BUENOS AIRES - Argentina se viene comportando como las cajas chinas: la apertura de la "caja" de las elecciones no hizo más que mostrar otra caja cerrada, que habrá que abrir el 18 de mayo. Si hasta el domingo las especulaciones eran como el arcoiris —de todos los colores— las de aquí a tres domingos serán iguales, sólo que en lugar de cinco nombres habrá dos. Y cuando se abra la caja del 18 de mayo aparecerá la nueva caja: ¿qué le espera a la Argentina del nuevo presidente?
Mientras tanto, esta Buenos Aires que vivió con apatía el tiempo pre-electoral pero que concurrió a votar masivamente, vivió el "día después" sin notarse por sus calles que el día anterior hubo elecciones. La población volvió a su actividad con la mayor normalidad, preocupada por sus cosas y no por las cosas de la política. De eso, en todo caso, se encargaron los diarios y la televisión, con sus análisis de los guarismos y "el que vendrá", pero las calles fueron las de siempre. Sintomático resultó, por ejemplo, que en el frente del hotel Presidente, donde se alojó Menem y donde la noche anterior se vivieron las "mieles" del triunfo, a las 9 de la mañana del lunes no había ni rastros de nada que tuviera que ver con festejos. Y lo mismo pasó en el hotel Intercontinental donde celebró Scioli y el resto del equipo de Kirchner (éste permaneció en Santa Cruz, con un frío de diez grados bajo cero).
EL COMIENZO. Quedaron para el anecdotario varias cosas, como que López Murphy y Elisa Carrió se sintieron igual de ganadores que Menem y Kirchner, porque lograron una montaña de votos en apenas unos meses de campaña sin aparato político detrás. Para ambos, éste fue "el comienzo de algo". El anecdotario puede seguir con que los grandes perdedores fueron Rodríguez Sáa (que en su indignación hasta pateó una cámara de televisión instalada en su cuartel), los "piqueteros" (cuyo llamado al voto en blanco fue insignificante cuando ellos creían que superarían el 20%) y la UCR, de paupérrima votación, con un Leopoldo Moreau que seguramente tuvo en las urnas su entierro político. También para el anecdotario quedó que Menem continúa invicto electoralmente (nunca perdió, ni en la gobernación de La Rioja ni en la presidencia), que la tirria mutua entre los dos candidatos ganadores quedó patente cuando ni siquiera quisieron llamarse por teléfono y que el caudillismo zonal sigue tan vigente como siempre (ver votación de Menem en La Rioja, Kirchner en Santa Cruz y Rodríguez Sáa en San Luis, todos superando el 80%).
Como despedida de esta ciudad, este enviado recibió una frase preocupante de un taxista votante de Elisa Carrió: "Ahora sí que se va a armar lío grande; los que votamos a la ‘gorda’ y los ‘piqueteros’ no vamos a permitir que nos siga gobernando esta gente; algo feo va a pasar".
En el juego de la democracia, ganar o perder es la alternativa. Sólo cabe esperar que los tremendistas augurios de ese hombre no vayan a cumplirse. La Argentina y la bella Buenos Aires no se lo merecen. M.A.M.