son los del medio, ¿no?", dijo entre risas. Los dos varones ayudaban en el comercio y se pasaban el día entero comiendo. Entre los dos se terminaban un cajón de aquellas largas bananas ecuatorianas, como si nada. Como también se trepaban a los árboles, pronto se ganaron en el barrio el apodo de "monos".

Fue al colegio evangélico Bethesda. Era buen alumno pero tenía algunos problemitas de conducta. "Para empezar, llegaba tarde todos los días y eso que vivía a dos cuadras. El director siempre me decía: ‘Silveira no vaya a ser bombero’, y ya arrancaba en penitencia. De todos modos, siempre pasé con matices de Sobresaliente y formé un lindo grupo de amigos. Además, en el colegio le deban mucha importancia al deporte. Competíamos en la pista, al lado de la cancha de Stockolmo, y yo lo hacía en salto largo, salto alto, medio fondo y bala. Gané algunas medallitas y le tomé el gustito a la cosa". Después de la escuela iba al inglés y en épocas de clase no le daba tiempo para colaborar en el almacén, pero en las vacaciones trabajaba con sus padres: "lo que más me gustaba era ir al mercado. Siempre fui noctámbulo y muchas veces me quedaba despierto y a la una, una y media, arrancaba para el mercado. A mí hermano, en cambio, le gustaba más quedarse en el almacén, pero lo mío era cargar cajones. Llegó un momento en que iba yo, manejando una Ami 8 que teníamos, con un empleado, el "Canario" Alberto, que fue el que me inició en el mate, ¡me cebaba a 120? centígrados!".

DOCTOR. Cursó hasta Cuarto año de Facultad de Medicina, y en realidad, aún quiere ser médico: "sé que nunca es tarde para estudiar, pero pensé que la carrera basquetbolística me iba a dar un dinero, que después de retirarme, me permitiría terminar la carrera tranquilo. Cuando jugaba en Welcome, mis compañeros hacían grandes contratos, pero yo era jugador del club. Yo pensaba que cuando dejara de ser jugador de la institución iba a poder hacer un suculento contrato, pero cuando eso sucedió ya no se pagaba lo mismo. He ganando y gano buenos sueldos, no me quejo. Jugando me compré la casa y el auto, pero no da para guardar. En aquellas épocas había contratos de 100.000 dólares por año".

Dejó la carrera cuando las cosas se le complicaron con el básquetbol profesional: "en Cuarto de Facultad ya tenía que ir al hospital todos los días desde las 7 de la mañana hasta el mediodía y después de tarde tenía clases. Lo quise hacer, pero no pude. Además, tenía muchos viajes y ya estaba con pacientes, no se podía. A pesar de mi manera de ser, creo que tengo pasta para médico, aunque mis compañeros dicen que no me confiarían a sus hijos ni locos. Tenía buena mano, paciencia y podía controlar mis impulsos, algo que no siempre consigo en el básquetbol. El que me conocía de las canchas ni se acercaba para un inyectable, pero los demás, se dejaban y no se quejaban. Al principio me gustaba mucho la cirugía, pero ahora quiero ser traumatólogo porque ya no puedo desprenderme del deporte. También me gusta mucho la investigación. Sirvo para eso, soy muy testarudo y no abandono un problema hasta que lo resuelvo. Eso sí, no voy por los caminos normales, tengo razonamientos propios. Me hubiese gustado ser como un futbolista, pararme para toda la vida y después ejercer la medicina, pero por amor. Es algo que siempre pensé, pero después, cuando llegan los hijos, se hacen más difíciles esas ideas".

