Uruguay tiene hoy más del 40 por ciento de su
comercio exterior cautivo en la región, donde Argentina
y Brasil son los principales socios comerciales del
país, por su ubicación geográfica, por sus tamaños y
por sus influencias en materia financiera, económica,
cultural y turística.
Desde mediados de los años setenta, el país fue
entrando progresivamente en un período de
crecimiento de su comercio exterior gracias a la firma
de distintos acuerdos comerciales bilaterales, con
Argentina y Brasil, por un lado, y al cambio de la política
económica impulsada por el entonces ministro de
Economía, Alejandro Vegh, por el otro.
Durante este periodo, las importaciones pasaron de
doscientos millones de dólares en el año 1972 a
superar los mil seiscientos millones de dólares ocho
años después. En la misma década las exportaciones
experimentaron un importante crecimiento, aunque
menos explosivo, pasando de doscientos millones de
dólares anuales a principio de la década de los
setenta a comenzar la de los ochenta entre mil y mil
doscientos millones de dólares anuales.
Como consecuencia de la crisis económico financiera
que se dio con la ruptura de la tablita, a fines de 1982,
se produjo una caída en el volumen de las
transacciones internacionales. Durante el resto de los
años ochenta el comercio exterior prácticamente se
mantuvo estancado hasta 1991, cuando se firmó el
Tratado de Asunción.
Con el inicio del proceso de liberación del comercio
intrazona, por el que se eliminan las barreras
arancelarias y algunas no arancelarias, y los
programas de convergencia de los aranceles
nacionales al Arancel Externo Común, se produce un
nuevo proceso de crecimiento del comercio exterior.
De este modo, el total de las importaciones del país
llega a superar los 3.800 millones de dólares y las
exportaciones los 2.700 millones de dólares, antes de
la crisis financiera de Brasil en 1999.
Durante estos casi treinta años, la participación de
Argentina y Brasil en el comercio exterior del Uruguay
ha mantenido un crecimiento casi constante, pasando
de representar un 30 por ciento a mediados de los
años setenta a más de un 40 por ciento en el año
2001, perdiendo algunos puntos en las exportaciones
del 2002.
La lectura de algunos decretos y reglamentos a la
importación —tales como Precios Mínimos de
Exportación, Recargo Móvil, Precios de Exportación,
Derechos Específicos y otros de características
similares— permite apreciar una tendencia en la
política de los últimos gobiernos a proteger ciertos
sectores de la industria tales como textiles, calzado u
oleaginosos.
Es en el sector de los productos textiles donde se nota
la mayor desviación del comercio a causa de la política
de protección a la industria nacional, en especial
respecto a las importaciones provenientes de los
países del sudeste asiático. Estas políticas benefician
a los productos de origen zonal que no son alcanzados
por esas medidas. Sin embargo estas medidas
tampoco pueden ser aprovechadas por la industria
nacional debido a que la competitividad de los
productos brasileños y argentinos con relación a los
nacionales los desplaza del mercado.
De allí que la Cámara Nacional de Comercio y
Servicios del Uruguay sostiene que este tipo de
medidas proteccionistas termina en realidad
beneficiando a las industrias de los países vecinos y
perjudicando al consumidor uruguayo o fomentando el
contrabando.
Es crucial no perder en las urgencias del momento la
estrategia de largo plazo que comenzó en septiembre
de 1974 y que fue exitosamente ensayada en el país
desde su independencia hasta 1931 prácticamente sin
interrupciones: abrir la economía al mundo, como
explicó la Lic. María Dolores Benavente en su trabajo
"Libre Comercio o Proteccionismo". Consideramos
que la opción más racional es tratar de buscar
nuestros mercados en el mundo, o en una integración
más amplia y eficiente con países como los
integrantes del Nafta.