Con la frente alta

| Jorge da silveira

Nacional retornó de Santos con la frente alta, tras jugar la revancha por octavos de final de la Copa Libertadores. Más allá de la eliminación en definición por penales queda la imagen de un equipo que derrochó temple, garra, personalidad, carácter, clase, para dar vuelta un partido desfavorable desde su inicio ante un adversario futbolísticamente superior.

Mucho se habló en lo previo de la formación y el planteo táctico de Carreño. Los hechos le dieron la razón, más allá de las discrepancias filosóficas que se puedan tener. El técnico no contaba con Lembo, jugador de clase que siempre rinde bien en estos partidos. Dadomo no estaba en condiciones físicas por un golpe. Lugano fue transferido al San Pablo. Grandes problemas debía enfrentar para formar la zaga. No estuvimos de acuerdo con que pasara a Leites al lateral izquierdo luego que fuera el mejor defensa como zaguero interior. Perdía el efecto que trasmitió desde adentro a todo el sector, dinámica, concentración, agresividad en la marca. La pareja Machado- Curbelo llevaba a prever riesgos grandes ante delanteros de las características de los del Santos, técnicos, veloces, hábiles, de gran toque. La presencia de O’Neill como enlace y de Alvez como único delantero llevaban a pensar en un escaso poder ofensivo. Quedaba casi todo librado a las jugadas de pelota quieta. Pero había que generarlas. El isabelino había jugado los noventa minutos ante Juventud cuando se pensaba ponerlo solo cuarenta y cinco. Se sabe que su condición actual es muy precaria, más aun para confrontaciones internacionales. Alvez estaría muy solo. También creíamos que si se daba un gol de Santos al comienzo, todo lo previsto se caía.

En lo que sí estábamos de acuerdo era en la formación con cuatro volantes de buena marca. Así se podía luchar mejor contra la zona de armado santista, proteger a la zaga, en especial al sector central, dotar al equipo desde el medio del espíritu adecuado para ese partido.

Carreño le ganó a todos. Confió en el oficio y el temperamento de Machado y Curbelo, más allá de estar fuera de puesto el primero y en baja forma el segundo. Curbelo habla mucho y es gravitante en lo táctico. Tras graves problemas iniciales mejoraron. O’Neill fue decisivo. Con sus tiros libres advirtió primero y más tarde dio vuelta el partido. Si bien no anduvo Alvez en la forma esperada era el único por condiciones que podía jugar solo arriba, por ser veloz, potente, resistente. Debió proteger más el balón, saber esperar a los volantes, encarar con más decisión a dos zagueros centrales que tenían amarilla desde los 16 minutos, para hacerlos echar. La labor de los volantes fue fundamental para conseguir el resultado.

El partido se pudo ganar en los noventa minutos. Si no fue así fue por defectos técnicos de los jugadores uruguayos, errores de concepto, el no saber tener el balón. Ni hablar de las deficiencias en la ejecución de penales. Ya publicó El País ayer un trabajo sobre el tema y la forma en que perdieron los uruguayos en ese tipo de definición últimamente.

Queda como saldo sumamente positivo la forma en que dejaron el alma en la cancha los jugadores tricolores, la recuperación de valores que fueron tradicionales de los futbolistas uruguayos, la marca en el orillo, como la garra, el carácter, la personalidad, que permitieron vencer tantas veces a adversarios superiores en lo futbolístico. El equipo tuvo clase, esa condición que permite dar lo máximo en las circunstancias más difíciles, cuando muchos que saben técnicamente desaparecen. Los grandes éxitos internacionales del fútbol uruguayo se basaron en esos valores anímicos, mentales, y en la buena condición técnica de nuestros jugadores, aunque sus ocasionales rivales fueran mejores en ese rubro.

Claro que solo con esos atributos anímicos no alcanza. Debemos mejorar técnicamente.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar