Colaborador del presidente brasileño ha llevado una vida colorida

| Su pasado incluye períodos como aprendiz de guerrillero, agente clandestino con una identidad fabricada, y prominente prisionero político

El secretario de la presidencia de Luiz Inácio Lula da Silva ha estado tan cerca de él por tanto tiempo, fungiendo como su alter ego y ejecutor, que en ocasiones le llaman la Sombra de Lula.

Mucho ha pasado a lo largo del ascenso del presidente de adolescente campesino a obrero, líder laboral y ahora jefe de Estado, pero el camino al poder de su colaborador, José Dirceu de Oliveira e Silva, quizá ha sido aún más improbable.

Como secretario de la presidencia, Dirceu es generalmente considerado como el segundo hombre más poderoso de Brasil, el país más grande de Latinoamérica. Pero su pasado también incluye períodos como aprendiz de guerrillero, agente clandestino con una identidad fabricada, y un prisionero político tan prominente que fue intercambiado por un embajador estadounidense secuestrado.

Dirceu, de 56 años, líder del izquierdista Partido de los Trabajadores, declinó ser entrevistado. "Un secretario de la presidencia debe mantener un perfil discreto", dijo en enero al asumir el cargo.

Pero en sólo unos meses se ha convertido en un personaje familiar e indispensable para los embajadores, ejecutivos de negocios, legisladores, cabilderos, alcaldes y otros solicitantes que regularmente llegan a tocar a su puerta.

"Es el hombre que controla la maquinaria, lo cual significa asignaciones y designaciones", dijo David Fleischer, editor de Brazil Focus, un boletín político aquí.

Pero su poder también ha sido realzado por el estilo de gobernar de Da Silva.

En contraste con su predecesor, Fernando Henrique Cardoso, "que quería ser ministro de todo", pero muy similar a Ronald Reagan, a Da Silva "le gusta hablar sobre los grandes temas, movilizar a la gente, en vez de involucrarse en minucias", dijo Alexandre Barros, analista político aquí.

"Con eso, Dirceu ha asumido el papel del coordinador político y portero del gobierno", continuó Barros. "Todo pasa a través de él actualmente".

Como el presidente, Dirceu puede preciarse de tener un acento poco refinado y orígenes modestos. "Mi padre trabajó 47 años y se retiró sin poseer su propia casa", dijo en su discurso de toma de posesión del cargo.

Dejó su casa a los 14 años para trabajar como ayudante de oficina en una estación televisiva en San Pablo, y logró ingresar a la universidad cinco años después.

Como la mayoría de los estudiantes de su generación, se oponía a la dictadura militar derechista que tomó el poder aquí en 1964, y pronto llevaba una doble vida como estudiante de derecho y miembro de una célula del Partido Comunista Brasileño. En octubre de 1968, cuando era candidato para presidente de la Unión Nacional de Estudiantes, fue arrestado por la policía política del gobierno, que irrumpió en la conferencia del grupo.

Al año siguiente, Dirceu estuvo entre un grupo intercambiado por el embajador de Estados Unidos, Charles Burke Elbrick, cuyo secuestro en Rio de Janeiro fue posteriormente tema de la película "Cuatro Días de Setiembre". Dirceu terminó en Cuba, donde pasó casi cinco años, recibió adiestramiento guerrillero y se sometió a cirugía plástica para cambiar sus rasgos antes de regresar clandestinamente a Brasil.

Como aún había órdenes de aprehensión en su contra y fue privado de su ciudadanía brasileña, adoptó la identidad de un hombre de negocios judío, estableciéndose en el estado sureño de Parana. Abrió una tienda de ropa para caballeros, se casó y se convirtió en padre de un niño, pero mantuvo su distancia de la política, según personas que lo conocieron entonces.

"Soy brasileño por elección", dijo Dirceu en una entrevista con el periódico "Folha de Sao Paulo".

"Fui privado de mis derechos políticos y deportado; regresé y puse mi vida en riesgo para vivir en mi país porque no podía vivir fuera".

Cuando fue declarada una amnistía política en 1979, Dirceu reclamó su identidad real y regresó a La Habana para someterse a otra cirugía plástica para recuperar sus rasgos. Terminó la carrera de derecho, ayudó a fundar el Partido de los Trabajadores junto con Da Silva y para 1987 había sido nombrado secretario general del partido.

En ese papel, y posteriormente como presidente del partido, Dirceu estuvo al lado de Da Silva durante tres infructuosas campañas para la presidencia.

Considerado moderado, Dirceu fue instrumental en alejar al Partido de los Trabajadores de las posiciones socialistas rígidamente doctrinarias después de su derrota en 1998 y en forjar las alianzas políticas y la imagen más moderada que condujo a la victoria del año pasado.

© "The New York Times"

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