Las aventuras pasadas por agua

| El film narra el viaje de un padre en busca de su hijo, atrapado por buzos y destinado a una pecera

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Fabián Muro

La nueva película de los estudios de animación Pixar se sumerge en las profundidades del océano para narrar las aventuras de Marlín, un pez payaso que abandona la relativa seguridad del arrecife en el que vive para reencontrar a su hijo, Nemo. El film se estrenó ayer en Estados Unidos y llegará a Montevideo el próximo 27 de junio, como para ir precalentando las salas antes de que se desate el torrente de público infantil durante las vacaciones de julio.

Todo comienza con un acto de desobediencia. Nemo desafía las órdenes de su padre y nada más allá del límite del arrecife. En su temeraria incursión, sufre la desgracia de ser atrapado por la red de unos buzos. Marlín, el padre, mira impotente mientras el bote se aleja, llevándose a su hijo, quien termina en la pecera del consultorio de un dentista.

Para reencontrarse con Nemo, Marlín emprende el viaje a través del Océano Pacífico para llegar a las costas de Sidney y recuperarlo. En su camino a través de las aguas, Marlín se hace de una compañera: Dory, una pez cirujano. Esta sufre de problemas de memoria, por lo que se olvida de casi todo lo ocurrido con algunos minutos de anterioridad. Ambos se convierten en aliados en la búsqueda de Nemo y en la trayectoria subacuática se toparán con tiburones de dientes afilados, ballenas que se tragan todo en su camino, medusas, tortugas marinas en proceso de migración y hasta hambrientas gaviotas que se zambullen en las aguas en busca de pez fresco para comer. A su vez, Nemo busca la manera de escaparse de la pecera en la que se encuentra aunque en la misma haya desarrollado amistad con los restantes habitantes.

AUGE. Detrás de esta nueva aventura está el equipo habitual de los estudios Pixar, una empresa asociada a Disney pero independiente de ella en lo creativo: Andrew Stanton, Lee Unkrich, Bob Peterson y, por supuesto, John Lasseter, responsables de películas como Bichos, Toy Story (1 y 2) y Monsters Inc.. En este caso, Lasseter se baja de la silla de director que lució en Bichos y las dos Toy story y ocupa el lugar del productor ejecutivo, dejando la dirección en manos de Unkrich y Stanton (este último también figura como co-guionista de Buscando a Nemo junto a Robert Peterson y David Reynolds).

A nadie le escapa que el cine de animación ha vivido un auge durante los últimos años. La consecuencia más notoria de este auge fue que se instauró, hace dos años, la categoría Mejor Película Animada entre las que reciben anualmente el premio Oscar. El aporte de Pixar para ese repunte no se puede subestimar. Es cierto que varias superproducciones de Disney como El rey león y La bella y la bestia pueden atribuirse parte del mérito, pero Pixar marcó un nuevo terreno gracias a dos elementos. Por un lado, la excelencia tecnológica de la empresa, que apuesta a la animación por computadora. Por el otro, una manera de tratar la historia para que pueda ser apreciada tanto por los más chicos como los adultos. Esto último no constituye ninguna novedad. Hace mucho tiempo que Disney sostiene que sus películas animadas son "para toda la familia".

Sin embargo, el equipo creativo de Pixar ha logrado en mayor medida integrar públicos de distintas edades. Para ello han empleado diversos métodos, desde un remake de Los siete samurais en Bichos hasta un sinnúmero de citas cinéfilas en Toy story 2 (en la cual hay referencias a La ventana indiscreta, La guerra de las galaxias y Jurassic Park, entre muchas otras). Eso ha impulsado también a la competencia, que hoy está claramente identificada. En primer lugar los estudios Dreamworks, responsables de títulos como Hormiguitaz y Shrek, también animados por computadora. Por el otro, Aardvark Animation, empresa fundada por el animador inglés Nick Park, el creador de los personajes Wallace y Gromit, quien en 1994 ganara un Oscar por uno de los cortometrajes con estos seres (The wrong trousers). Park, que emplea múltiples técnicas de animación, obtuvo éxito de crítica y público con Pollitos en fuga y prepara actualmente un nuevo título de Wallace y Gromit.

Animación oriental

Cuando se anunció el premio Oscar para Mejor Película Animada en marzo pasado, muchos quedaron un tanto sorprendidos. Por encima de grandes éxitos de taquilla como La era del hielo venció la película japonesa El viaje de Chihiro, dirigida por Hayao Miyazaki y que puede ser estrenada en Montevideo.

La película, que ya había ganado el Oso de Oro de Berlín, narra la historia de Chihiro, una niña de diez años que pierde a sus padres en extrañas cirscuntancias. Cuando empieza la película, la familia de Chihiro se dirige a su nuevo hogar en los suburbios. Un alto en el camino los lleva a un restaurante al aire libre sin empleados. Los padres de Chihiro se sientan a comer, pero la niña sospecha algo. Hacia la noche, los temores de Chihiro se confirman: sus padres se han convertido en cerdos.

Lo que sigue es una exuberante y surrealista demostración de creatividad y colores por parte del director y su equipo y una película que ha cautivado a cuanto espectador la haya visto. Según el director, se trata de "una película para la gente que alguna vez tuvo diez años y para la que los va a cumplir". Hay una fecha tentativa de estreno uruguayo de este elogiadísimo largometraje —producido por, entre otros, John Lasseter— en setiembre, aunque la misma todavía no es muy segura. Pero de algo no hay dudas: su estreno puede adquirir la dimensión de un acontecimiento.

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