Lo que está sucediendo con el canal Martín García es un ejemplo clásico de "Uruguay, el país que vive de espaldas al mar". El canal o, en realidad el sistema de siete canales, es un ambicioso proyecto conjunto de nuestro país y la República Argentina, ejecutado a través de la Comisión Administradora del Río de la Plata. Ofrece un nexo directo entre el canal principal de navegación del Río de la Plata y el canal de navegación en el río Uruguay. Todo ello a una profundidad de 32 pies (aproximadamente diez metros). De esta manera se facilita el acceso a Nueva Palmira y los puertos fluviales del Litoral uruguayo a buques de carga tipo Panamax, que son los más utilizados para el transporte de las exportaciones de productos primarios de nuestra región. Incluyendo entre otras mercaderías a los embarques de madera, los cuales, como todos sabemos, habrán de incrementarse rápidamente en el futuro cercano.
Las principales exportaciones de nuestro país incluyen productos agrícolas cuyos precios son establecidos en mercados internacionales, sobre los cuales tenemos poca o ninguna influencia. Estas cargas tienen valores relativamente bajos, lo que las hace muy sensibles al costo del transporte. Las ineficiencias en la operación naviera, incluyendo la poca profundidad en los canales de navegación, inmediatamente causa un aumento en los fletes marítimos, los que deberán ser absorbidos por el exportador nacional. No es exagerado sostener que la rentabilidad de muchos de los productores uruguayos depende del acceso a servicios de transporte marítimo eficientes con precios comparables a los que tienen sus competidores en otros países. Los canales profundos, bien diseñados y confiables realizan un aporte fundamental al desarrollo económico de nuestro país. De muchas formas.
Sorprende el retraso de nuestro país en el pago de lo que se le debe a la empresa encargada del dragado del canal Martín García. Es increíble que se pongan en peligro, de esta forma, intereses económicos y políticos de carácter tan central.
Deberíamos repetirnos constantemente que al mundo, realmente, no le importa mucho el Uruguay. En cambio, a nosotros sí tendrían que importarnos mucho nuestros vínculos con el mundo, porque de ellos depende nuestra supervivencia. Es de fundamental importancia proteger la inversión realizada en el Canal y continuar desarrollándolo, para ajustarlo a las necesidades de los exportadores de bienes y servicios uruguayos.