Los obispos de las diócesis del estado brasileño de Río de Janeiro formularon un pedido a toda la población carioca para que una esfuerzos contra la violencia, y manifestaron su solidaridad con las víctimas.
En un mensaje redactado en Itaici, una ciudad del interior de Sao Paulo a 100 km de su homónima capital, donde se realiza la 41 Asamblea General de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB, sigla en portugués), los prelados manifestaron "su solidaridad con todas las víctimas de la violencia que se disemina cada vez más en nuestro estado".
Los religiosos resaltaron que "existe un clima generalizado de inseguridad que deja a la población incierta sobre el propio futuro".
Además, los prelados se declararon "perplejos ante las medidas que están siendo tomadas para asegurar a la población el derecho a una vida serena y ordenada".
Los obispos finalizaron su mensaje formulando "un llamado vehemente a los católicos y las personas de otras religiones, a los poderes públicos, para unir sus fuerzas para la construcción de un bien común, pues aspiramos una sociedad nueva sin corrupción, sin violencia y hambre".
Desde setiembre del año pasado, a intervalos cada vez más próximos, bandas de narcotraficantes prenden fuego en autobuses, interrumpen la circulación de vehículos en las principales vías de acceso a la ciudad de Río de Janeiro, y ordenan el cierre de escuelas y comercios, generando una verdadera psicosis en la población.
Una gran parte de esta violencia se debe a la corrupción de un buen número de policías que no arrestan a los delincuentes, sino que los somete a extorsiones.
El domingo, el nuevo secretario de Seguridad Pública del estado de Río de Janeiro, el ex gobernador carioca Anthony Garotinho, anunció "un endurecimiento de la política de combate al crimen".
Desde el inicio del año, 52 policías murieron en enfrentamientos con bandas de narcotraficantes y más de un centenar de delincuentes fueron muertos en los 15 primeros días de la gestión Garotinho, según el periódico O Globo de este lunes. AFP