ROSARIO TOURIñO
El ministro de Salud Pública, Conrado Bonilla, admitió que la actual crisis del mutualismo se debe en gran parte al manejo irresponsable de sus directivos y censuró la falta de transparencia que existe en la mayoría de las instituciones.
A modo de ejemplo, informó que si bien en 2002 se aprobó una norma que obliga a las empresas a publicar sus balances en el Diario Oficial sólo cuatro de las 16 instituciones de Montevideo cumplieron con esa disposición. "¿Cómo van a decir que el ministerio es el único responsable? ¿Y el endeudamiento irresponsable de dónde salió? Y el manejo gerencial indebido, ¿quién lo hizo?", dijo el jerarca en relación a los directivos que criticaron su reciente paquete de medidas.
A pesar de ello, Bonilla admitió en una entrevista con El País que el gobierno ha tenido su cuota de responsabilidad por no haber controlado la gestión de las mutualistas y admitió que en el pasado fallaron los mecanismos de contralor. En ese sentido, indicó que ha incorporado ocho funcionarios para acentuar la vigilancia y comprobar quiénes se están reconvirtiendo y quiénes están haciendo "una pantomima". Asimismo, dijo que denunciará inmediatamente todo delito que detecte en una mutualista. El ministro piensa que las críticas a las propuestas que ha presentado han surgido de "fuerzas corporativas" que reaccionan por que por primera vez se ha planteado un cambio del sistema.
—Usted sostiene que existen fuertes corporativismos que están frenando su reforma del mutualismo. ¿A quién se refiere concretamente?
—Afortunadamente no son todos, pero en la salud hay fuerzas corporativas muy importantes, que toda la vida han incidido en las políticas de salud del país. La situación está cambiando y para mí es un aliciente. Creo que no es algo generalizado. Es hasta natural esperar que en un primer momento las fuerzas corporativas se opongan, cuando nunca antes se había planteado un cambio. Hay gente que ha sido clave en algunas movilizaciones, como los anestésico-quirúrgicos, médicos o instituciones que nos han escuchado. Hay gente responsable e instituciones responsables. Algunos de los actores quieren aumento de cuota, que más personas coticen para Disse, que se les saque impuestos, pero lo que están pidiendo es plata, plata y más plata.
—¿Se refiere al Plenario o al Casmu?
—No quiero individualizarlos, por que dentro de ellos también hay gente que no piensa así. Conozco a todos los actores de la salud. He estado en todos los lados del mostrador y ni siquiera esos que parecen monolíticos lo son. Cuando nos reunimos con todos los actores, no hubo uno que no dijera que era muy interesante lo que ofrecíamos. Si todos cedían, el ministerio accedía también a promover un aumento de cuota, a formar determinados fondos, a sacar determinada normativa. Sin embargo, afuera hay algunos que manifiestan su oposición total. Pero esa gente que lo único que pide es un aumento de los ingresos y que dice que el Estado es el único culpable de su situación, tiene un solo problema: se olvidaron de que es la gente la que paga. El ministerio tiene una responsabilidad con la gente, antes que con ellos.
—Pero quienes reclaman aumento también alegan que las tarifas públicas se dispararon, así como todos sus demás costos, desde junio del año pasado...
—Cambió el país, pero el endeudamiento que tenían, si bien lo reforzaron a partir de junio, también era pavoroso a esa fecha. Unas más y otras menos. No es posible enfrentar problemas como los de ahora, inminentes cierres de instituciones, y que los directivos de esas instituciones no tengan ninguna responsabilidad. ¿Cómo van a decir que el Ministerio de Salud Pública es el único responsable? ¿Y el endeudamiento irresponsable, de dónde salió? Y el manejo gerencial indebido: ¿quién lo hizo?
—Si el endeudamiento era pavoroso e histórico. ¿Por qué el gobierno decidió asistirlas una vez más con un préstamo?
—Precisamente por eso, porque el gobierno –y lo digo con toda sinceridad– también tiene su cuota de culpa. Así como son responsables las instituciones, algunos grupos de poder, también ha habido responsabilidad en los controles del ministerio. Algunos cuestionaron que no publicáramos los balances. Le voy a decir que desde octubre de 2002 hay una disposición de que todo el mundo tiene que publicar sus balances en el Diario Oficial, pero de las 16 instituciones sólo cuatro lo han hecho. ¿Cómo pueden pedir transparencia cuando ellas mismas no la dan? Parece que hay gente que no le interesa que se muestren los balances, pero se van a publicar, porque el ministerio empezó a controlar.
