En Brasil cae el salario, el desempleo alcanza su mayor nivel desde 1985 (20,6% de la población activa en la ciudad más grande, San Pablo) y por si fuera poco, la coalición de izquierda que gobierna, planea rebajar las jubilaciones. Pero las organizaciones "gremiales" se mantienen a la expectativa, y juegan con mano de seda, a favor de Lula.
Tener a un antiguo compañero sindical como presidente del país, al frente de un partido que se llama "de los Trabajadores", significa necesariamente un gran número de sindicalistas ocupando puestos clave. Distribuidos entre los ministerios y el Palacio presidencial, en Brasilia, existen 66 ex dirigentes sindicales: nueve ministros, tres secretarios de Estado y al menos otros 53 dirigentes obreros ocupan puestos de decisión; para no mencionar, desde luego, al Primer Mandatario.
En algunos ministerios, como el de Trabajo o el de Salud, los dirigentes sindicales son franca mayoría, en puestos clave. Sus dos titulares traen en su biografía largos servicios prestados al gremio de su oficio. Si a ese número fuesen agregados los sindicalistas que ocupan presidencias y direcciones estatales y representaciones federales en los Estados, se llegaría a una organización muy parecida a una verdadera república sindicalista.
En la empresa estatal del petróleo, Petrobrás por ejemplo, el nuevo Presidente es un ex sindicalista. La tercera mayor compañía de América Latina pasó, a lo largo de los últimos cuatro años, por una radical reestructuración, cuyo objetivo ha sido transformarla en más competitiva y rentable. Una operación delicada y compleja. Dos experimentados economistas fueron los antecesores del actual José Eduardo Dutra, ex senador por el Partido Trabalhista.
Pero nadie piense en la teoría del despojo; Brasil es Brasil. De cada 10 puestos con poder de decisión en la estructura del Gobierno brasileño, tres siguen ocupados por integrantes de la Administración anterior. Hay focos que tienen características insólitas: en el Ministerio de Hacienda, por ejemplo, de los 254 puestos considerados de importancia, 159 siguen en manos de los mismos ocupantes heredados del Gobierno del presidente anterior, Fernando Henrique Cardoso.