Magdalena Herrera
La mujer de negro aterriza en Uruguay con muy buenas credenciales. En Londres, donde se estrenó originalmente, estuvo 16 años en cartel y recibió inmejorables críticas. "Un atractivo relato de misterio inscripto en un género que no es muy habitual en los escenarios, el del terror psicológico", se escribió en las páginas del diario The Times.
En realidad, la obra le fue enviada al actor y director Agustín Maggi, pero él pensó en Gabriela Iribarren para su dirección y se la ofreció. "Es una obra donde el trabajo radica básicamente en la dirección de actores, área que estudié mucho y en la que me he especializado. Justamente para debutar quería una pieza que me permitiera ese trabajo con el actor. Pero además La mujer de negro me interesó especialmente porque funciona como un gran entretenimiento, es una obra de terror y no se ha hecho algo así en este país. Y en segundo lugar, porque está planteada como un juego teatral y un trabajo con la imaginación. Se producen efectos de luces y sonidos, pero lo fundamental está en el desempeño de los actores. Son ellos los que crean la magia y la ilusión con herramientas muy austeras y sobrias. Me gusta mucho ese teatro", explica Iribarren.
La mujer de negro se basa en la novela The woman in black de la inglesa Susan Hill, con una original adaptación teatral de Stephen Mallatrat. "No son tantas las historias de fantasmas representadas sobre un escenario, y por mi parte disfruté realizando la adaptación. Espero que ustedes también disfruten viéndola", escribió el autor a propósito de la versión londinense. En la puesta en escena montevideana, Gabriela Iribarren encontró que justamente Agustín Maggi cumplía con las condiciones para interpretar a la perfección a uno de los protagonistas, a Alan Kipps. "Luego elegí a Alvaro Armand Ugon porque lo encontré perfecto para el papel de John Morris".
La mujer de negro es, según la directora, una suerte de homenaje al género del terror. Se trata de una historia inglesa de principios de 1900, que se centra en un abogado que sufre una tragedia en una casona y queda preso de un maleficio. Torturado por el episodio, treinta años después decide escribir esa historia en formato de novela y contratar a un actor joven para que se la represente. De esa manera puede narrar su tragedia ante familiares y amigos, y exorcizar su maleficio. "Allí comienza el juego teatral, con un viaje hacia el pasado. No se trata de algo sórdido o macabro, sino de suspenso y terror propios del género. Es un espectáculo muy mágico, que apela mucho a la imaginación del espectador y que está dirigido a toda la familia", explica la actriz y directora.
DEBUT. Con La mujer de negro, Gabriela Iribarren prueba su talento del otro lado del mostrador, luego de haber trabajado para prácticamente todos los directores del medio. "He trabajado con gente impresionante y de maneras muy diferentes. Desde este lugar logro comprender muchas cosas que como actriz no podía porque estaba ocupada en sacar un personaje adelante. Eso me ha abierto mucho la cabeza".
Referencias no le faltan a la debutante. "Aparte de haber sido mi maestro y mi primer director, Eduardo Schinca me marcó mucho porque justamente trabajaba la dirección desde todos los aspectos, el contexto histórico, el estético y todas las áreas que componen una pieza. Tuve muy presente su manera de trabajar cuando tomé La mujer de negro. Asimismo, Carlos Aguilera me parece un director de actores impresionante, muy fino, y también de él me aparecieron ciertas cosas a la hora de dirigir. Por otra parte, esa cosa matemática, prolija y limpia de las puestas de Curi han influido en mi a la hora de presentar esta obra. No puedo olvidarme de Mario Ferreira porque su propuesta, en cuanto a la naturalidad y organicidad del trabajo, es un referente para mi, así como su relacionamiento con los actores, cosa que experimenté personalmente. Ellos han sido quienes han influido en mi en cuanto a mi tarea en La mujer de negro, pero en Uruguay tenemos directores muy valiosos como por ejemplo Alvaro Ahunchain".
"Me apasiona mi trabajo"
Gabriela Iribarren incursiona en la dirección, pero continuará desarrollando su carrera como actriz de teatro y de televisión, así como la de docente. "No sé si seguiré dirigiendo, aún no lo sé. En lo actoral continúo con funciones de La sangre en el Mincho Bar, y para setiembre seré parte del elenco de una obra basada en el caso de Elena Quinteros, la maestra desaparecida en 1976. En noviembre, también estreno Medea en Manhattan, una versión de la tragedia Medea escrita por una autora alemana que irá en el Castillo Pittamiglio. Por supuesto que continuaré todo el año en televisión, en Constructores".
—¿Qué le dio la televisión que no le había dado el teatro hasta ahora?
—La posibilidad de llegar con un personaje a un público masivo, y eso es muy importante para los actores. Valoro mucho la televisión como medio, y creo que las producciones nacionales han ido mejorando considerablemente. El teatro no deja de ser restringido a un público que tiene el hábito de ir y que puede pagar la entrada.
—¿Sintió alguna vez prejuicios de trabajar en televisión?
—No, nunca. De la actividad actoral me gusta todo. He hecho teatro comercial, musicales, clásico, carnaval, televisión. Disfruto con cada uno de estos géneros, además de haber aprendido mucho con todos ellos. Además, soy una profesional y vivo de mi trabajo. Quizás ello me ha obligado a incursionar en lugares que de otra manera tal vez no hubiera incursionado. Fui parte de Debajo de las polleras que fue un éxito comercial de cuatro años, que también se convirtió en un fenómeno masivo. No tengo ningún prejuicio. Yo trabajo porque me apasiona lo que hago.
HORARIOS La mujer de negro se estrenó ayer en el Teatro Victoria (Río Negro y Mercedes, tel. 9019971), y va viernes y sábados a las 23 y domingos a las 21. Las localidades cuestan $ 100, y viernes y domingos se realizan descuentos con Tarjeta Joven, socios de Cinemateca y Jubilados ($ 75).
AUTOR La obra se basa en la novela "The Woman in Black" de Susan Hill, con una interesante adaptación teatral de Stephen Mallatrat.
ACTORES Agustín Maggi interpreta a Alan Kipps, y Alvaro Armand Ugon encarna a John Morris, bajo la batuta de Gabriela Iribarren.
STAFF La producción general es de Artes & Oficios, la escenografía de Sebastián Santana y Marcelo Carrizo, la iluminación de Federico Delgado y Ruben Vieira, el vestuario de Mercedes Willat y la iluminación de Alfredo Leirós y Antonio Calvo.