CRITICA I FABIAN MURO
LA MALDICION DEL ESCORPION DE JADE
Dirección. Woody Allen
Guión. Woody Allen
Diseño de producción. Santo Loquasto
Dirección de fotografía. Zhao Fei
Elenco. Woody Allen, Helen Hunt, Charlize
Theron, Elizabeth Berkley, Dan Aykroyd,
David Ogden Stiers, Wallace Shawn
l Estados Unidos 2001
La trigésimatercera película de Woody Allen es un familiar recorrido por el universo creado por el neoyorquinos. Antes de que empiece la acción, Allen ya ubica al espectador en su mundo: sobre un fondo negro aparecen los títulos en blanco con la misma tipografía de siempre (Windsor), una secuencia acompañada siempre por música jazz, preferentemente de Nueva Orleans y/o del compositor Dick Hyman, con quien el cineasta ha colaborado durante los últimos veinte años.
En La maldición del escorpión de Jade, el director crea una comedia romántica con toques de cine negro ambientada en los cuarenta. El propio Allen interpreta a C.W. Briggs, un investigador de una compañía de seguros que posee un récord difícil de igualar: siempre resuelve los casos. Briggs disfruta de su fama hasta que llega Betty Ann Fitzgerald (Helen Hunt), mano derecha del jefe. Fitzgerald tiene nuevas ideas acerca de cómo debe manejarse una compañía de seguros y éstas atentan contra el estilo intuitivo de Briggs. El conflicto entre ambos deriva en batallas verbales que tienen sus momentos: "No te alteres demasiado. Te podría dar un derrame cerebral y aunque salves la vida podrías pasarte el resto de ella con medio cuerpo paralizado", le dice ella a él, con la mayor dulzura posible.
DIALOGOS. En uno de los pocas treguas, acuden a un restaurante para celebrar el cumpleaños de un colega. Ahí, son elegidos por un prestidigitador que usa un amuleto en forma de escorpión para una demostración de los poderes de la hipnosis. Cuando ambos entran en trance, el hipnotizador los hace declararse un profundo y mutuo amor, para el deleite del público. Pero la sesión de hipnosis tiene efectos más duraderos y el mago se aprovechará de ello para enviar a ambos a cumplir misiones delictivas por él.
Como siempre, buena parte del atractivo de un film de Allen reside en los diálogos y éste no es la excepción. Algunos de los mejores momentos de La maldición... se encuentran en los duelos entre Hunt y Allen quienes durante la primera media hora se sacan chispas en sus intentos por encontrar el mejor y más ingenioso insulto. Un personaje secundario que se destaca en ese sentido, tal vez más que los propios protagonistas, es Charlize Theron, al componer una muy lograda parodia de la "femme fatale" rubia y fumadora tan corriente en el cine de la época en que Allen ambienta la película. A pesar de que a Theron se le asignan pocos minutos en pantalla, su personaje es uno de los más logrados.
Otro punto a favor de la película es la soberbia dirección de arte y fotografía. Más de una vez dan ganas de detenerse en los decorados y el vestuario de la película, que recrean con minucia y pasión la época. A su vez, todos estos elementos están admirablemente fotografiados por Zhao Fei. Dicho esto, se comprende que si la atención se desvía hacia esos aspectos del film, hay algo que no funciona con los personajes o con la historia misma. Persiste la sensación de que Allen estira demasiado las distintas anécdotas (uno de los robos de joyas podría perfectamente haber sido eliminado del montaje sin que ello afectara significativamente el desarrollo de la película).
Eso lleva también a que luego de un buen rato —La maldición... dura cerca de dos horas— las peleas entre Hunt y Allen comiencen a poner a prueba la paciencia del espectador. También provoca que se vea muy de antemano hacia dónde Allen quiere llevar la historia. Además, ya comienza a ser un tanto anacrónico que interprete con sus casi setenta años a un vigoroso seductor de mujeres que podrían ser sus nietas, aunque aquí algunos de los mejores chistes hagan referencia a la notable diferencia de edad entre el investigador y sus compañeras.
Pero un Allen a media máquina sigue siendo más interesante que la mayoría de sus colegas. Además, no cuesta mucho perdonarle algún que otro desliz. El próximo año, llegará otra película de este simpático y neurótico cineasta, que sabe reirse primero de sí mismo antes que de los demás.