Peralta, el barro y el oro

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E.P.

La camiseta sucia, embarrada por las veces que lo mandaron a revolcarse en el barro. Las piernas brillando, pareciéndose al oro por las diabluras que ejecutó en la cancha cada vez que la pelota estuvo en su poder.

Horacio Peralta fue un atrevido que revolcó rivales. Un pícaro que tiró cañitos, que esperó a sus rivales para dejarlos por el camino con un simple quiebre de cintura o con un toque sutil de un balón que prácticamente rozó los botines de sus enemigos.

Peralta fue un mago que terminó con un encuentro de fútbol cuando aún le faltaban algo más de 45 minutos para finalizar. Un genio que salió de la lámpara para regalar una nueva alegría a los feligreses tricolores.

De la varita del "Chino" salió la mejor fantasía a los 42 minutos, cuando la pelota entró por el ángulo izquierdo del arquero Bava como un globo que va cayendo. Valió la ida al Nasazzi, fue una justa recompensa para los que tuvieron que soportar la lluvia y bien merecía un "cerrá y vamos. Con eso alcanzó" de los dos equipos.

Pero no fue lo único. El media punta hizo estragos con cada pique, con cada enganche y su talento fue aún más notorio después que la lluvia perjudicara al campo de juego. Allí, desde el barro mismo, Peralta convirtió en oro todo balón que tocó.

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