BASSORA | AP y ANSA
El ayatolá Mohammed Baqir Al Hakim, llamado "el Jomeini" iraquí, regresó ayer al país tras 23 años de exilio en forma triunfal, vivado por miles de personas.
Al Hakim es el más importante líder de la más grande organización chiíta filo iraní Supremo Consejo para la Revolución Islámica en Irak (SCIRI) y ayer llegó a Basora.
El turbante negro que usan los molá descendientes de Mahoma y la barba blanca de Al Hakim, de 63 años, contribuyeron a recordar a otra multitud, esa que el 1º de febrero de 1979 recibió en Teherán al imán Jomeini tras un exilio de 16 años para dar vida y triunfo a la revolución teocrática que derrocó al pro-occidental sha Reza Pavhlevi y cortó relaciones con Washington.
Geográficamente, el viaje del ayatolá iraquí se desarrolla en forma inversa. Jomeini llegó a Irán proveniente de la ciudad santa chiíta de Najaf, en Irak.
Al Hakim, en cambio, desde Teherán, se dirige hacia Najaf, sede de la más importante escuela teológica chiíta donde tiene programado establecerse.
Washington, ante la algarabía popular de los chiítas (60 por ciento de los iraquíes), advirtió a Irán no entrometerse en los asuntos internos, tras la caída de Saddam Hussein, de su vecino, ahora bajo un régimen militar estadounidense.
El SCIRI "no intenta crear un régimen como el de Irán porque Irak tiene características religiosas y sociales distintas", explicó un dirigente del partido político.
REIVINDICACION. Al Hakim, en un discurso ante los miles de partidarios, reivindicó el derecho de los iraquíes a elegir el sistema político que deseen.
"El pueblo, los ulema y los Marajeh (las máximas autoridades religiosas) no quieren interferencias extranjeras en el futuro gobierno de Irak", dijo, aunque sin nombrar a Estados Unidos.
Sin embargo, el ayatolá, que probablemente desempeñará un papel importante en el futuro de Irak, rechazó el extremismo religioso, y también la idea de cualquier gobierno extranjero para conducir a su país.
"Soy un soldado del islam, sirviendo a todo el pueblo iraquí" dijo Al-Hakim a unas 10.000 personas que lo respaldaban en Basora, ciudad del sur del país con mayoría chiíta.
El ayatolá mencionó a los grupos que pretenden compartir el poder de un futuro gobierno, como los sunnitas, los kurdos y los nacionalistas.
"El nuevo gobierno —dijo— deberá ser compuesto por todos los grupos étnicos y religiosos.
La multitud acompañó el discurso con varias consignas: "Sí a Hakim", "Sí a la democracia", "Sí a la independencia", "Sí a las escuelas teológicas", "Si a la unión de sunnitas y chiítas".
Hakim realizó su viaje hasta Basora acompañado por milicianos de la brigada Badr que combatían al régimen de Saddam Hussein.
El responsable regional del SCIRI en Bassora, Sayyed Hussein AL Husseini aseguró que Al Hakim "no aceptará participar de un gobierno. El es un líder espiritual y como tal es más importante que un presidente".
PERSONAJE
Alto, flaco, con pequeños ojos oscuros, voz ronca y tono monocorde, Al Hakim no se parece en nada a su maestro y benefactor, el ayatolá Jomeini.
En los 40 libros que escribió, en su mayoría durante su confortable estadía en Teherán y en la ciudad santa de Qom, Al Hakim profundizo, debatió, ilustró y santificó la doctrina de Jomeini, focalizada en el principio —no del todo compartido por los chiítas— del "velayat-e-Faghi", la supremacía religiosa sobre el gobierno.
Al-Hakim reconoció que 125 miembros de su familia, entre ellos seis de sus hermanos, fueron arrestados por la policía de Saddam y que otros 29 murieron en la cárcel.
Durante la Guerra del Golfo, en 1991, Hakim anunció la insurrección de Bassora y Amara, al sur de Irak. "Los que creen las palabras de los norteamericanos que dicen se pueden encontrar soluciones pacíficas, comenten un grave error: el único camino es la guerra santa", aseguraba entonces.