Ausencias que debilitan

Una situación no prevista, y quizás no soñada hace un par de años, determinó que el líder del Foro Batllista, el Dr. Sanguinetti, decidiera bajar a la arena política. Su plan inicial de vuelo era muy parecido al que determinara su acción luego de abandonar su primera presidencia que consistía en ausentarse del debate nacional para aparecer en tiempos de cercanías electorales. Su fundamento era el de un dirigente que lideraba no sólo un sector político, sino un partido que disimulaba su ausencia sosteniendo la presencia indispensable de una colectividad en el escenario de las opiniones. En ese entonces cuando un dirigente colorado tomaba posición cumplía con alimentar el debate con el aporte de su partido, es más se podría suponer que si el tema era de trascendencia atrás de la voz estaba la sombra de Sanguinetti, como efectivamente estuvo, quitándole a éste el desgaste cotidiano subiéndolo a un podio que, equivocadamente, se supone integran quienes están ausentes de las cosas cotidianas. No fue malo el resultado si se aprecia que al final de ese camino lo esperó la banda presidencial.

En este período inició su camino de la misma forma. Casi como un calco de aquel entonces se dedicó a viajar y a conferenciar y se excluyó del debate público. Y en esto hay que ser muy precisos, sólo se excluyó del debate público porque no pudo desvincularse su figura de las zancadillas que surgían hacia el presidente Batlle desde su propio partido. Sanguinetti aplicó la misma receta de los años 1990-95 al presente período 2000-2005 obviando un detalle, en el primero el presidente fue blanco y en el presente lo es colorado, siendo su actitud la misma a pesar de la manifiesta diferencia.

Las consecuencias de este error están hoy a la vista y lo obligan, a contrarreloj, a bajar decididamente al campo de la política cotidiana. El desgaste sufrido por el presidente Batlle y su falta de estructura partidaria han debilitado en forma significativa al sector que lo llevó a la presidencia y que llegó a ser mayoría en su partido, previéndose hoy que la interna colorada se reducirá a un monopolio sanguinettista. El Foro Batllista se quedó sin partido, y un sector, por grande que pueda ser, no completa los necesarios matices que tiene una colectividad y por lo tanto el problema para éste es serio. Basta ver la caída de más del cincuenta por ciento entre los resultados electorales del coloradismo en 1999 a los indicadores que dan las encuestas hoy para saber de qué estamos hablando.

La táctica resultó equivocada, a la vista está, y recuperar el tiempo no será fácil para Sanguinetti.

Hay una actitud sembrada en los últimos años que, abonada por algunos liderazgos partidarios, llevó a vaciar a las instituciones de la presencia y con ello la opinión de los principales referentes. El Senado, quizás el ámbito natural, careció de estas figuras y el debate político fue más mediático que institucional. El caso de Sanguinetti fue el más notorio porque rechazó cualquier exposición, aún en los medios. Se pierde así calidad democrática, se debilita lo institucional y se nutren de ineficacia los ámbitos que naturalmente debieran dar respuestas obteniendo resultados que pagarán todos, y primero que nadie quienes son responsables de este vaciamiento.

Existe un fuerte reclamo de la ciudadanía por respuestas y por la generación de un debate político eficaz. Necesariamente esto depende en primer lugar de los dirigentes que debiendo estar calculan en demasía y pierden la perspectiva de la responsabilidad institucional que les corresponde.

El debate de la gobernabilidad es uno de los temas pendientes. Quienes aspiran a gobernar deberán decir qué van a hacer y además cómo, en términos de gobernabilidad, lo van a hacer. Y esto alcanza no sólo a quienes administran sino también a quienes se oponen, que tendrán que decir también cómo lo harán.

Las ausencias ya no son, parece, redituables. Y está bien que así sea.

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