"Es por lejos lo más duro que he hecho", confiesa Bruce Willis, en referencia al rodaje de Lágrimas del sol que el próximo viernes se estrena en Montevideo. Hacía cinco años que el actor trabajaba sobre el proyecto que le permitiría salir de la posición tradicional de estrella, aunque la historia traza una línea de acción más o menos conocida: un militar de operaciones especiales (Willis) debe rescatar a una doctora (Monica Bellucci) perdida en la selva nigeriana, tras el quiebre del sistema democrático en el país africano.
Las intenciones son bastante explícitas. "Pretende ser una historia contemporánea", sostiene el productor Ian Bryce, "en este caso, acerca de las revueltas que han afectado ciertas regiones de Africa en los pasados treinta años. Las guerras civiles, la limpieza étnica y otras atrocidades rara vez obtienen cobertura noticiosa aquí en el Occidente, porque los periodistas están a menudo entre las primeras víctimas de estos conflictos". Y a ello el director Antoine Fuqua, el de Día de entrenamiento, agrega: "yo quería hacer una película que de hecho mostrara que hay hombres y mujeres en el ejército que, mientras nosotros nos tomamos nuestro café de la mañana, están peleando y a veces muriendo, y ni siquiera conocemos sus nombres".
¿MALDICIONES?. Pero concretar este homenaje a los héroes anónimos no fue nada fácil. El grueso de la filmación se realizó en Hawaii, aunque no precisamente en sus playas, sino en una selva donde buena parte del elenco debió arrastrarse durante cuatro meses.
El costo físico fue una anécdota menor respecto a las tres muertes que ocurrieron durante el rodaje de Lágrimas del sol. La primera fue la del actor Kevin Smith, accidentado en Pekín. La segunda fue la de Michael Barber, un especialista en salto aéreo que debía dejarse caer junto a otros siete compañeros sobre Pismo Beach en Los Angeles, pero desoyó las instrucciones de liberar el paracaídas a los seis mil pies y lo hizo a los tres mil quinientos: terminó a trescientos metros de la costa, en aguas embravecidas que lo arrastraron y devolvieron su cuerpo a casi cuatro kilómetros del lugar de rodaje.
La tercera en realidad fue un suicidio, el de otro especialista en acciones aéreas, quien se integró a Lágrimas... luego de participar en la secuela de El Hombre Araña. Le había dicho a su compañero de trabajos en la película que si "todas fueran como ésta, no haré ninguna más".
DOBLECES. El personaje del militar de conducta bastante conflictiva atraía a Willis de una manera muy especial. Se trata de un individuo mecanizado por su profesión sino una persona capaz de explotar ciertas contradicciones en su interior, las que no siempre lo conducen a respetar las reglas de sus mayores. Sobre esa mentalidad opera no solamente el rescate de la doctora sino el temperamento de esa mujer interpretada por la Bellucci, marcada por un pensamiento liberal y humanista no siempre dispuesto a aceptar las reglas del juego. No es imprevisible que del choque de mentalidades termine emergiendo un vínculo afectivo más estrecho entre los protagonistas.
"La historia de amor en realidad tiene que ver, ante todo, con el amor de Lena por el pueblo africano y después con el corazón sombrío de su personaje que cambia y encuentra la esperanza", afirma Willis. "Kurosawa ha ejercido una fuerte influencia en mí y me recuerda un poco Los siete samurais: la misma idea de que los fuertes se aprovechan de los débiles, y a menos que fuerzas externas vengan en ayuda, siempre será así: podría ser el Congo, Sierra Leona, Ruanda, cualquiera de esos lugares. Arrasan con toda esperanza, y eso es lo aterrador. Ver desaparecer la esperanza y los sueños y la posibilidad de que Africa llegue a ser alguna vez lo que puede ser: un continente íntegro. ¿Y dónde termina este derramamiento de sangre?".
Las pausas reflexivas son las que atrajeron al actor, un tanto harto de la serie Duro de matar. Ha pretendido darse un tiempo antes de asumir este personaje, tras su ruptura con Demi Moore. "Me tomé un año libre después de Hart’s War, pasé tiempo en Idaho llevando los chicos al colegio y viviendo mi vida como papá. Realmente es una suerte que con Demi sigamos siendo grandes amigos. Educamos a los niños juntos". También ese tiempo para sí mismo lo utilizó para tomar distancia sobre la muerte de su hermano menor, por cáncer de pancreas, y pensar en su propio futuro. "A veces me siento muy solo, pero ese momento pasa y me doy cuenta de que el hecho de estar solo no significa que tenga que salir corriendo a buscar una chica. Supongo que todavía estoy buscando eso que aún no encontré", confesaba a la revista Premiere. "No sé necesariamente si lo que estoy buscando es la mujer indicada", concluía. Y aunque ha tratado de liberarse del seriado Duro de matar, tampoco está muy seguro de que no vuelva a interpretar al detective John McClane, como lo dijo en 1995. Sobre todo cuando se le ofrece un pago de más de veinte millones de dólares por trabajar en un film.
La bella europea entre gigantes estadounidenses
La coincidencia en cartelera de Matrix recargado y de Lágrimas del sol permiten comparar dos trabajos muy distintos de la actriz italiana Monica Bellucci. Aunque no lo quiera decir, en su caso la belleza llegó primero que el talento artístico, sobre todo por la difusión mundial conseguida a través de Malena, película de Giuseppe Tornatore con pretensiones creativas muy frustradas pero donde la Bellucci lucía todo su esplendor físico no solo para encandilar a los muchachitos que la veían pasar por las calles de un pueblo italiano. En realidad, los pasajes por las pasarelas de la moda fueron los que le permitieron estudiar actuación, una vocación que cultivó desde muy pequeña, en su pueblo de Citta di Castello, admirando a Sophia Loren, Anna Magnani, a Gina Lollobrigida y a Claudia Cardinale.
Su condición europea la mantiene aferrada a sus orígenes, por más que ya en 1992 tuvo su primer papel en una producción estadounidense (el Drácula de Francis Ford Coppola). Ha estado saltando el Atlántico para filmar Pacto de lobos, Irreversible, Asterix y Obelix: misión Cleopatra, Bajo sospecha, Malena y tras ser convocada para Matrix, fue elegida personalmente por Bruce Willis para hacer Lágrimas del sol. En una entrevista publicada por Clarín también había dejado en claro: "soy europea, no soy norteamericana".
El tener al lado primero a Keanu Reeves y luego a Willis, sirvió para que buena parte de la prensa "del corazón" sostuviera que ellos habían sido las dos razones verdaderas de su separación del actor galo Vincent Cassel. Ella obviamente lo desmintió y se limitó a comentar las virtudes de los supuestamente implicados en su vida afectiva: "Son dos personas muy encantadoras, si bien son totalmente diferentes entre sí. Keanu es muy callado pero también muy sensible. Y a Bruce lo estimo mucho, porque puede pasar de una película de acción pura a algo más sutil como Sexto sentido", le comentó al periodista argentino Diego Lerer en la aludida entrevista. De lo que no cabe dudas es del momento especialmente brillante que vive y que fuera debidamente reafirmado cuando la nombraron maestra de ceremonias en el reciente festival de Cannes.