—¿Hasta ahora el MSP estaba controlando que las instituciones que recibieron el préstamo del BID cumplieran con el proyecto de reconversión presentado?
—Se está monitoreando y se está controlando, pero personalmente quiero acentuar los controles. Es imprescindible que los acentuemos para ver quién está en una reconversión y quién está haciendo una pantomima de una reconversión. Vamos a vigilar mejor. Para eso es que hemos reorganizado toda la División Servicios de Salud. Con una división fuerte y conocedora de su tema, vamos a estar en condiciones de hacer los controles. Se han incorporado unos ocho funcionarios. Pero hace quince días que empecé con esto y no se trata de meter gente a lo loco, sino de poner a la gente idónea. Esto no es un control político, sino técnico.
—Usted ha dicho que dos instituciones iban a cerrar en los próximos días.
—No, jamás lo he dicho así. Hay instituciones que están más allá del pretil. Sin embargo, seguimos trabajando en ellas, creando el ambiente necesario para que los obreros y la patronal se entiendan, hablando con los jueces para que sean tolerantes, pero vigilando estrictamente la asistencia. Estamos haciendo lo imposible, pero todos somos concientes del riesgo que corren instituciones que por ejemplo han llegado a un 37% de déficit anual acumulado. Hay ejemplos vivos de cómo se destruye una institución desde adentro.
—¿El ministerio va a denunciar a los responsables? Hay directivos que no terminaron ante la justicia.
—Si yo encuentro ese tipo de dolos, no tenga dudas que hacemos la denuncia inmediata. Ojalá no existan. Yo no puedo creer que todos los afiliados al sistema, no estemos exigiendo medidas estrictas de gestión, manejo responsable de las finanzas y transparencia total. Todos los sueldos médicos deberían publicarse, con los nombres. La enorme mayoría de los médicos de este país no tenemos el más mínimo problema de que se publiquen, porque son decorosos. Pero también hay sueldos que son irrazonables para un país como el de hoy.
—¿Por qué a los médicos no les propuso cambios concretos de su régimen laboral, como sí lo hizo con los funcionarios no médicos?
—Porque me parece que debían ser ellos. Ellos saben perfectamente dónde es que aprieta el zapato. Yo también sé. No gano nada con hacer esa lista. Espero que ellos me la digan, porque muchos de ellos son gente muy bien y no son gente que se ha quedado generalizadamente con la plata del sistema. Sólo hay unos pocos vivos en todo este maremagnum.
—Hay quienes creen que el gobierno cambió su postura, que ya no cree en intervenir tan directamente y que aquellas instituciones que han mostrado una mala gestión histórica, si tienen que caer, deben caer.
—No es así. Está pasando lo mismo que pasó en el pasado cuando cayó la mutualista Fraternidad, la Batlle, Empleados Civiles de la Nación. Caen una tras otra. No es que el Estado las va a dejar caer. ¿Qué estoy haciendo yo? Yo pertenezco al Poder Ejecutivo. A todo el mundo le consta que estoy defendiendo los intereses de la gente que pone la plata para poder tener una asistencia digna. Sino no hay quien la defienda, aunque parezca mentira. Estoy haciendo lo indecible para que no caigan. Pero si caen igual que no se le eche la culpa al ministerio. Las deudas irresponsablemente creadas no fueron firmadas por el ministerio, sino por directivos que en algunos casos desaparecieron y que nadie se anima a denunciarlos.
Hay declaraciones públicas que a veces lo hieren a uno. Yo estoy defendiendo a quienes pagan y a uno lo hiere que se diga que acá no se está haciendo nada. Es injusto que se hable así de un ministerio que ha presentado en 90 días un paquete de medidas que otros no han presentado. Esto no es para hablar mal de quienes me precedieron, pero los mismos actores de la salud nunca presentaron un paquete global y sensato. Pero esto es el fruto de todo lo que se discutió durante mes y medio con ellos mismos.
—¿Por qué cree que hay sectores que muestran disposición hacia adentro y críticas hacia afuera?
—Creo que algunos temen enfrentarse con la realidad. La realidad les está pasando por arriba y algunos desgraciadamente tienen miedo de enfrentarla. Los que han tenido la responsabilidad de dirigir, van a tener que enfrentar lo que está ocurriendo, porque el ministerio no es responsable de todo lo que ocurre. Es quizás responsable de no haber controlado todo lo que podía, en que se podía haber detectado antes este riesgo, pero quienes ahora ven en peligro a sus propias empresas tampoco tuvieron la grandeza de decir: "o cambiamos o vamos a la muerte". Ahora que ven la parca cerca, entonces, vienen los problemas.