DECISION. Llegó a la cancha de Stockolmo con 7 años. Lo llevó su madre, aunque después el que siempre lo acompañó fue su padre. Eran como 200 chiquilines, se armaban equipos y jugaban un ratito cada uno. Aún recuerda su primer doble: "la agarré de abajo con las dos manos y tiré. Fue de lejos, creo que hoy hubiera sido un triple". En esa misma época jugaba al baby fútbol en el Huracán Belvedere y luego pasó a River, donde llegó a integrar el plantel de Tercera. Jugaba en el medio, pero un día lo pusieron de golero y no lo sacaron más. Durante varios años compartió el futbol con el básquetbol. En Stockolmo debutó en Primera a los 16 años: "fue contra Trouville donde jugaba ‘Mahoma’ Wenzel. Yo lo veía como un abuelo y me sacó a pasear por toda la cancha. Ese mismo día me rompieron el caballete, me pusieron dos tapones y me dijeron que volviera a la cancha. Todavía lo tengo roto. Eso me marcó, de ahí en más si me pegaban, seguía. Nunca tuve lesiones graves y entonces ‘dale que es tarde"’. Hubo un momento en que Luis tuvo que tomar una decisión. Estudiaba, jugaba al fútbol, al básquetbol e iba al inglés: "me decidí por el basquet, porque en el fútbol ya empezaba a tener concentraciones y era más difícil estudiar. El básquetbol me gustaba más por el calor de la gente y además, ya estaba en Primera y en el fútbol no. Y en aquel momento los arqueros como yo, recién llegaban a los 30 años. Me faltaba mucho".

SELECCION. Estuvo en varias preselecciones juveniles, pero siempre quedaba eliminado, hasta que llegó el día en que Víctor Berardi y "Cacho" Perreta le dieron la oportunidad. No salió más. Fue Campeón Sudamericano en Montevideo en el 95 y en Venezuela en el 97. En este momento, la selección uruguaya que dirige el técnico argentino Néstor García, está de gira por España. Aunque fue citado, no viajó con el grupo. "Antes del tercer partido frente a Paysandú, Horacio ‘Tato’ López llamó para hablar con Szczygielski y luego le pidió conmigo. Me explicó que no viajaba, que estaban armando el equipo y que ya sabían lo que yo doy. Aunque no me guste es algo sobre lo que no puedo hacer nada. Yo siempre prefiero ir y jugar, aunque sea a la bolita. Además, no era sólo luchar por un lugar en la selección, sino tener la posibilidad de que te vieran en Europa. No hablé mucho con ‘Tato’, no era momento. Ellos son los que mandan y hay que acatar sus decisiones. Sólo me queda trabajar, tratar de no perder el tren y estar pronto para cuando vuelvan".

Una vida a puro impulso

El "Bicho" sabe que su manera de ser, esos impulsos que muchas veces no puede controlar, lo han acercado a la gente: "una vez, el Prof. Mena me explicó que hay jugadores que razonan un 50% y actúan por impulso, el otro 50%. Me dijo que yo era impulsivo en un 90%. Y es cierto, así hago yo las cosas. Manejando soy igual que jugando, me ven y corren para la vereda. Juego a cualquier cosa y no me gusta perder a nada. Recuerdo una vez, con Atilio Caneiro, yo sabía que no podía ir al rebote de ataque, porque perdíamos balance, pero no podía contenerme. Llegó un momento en que les pidió al los que jugaban de 3 que no fueran al rebote, porque yo igual iba a ir. Siempre fui así, pasé por inferiores muy rápido y con poca enseñanza de fundamentos. De repente, es por eso. Al saber que no tenía fundamentos como otros, sólo me quedaba la fuerza. Siempre marqué bien y luego traté de ir incorporando otras cosas, como me dijo Manolo Usher, el primer técnico que tuve en Stockolmo. Cuando debuté en Primera, jugaba unos segundos por partido, pero me tiraba de cabeza, me rompía todo y eso hacía que la gente coreara mi nombre pidiéndome. Y eso que no me conocía nadie. Esa virtud natural que tengo me ha alejado de algunos entrenadores, pero también me ha hecho jugar muchas veces. Si gano es genial y si pierdo, aunque me duela, me acuesto tranquilo porque sé que dí todo. Cuando fui a Welcome me ofrecieron un trabajo y yo no quise. Le dije a Magurno: ‘ud. me contrata para jugar al básquetbol y yo tengo que dar el máximo esfuerzo. Y para eso debo entrenar con todo’. El trabajo me podía dar un dinero extra, pero me iba a quitar rendimiento. Si no había doble horario yo iba a tirar solo, como cuando estaba en Stockolmo en pleno verano. Edgard, el canchero me veía venir y ya se quejaba. Yo siempre escuchaba que el ‘Tato’ López entrenaba como ninguno a pesar de su capacidad. Entonces pensaba: si este, que es bueno entrena así, yo, que tengo tremendas carencias me tengo que matar".

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