Eduardo Roland
El guitarrista y compositor uruguayo Sergio Fernández (Montevideo, 1962) ha sido galardonado con el primer premio del Concurso Internacional de Composición Musical "Isla de la Gomera", que convoca cada dos años el Centro Canario de Música Iberoamericana en la ciudad de San Sebastián, capital de la mencionada isla del archipiélago canario.
Su composición Movimiento concertante (para guitarra y orquesta de cuerdas) fue seleccionada entre medio centenar de obras procedentes de doce países, por un jurado integrado por el compositor Juan José Falcón Sanabria, el experto en composiciones corales Emilio Cohelo Cabrera y el director artístico del Centro Canario, Roberto Túbaro. Además de los 7.000 dólares previstos, el premio incluye el estreno de la pieza en noviembre próximo por la Orquesta de Cámara Garajonay, en el Auditorio Infanta Cristina de la capital de la isla Gomera.
Pero tal vez lo más relevante, más allá del premio en sí, sea el camino que puede abrirse para este muy buen guitarrista uruguayo, en su doble condición de autor e instrumentista, ya que haber ganado este concurso oficia como un llamado de atención sobre su persona en el ambiente guitarrístico y de la música erudita europea. Porque las reglas de juego son así, un concurso convocado en una capital de una pequeña isla oceánica (pero perteneciente a la Comunidad Europea) tiene más fuerza que uno realizado en Montevideo, ciudad con tradición y cultura guitarrísticas si las hay. De hecho, la pieza ganadora ha sido elegida también para ser presentada también en París, por la Ochestre Sinfoniette, con el propio compositor como solista.
Entre los argumentos que esgrimió el jurado para señalar la pieza de Fernández como ganadora está el de poseer "nervio y modernidad", en palabras de Falcón Sanabria, quien explicó que "en un concurso de este tipo, el trabajo debe dar un salto cualitativo hacia la obra de arte". Es decir, no basta con que la obra esté "bien construida", debe haber algo más que técnica.
BAGAJE. Sergio Fernández no es un novato en materia de composición, desde que comenzara con sus estudios de guitarra a los 16 años, se interesó naturalmente por la creación musical, tratando de cultivarla a la usanza "culta", esto es pautando los sonidos de manera escrita y siguiendo ciertas reglas preconcebidas por la academia. Sin embargo, la familiaridad con la música popular y la improvisación jazzística ha sido y sigue siendo una constante en el universo sonoro de este músico que en buena medida escapa a posibles encasillamientos.
Aunque hoy es conocido en nuestro medio sobretodo como guitarrista, Fernández comenzó estudiando piano a los nueve años (instrumento que maneja a gusto), y además, hace dos años egresó de la Escuela Municipal de Música como Director Orquestal, aspecto que ensancha su ya importante bagaje musical.
El próximo estreno de la obra ganadora (en San Sebastián y París) marcará un segundo e importante paso en la carrera de Fernández como compositor: el primero fue cuando en la temporada pasada una obra suya (también llamada Sinfonía concertante, aunque diferente) fuera estrenada por la Filarmónica de Montevideo bajo la batuta de Federico García Vigil.
Respecto a esta "segunda" Sinfonía concertante, el compositor —en diálogo con El País— afirmó que a su criterio lo más destacado era "el trabajo tímbrico de las cuerdas" (los colores) y las "pinceladas de algunos toques de tambor" afrouruguayo, que aportan a la pieza cierto aire rioplatense. Seguramente pronto tendremos oportunidad de escuchar este Movimiento concertante (unos 15 minutos de duración) en algún ciclo local de conciertos sinfónicos.