JosE Ignacio | Miguel Muto
La situación de varadura de la barcaza argentina "Dolores de Urquiza" en las costas de Maldonado frente a la boya petrolera de José Ignacio, se está volviendo un problema para las autoridades de Ancap.
Los trabajos de renovación de un tercio de las tuberías están detenidos y siguen transcurriendo los plazos del contrato firmado con la empresa italiana Sea, responsable de los mismos; el nuevo problema es ahora la necesidad urgente de que se desguace la enorme estructura de hierro, encallada en la arena.
El precio total del contrato es de 10 millones de dólares más los impuestos. Ancap ya pagó siete y faltan concretar aspectos claves del trabajo, como la conexión de los nuevos cilindros de acero a la línea de la terminal.
Cada día que Sea se pase del plazo previsto, deberá abonar una multa de 100.000 dólares.
Por el momento Ancap atenderá la descarga de los buques petroleros que lleguen a la zona con la antigua tubería. Para ello, un robot fue utilizado en la verificación de la aptitud de la mismas; éste confirmó que la tubería puede ser utilizada durante un tiempo más.
Las multas previstas en los contratos de asistencia a los buques petroleros, también son elevadas. En una oportunidad Ancap debió pagar 50.000 dólares por un día de demora ante una descarga.
Extraoficialmente, se maneja la posibilidad de que la empresa internacional Petrobrás culmine los trabajos, si no se llega a un acuerdo con los italianos. Estos debían haber traído otra embarcación para continuar con acordado, lo que incluye el rescate de la nave encallada, pero eso no ocurrió.
En oportunidad de otorgarse la licitación, Ancap requirió a los ofertantes una mayor especialización y tecnología, tras lo cual Sea fue la única que quedó habilitada.
ENCALLADA. La gran barcaza "Dolores de Urquiza", que encalló en la arena tras un fuerte temporal, debe ser desguazada cuanto antes ya que su ubicación reviste peligros futuros para la operativa, obstaculizando la visual y a mediano plazo contaminando la playa.
Pesadas anclas, de muchas toneladas de hierro, requerirán el esfuerzo de hombres y embarcaciones para ser extraídas del fondo del mar, lo que también encarecerá la recuperación parcial.
En estos momentos se procesa la autorización para cortar en grandes partes su casco y la enorme cubierta. Este trabajo lo haría una empresa argentina a la que los italianos arrendaban la barcaza construida en Inglaterra en la década del treinta.
Fuentes consultadas por El País, informaron que no se trata sólo de un aspecto turístico o de conservación del medio natural, sino que también está en juego la seguridad de transporte subacuático del crudo.
En la costa se puede ver que los elementos de trabajo, máquinas e instalaciones, fueron retirados de la cubierta en este tiempo de inactividad.
Desde la "Dolores de Urquiza" los técnicos sincronizaban las maniobras de los buzos y maquinarias bajo el mar, con un sistema satelital.