Nadie habla, todos se mueven

| El autor propone un teatro en el que el cuerpo es un poderoso instrumento de comunicación

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La Comedia Nacional estrena hoy a las 21 horas en El Galpón La hora en que no sabíamos nada los unos de los otros, del autor austríaco Peter Handke. El montaje de esta obra tiene un par de singularidades. Una de ellas es que marca el retorno a la dirección teatral de Graciela Figueroa, una personalidad ampliamente reconocida por su labor como bailarina y coreógrafa, que en este caso lleva a cabo su primera puesta en escena con la Comedia Nacional. Otra singularidad es que sobre el escenario se dan cita veintiocho actores que encarnan 270 papeles: estos personajes no se conocen, no se miran, no se hablan. Sólo tranistan por la plaza de una ciudad.

Destacadísima personalidad de la danza nacional, Figueroa tuvo una temprana vinculación con el teatro, que proviene de su época liceal. Pero en 1962 co-funda la compañía Teatro Uno, junto al desaparecido Luis Cerminara y a Alberto Restuccia. Desde entonces, estuvo vinculada a numerosas producciones teatrales de singular relieve, siempre apostando a opciones de vanguardia. Pero su gran fama proviene de otra arte escénica: la danza. Responsable de algunos de los espectáculos de danza más populares de los últimos años, como Masculino-femenino o Molto vivace, el estilo de Figueroa se distingue por el humor y el dinamismo con que es expresado.

Los reconocimientos a la forma peculiar como Figueroa maneja la escena y despliega su trabajo, no sólo se producen a nivel local: recientemente sorprendieron gratamente los testimonios de la coreógrafa Twyla Tharp (reciente ganadora del premio Tony) en la revista New Yorker, quien se refirió con grandes elogios a la etapa neoyorkina de Figueroa. Pero tampoco su reconocimiento se reduce a eso: Adriana Pavlova la calificaba, en O Globo, de "maestra de referencia fundamental de la danza contemporánea brasileña en los años 70 y 80". Algo similar escribió Ana Christina de Andrade, directora del elenco Coringa, de Rio de Janeiro, cuando recuerda los inicios de esta compañía que tuvo a Figueroa como una de sus directoras y a quien califica de "bailarina profunda, amorosa y carismática". Comentarios similares podrían registrarse en Chile, donde esta uruguaya también creó escuela.

Resulta difícil no evocar lo que fue la sorprendente personalidad de Graciela cuando surgió en el medio escénico montevideano, a una altura juvenil de su desarrollo. Fue desde entonces una presencia no sólo removedora sino también transgresora, peleando —como un pez contra la corriente— ante un medio coreográfico todavía apegado a las normas clásicas o a ciertos convencionalismos de la danza moderna. Ella, en cambio, era una creadora con impulso de ruptura, respondiendo así a lo que fue la tendencia expresiva de Teatro Uno desde la fecha de su fundación. Lo notable es que Figueroa no ha perdido ese atrevimiento formal y estético por el camino, sino que ha llegado a esta etapa de madurez enarbolando similares normas de lenguaje y apostando siempre al gesto innovador, fresco, de soltura a veces espectacular.

ACCIONES. Escrita 30 años después del escándalo de Insulto al público, esta pieza de Handke parece hecha a la medida de Figueroa. Los centenares de personajes que deambulan por una plaza exhiben mundos individuales y cerrados que se perciben fragmentariamente: los personas atraviesan el espacio común, se cruzan y se miran, pero cada uno con sus propios quehaceres y sus diferentes estados de ánimo. Allí, entre otros, aparecen el legendario Eneas cargando a su padre y Papageno, personaje de la ópera La flauta mágica de Mozart. La obra, escrita como un "guión de acciones", no posee un argumento convencional y ni siquiera tiene diálogos: se apoya más bien en un ritmo musical o actúa como un montaje cinematográfico, donde los contrastes multiplican los sentidos y hasta las identidades.

Se trata, entonces, de una obra de peculiares recursos teatrales, por lo que el lenguaje corporal resulta esencial. De hecho, buena parte del tiempo de ensayos lo dedicó Figueroa a trabajos en torno al movimiento escénico. "Antes de comenzar, hay que desaprender el lenguaje", explica la directora, mientras recuerda que ya hacia 1970 creó Pasajes, una obra en la que incluía el paso de personajes por determinadas estaciones simbólicas, en especial un túnel y que en Molto vivace incluyó un número similar, por lo que el lenguaje de la obra le resulta muy cercano.

Graciela Figueroa dirige en este caso un elenco integrado por Duilio Borch, Elisa Contreras, Andrea Davidovics, Gloria Demassi, Delfi Galbiati, Fabricio Galbiati, Isabel Legarra, Luis Manzione, Luis Martínez, Estela Medina, Catherina Pascale, Miguel Pinto, Daniel Spinno Lara, Pablo Varrailhon y Alejandra Wolf de la Comedia Nacional, a Lito Eguren y Bernardo Trías del Grupo Espacio. A ellos se suma, como actriz invitada, Sandra Américo y diez becarios de la Escuela Municipal de Arte Dramático: Silvina Acosta, Fernando Alonso, Carmen Barral, Federico Galemire, Mariela Maggioli, Patricia Mallarini, Leandro Núñez, Aline Rava, Agustín Silveira y Pablo Vannet.

En los rubros técnicos se apoyará en la escenografía de Osvaldo Reyno, el vestuario de Hugo Millán, la música de Popo Romano, la iluminación de Martín Blanchet, habrá efectos especiales de Javier Perazza y video-imágenes de Juan lvarez y Marcos Martínez.

Un autor singular, fascinado con los espacios

Muy conocido en Europa, Peter Handke es en Uruguay un autor que si bien no posee gran fama, sí tiene un círculo de lectores que lo consideran de culto. Nacido en Griffen, Austria, en 1942 Handke es un autor de una variada obra que se inició como escritor a los 24 años con Los avispones, un libro de relatos sobre la infancia. Desde entonces ha sido activo autor teatral, narrador, reportero, y también guionista de cine, colaborando en varias ocasiones con su amigo Wim Wenders en films como Las alas del deseo o La angustia del golero ante el penal. Como dramaturgo recientemente se dio a conocer en Uruguay Insulto al público, en una versión que dirigió Jorge Curi.

Por lo general, tanto sus textos como sus películas abundan en descripciones espaciales y los personajes que van apareciendo comparten siempre su protagonismo con el de las casas donde viven, los caminos por los que transitan o los bares a los que acuden. En razón de ello muchos han encontrado conexiones entre Handke y pintores como Cézanne o Hopper y otros han señalado las influencias de las concepciones espaciales de filósofos como Heidegger.

Los relatos handkianos nunca adoptan los esquemas convencionales de desarrollo de la novela, por el contrario busca apartarse de "la protegida conciencia burguesa con su placer en el recuerdo y egocentrismo reminiscente", según ha dicho él mismo. Esta "oveja negra" de la literatura, publicó obras de gran originalidad como Kaspar, de 1967, El pupilo quiere ser tutor (1969) y Cabalgata sobre el Lago de Constanza (1971), Carta breve para un largo adiós (1972) y La mujer zurda (1976), todas ellas centradas en el tema de la incomunicación y la angustia de la soledad. Entre los importantes premios literarios que obtuvo se destaca el Premio Georg Büchner, que devolvió en señal de protesta por la intervención de la OTAN en Serbia, protesta que documenta en su controvertido manifiesto Justicia para Serbia.

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