Bisturí a los contratos
—Si la gestión del sector privado ha sido tan mala, ¿por qué sugirió transferir a privados la gestión de determinados servicios de los hospitales públicos?
—Eso se interpretó mal. Me he opuesto radicalmente a que en estos momentos en los que todavía tenemos hospitales débiles, que no han conseguido descentralizarse, que recién empiezan balbuceantes a caminar hacia la autogestión, éstos hagan contratos en desigualdad de condiciones con fuerzas de la salud que son poderosas. Le acabo de decir al nuevo presidente de la Federación Médica del Interior que me parece muy bien que nuestros hospitales en su momento se complementen, coordinen y tengan un trabajo conjunto con el resto de la comunidad, en la que incluyo a las instituciones del interior. Pero no puedo permitir por ahora entregar la gestión total de instituciones débiles.
—Pero sí se refirió a firmar convenios para la gestión de un servicio específico de un hospital...
—Yo creo que cuando se logre tener hospitales descentralizados, se podría contratar profesionales para su gestión, que pueden ser los del propio equipo del hospital u otros. Se podrían hacer llamados de precalificación de equipos de gestión de hospitales públicos que quieran gestionar en el interior, pero debe ocurrir en su momento, cuando éstos hayan aprendido a manejar su presupuesto y sus recursos humanos. Nos faltan años todavía. Aun así tenemos hospitales públicos hoy que se gerencian mucho mejor que algunas instituciones privadas de Montevideo.
—¿Qué pasó con el abultado número de asesores o funcionarios contratados por el régimen de Comisión de Apoyo, que no ocupaban cargos asistenciales, y que el ministerio se comprometió a revisar?
—Este ministro tiene dos secretarias y ningún asesor. Por lo tanto, le digo que el tema de la Comisión de Apoyo también es de mi preocupación y le estamos hincando el diente.
—¿Cuántos cargos se redujeron?
—Unos cuantos. Los suficientes como para decir que estoy ahorrando alrededor de $ 400 mil mensuales, en 90 días de gestión.
Aborto: "el Parlamento resolverá"
—¿Le causaron algún problema sus declaraciones sobre el aborto?
—No, ninguno.
—Pero su mensaje fue contundente. Los que escucharon concordaron en que se pronunció a favor de su despenalización.
—La gente interpreta. Es un tema político que el Parlamento tendrá que resolver.
—¿Pero usted personalmente está a favor de la legalización?
—Lo mío es salvar vidas. Yo soy médico. Y me duele tanto la vida de los niños que mueren como la de las madres. Ese es mi tema, la muerte de la gente, que tengo evitar.
—¿Cuál cree que es el mejor camino para evitar esas muertes?
—Es un tema filosófico que tiene que resolver el Parlamento y no soy yo quien tiene que decir cómo lo debe resolver, sino el país.
—Hay una normativa presentada por las cátedras de ginecotología del Pereira Rossell destinada a asesorar a las madres antes y después de un aborto y minimizar los riesgos. ¿Qué le parece?
—Me ha parecido muy interesante. La estoy estudiando y podría aplicarse.
"Acá se terminó el carnaval"
—Recientemente usted afirmó que Cima estaba destrozada por dentro, ¿a qué se refiere?
—Todos sabemos que Cima está con dificultades enormes, pero está viva. Hay empresas que les va mal, porque el entorno se les volvió distinto y no tuvieron la previsión necesaria, porque apareció un competidor más fuerte que les bajó los precios o porque aparecieron factores externos.
Pero otras se destruyen desde adentro. Sus propios directivos se las comen por mala gestión. Ahí está la responsabilidad fenomenal que le cabe a los que dirigen a las instituciones, que deberían portarse con ellas como buenos padres de familia. Eso dice el estatuto-tipo al cual se reconvirtieron y que esperemos que todas las instituciones lo adopten. No es posible manejar irresponsablemente estos volúmenes de dinero, que no son de ellas. El ministerio va a estar vigilante frente a esas empresas que no hacen lo que se debe, va a cerrar a las que no cumplan, va a actuar. Se terminó el carnaval.
—Hay tres funcionarios de Cima realizando una huelga de hambre. Su gremio reclama una intervención del MSP como se hizo en el caso de Casa de Galicia.
—Soy contrario de que el ministerio agarre sobre sí la responsabilidad de una institución que fundieron otros. El ministerio gestionando instituciones privadas no es buena cosa y aquí hay un convenio entre los dueños de la institución y los trabajadores. Ese convenio necesita un mes y al mes lo valoraremos. Sólo si viéramos que la asistencia se deteriora es que el ministerio intervendría para cerrar definitivamente la empresa.