Evián - El presidente de Francia Jaques Chirac mantuvo hoy un encuentro con su colega, el presidente de los EEUU George Bush, en el que fue el primer encuentro entre ambos líderes desde la guerra contra Irak, cuando Francia enfrentó la decisión de Washington y las relaciones quedaron virtualmente congeladas.
La breve cita de Chirac y Bush tuvo lugar al margen de la cumbre del G-8, grupo del que participan las 7 mayores potencias económicas mundiales y Rusia. La reunión ocurre en Francia, en la pequeña villa alpina de Evian.
Al finalizar el coloquio Chirac auguró éxitos a Bush en su gira por Medio Oriente donde impulsará el plan de paz patrocinado por su país, la Unión Europea, la ONU y Rusia.
El reencuentro de Chirac y Bush había tenido un preámbulo ayer cuando ambos estrecharon sus manos al dar inicio las sesiones del G8.
Ese apretón de manos fue sólo un paso (importante, por cierto) hacia el deshielo después de semanas de frialdad, pero aún insuficiente para concluir con las diferencias profundas entre Francia y Estados Unidos.
Ayer ambos líderes hicieron lo que debían y obligaba el protocolo: se encontraron, se saludaron y fijaron hoy 20 minutos y comenzaron a edificar un clima más constructivo sobre los escombros diplomáticos de la crisis.
Pero no pudieron o tal vez no quisieron hacer más: Bush estará en Evian 26 horas en lugar de los tres días que durará la cumbre y prefirió viajar a Medio Oriente para tratar el difícil asunto de la paz entre israelíes y palestinos.
Chirac, en cambio, quiere mirar al futuro y no al pasado: la reconstrucción de Irak y no la guerra contra Saddam Hussein, pero repite también que aquella fue una guerra injusta y fuera de las reglas internacionales.
Sin embargo, la de Evian es la primera gran cita después de la guerra en Irak y la ocasión justa para individualizar el camino a seguir y enfrentar los grandes desafíos del nuevo milenio: la paz en Medio oriente, la lucha contra el terrorismo internacional, la cooperación con los países emergentes, la ayuda a los países más pobres, la lucha contra el sida, la malaria y otras enfermedades endémicas y la crisis económica global.
Para dar respuestas eficaces a estos problemas existe la necesidad de unidad de parte de los Ocho grandes, en cambio en Evian no se respira un aire de colaboración plena.
El sistema del G8 parece en crisis así como lo están algunas grandes instituciones internacionales como la OTAN y la ONU, en parte vaciadas de sus objetivos y roles por los cambios operados en estos años.
La presencia de Bush, aunque reducida, es una señal importante.
El presidente del Consejo italiano de Ministros Silvio Berlusconi explicó que su impresión era que en el plano personal las diferencias entre Bush y Chirac se han superado pero que perduran aún visiones diversas sobre la política exterior. Y los rostros de Bush y Chirac lo confirmaron.
Precisamente no es de esto que el G8 y la comunidad internacional tienen necesidad para poder responder a sus doce invitados africanos, asiáticos y latinoamericanos y a tantos pobres del mundo a los que los Grandes, desde la orilla del lago Lemán, quieren y deben dirigirse. ANSA