A grandes males, grandes remedios

La final de la Liga Uruguaya fue ayer el tema excluyente de los uruguayos y, lamentablemente, las conversaciones no pasaron por lo que fue el título obtenido por Defensor Sporting, que nada tiene que ver en la polémica.

Antes que nada, corresponde marcar dos discrepancias con algunos aspectos de la discusión que se desató en las últimas horas. Primero, parece muy triste que se quiera adjudicar este final a lo que muchos denominan persecución de los capitalinos hacia la gente del interior. Nada que ver. Eso no tiene el más mínimo asidero ni sustento.

Otra circunstancia que pareció ruin y descalificadora, es la de vincular el despojo que sufrieron los sanduceros con el presidente de la Federación Uruguaya de Básquetbol. Dr. Luis Alberto Castillo, por el hecho de que —como es archisabido— está ligado sentimentalmente a Defensor. Al pensar de esa forma, se está cometiendo una canallada.

En cuanto al centro de la cuestión, parece que se está apuntando en forma equivocada. Si bien es cierto que, más allá de los segundos o las décimas, quedó claro en el Palacio que el doble de Rivero fue fuera de tiempo, ese error no fue el más grave, e incluso se sabe que le puede pasar a cualquier juez, ya que es muy difícil discernir en ese instante. Situación diferente es la del comisionado técnico, que está para cubrir ese tipo de circunstancias y mucho más tranquilo que el árbitro, pese a que corresponde destacar que el comisionado lo único que puede hacer es manifestar su punto de vista, ya que la decisión final es del primer juez; en este caso, Félix Fares.

Está claro que antes del polémico epílogo hubo dos incidencias que fueron trascendentales: cuando restaban 1’ 29’’ para finalizar los cuarenta minutos, Alejandro Pérez tiró en el filo de los 24’’, el balón tocó el tablero y el aro, y del otro lado Soria tomó el rebote; en ese instante sonó la chicharra de la mesa marcando los 24’’ y el árbitro Juan García hizo sonar su silbato y se dirigió a la mesa, donde el comisionado técnico Julio Dutra convalidó lo dictaminado por los delegados, con lo que se le dio la pelota a Defensor Sporting cuando ganaba Paysandú por 58 a 55.

El otro error, que colmó la medida, fue el notorio foul de Szczygielski a Charquero cuando faltaban 4 segundos.

En esta última temporada hubo arbitrajes que han dejado bastante que desear, no aparece el necesario recambio. No surgen árbitros de nivel. Ha llegado la hora de meter el bisturí a fondo y revisar desde las raíces el sistema arbitral. Sería muy sencillo echarle la culpa al Colegio, pero por ahí no está el mal mayor.

A Paysandú, mientras tanto, cabe pedirle que no baje los brazos y que también asuma su "mea culpa" ya que tuvo todo para ganar el partido y, por errores propios, no lo hizo. Y al Sr. Sergio Picasso, vicepresidente de la F.U.B.B. en representación del interior que presentó renuncia a su cargo, corresponde solicitarle que recapacite: la lucha para cambiar, hay que darla desde adentro.

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