Emilio Ramirez
Mediante la verificación se busca incrementar la ventaja competitiva y el acceso a mercados globales garantizando la satisfacción de los requerimientos del comprador. Los productos certificados pertenecen principalmente a las industrias alimenticia, metalmecánica y de cueros, entre otros.
La certificación de productos es indispensable para ingresar en los mercados mundiales dado que la Organización Mundial de Comercio (OMC) ha implementado mecanismos que disponen que si un producto no está certificado ni cuenta con el sello o marcado obligatorio no se puede entrar al mercado de dicho país.
De acuerdo con lo explicado por Juan Arscott, director de marketing y ventas de UL para América Latina de habla hispana, "este accionar es lo que se dio en llamar Barreras Técnicas al Comercio, y la única forma de poder franquear esas barreras es certificando el producto a exportar. De esta forma, para lograr exportar a ciertos mercados es necesario cumplir con normas técnicas internacionales, cuya aplicación dependerá del país la región".
SEGURIDAD Y CALIDAD. Además de permitir el ingreso a mercados externos, las certificaciones también aseguran al consumidor que dicho producto cumple las normas de seguridad y calidad requeridas en cada mercado. "Actualmente podríamos decir que la mayoría de los productos que se exportan requieren de algún tipo de certificación de calidad, ya que suele ser un requerimiento de países europeos, asiáticos y americanos", explica María Belén Kohlbrenner, gerente comercial de Bureau Veritas.
Para estas empresas, "la certificación también realza la imagen pública, mejora la satisfacción del cliente e incrementa la confianza de los accionistas y disminuye los costos de seguros. Tradicionalmente, la necesidad de certificación obedece a requisitos de los compradores, y aún continúa siendo así en gran medida. Sin embargo, existe una tendencia dentro de los exportadores a solicitar la certificación por iniciativa propia, primero, por una necesidad de protección y reducción de riesgos en las operaciones de exportación, y más recientemente, como forma de incorporar valor, confianza, o diferenciar sus productos", señala Laura Labat, gerente de la División Consumer Testing Services de SGS Uruguay Limitada.
MAYORES EXIGENCIAS. De esta forma, la certificación puede ser tanto de calidad de embarques como de los sistemas de gestión de calidad del exportador, como la certificación de procesos productivos y certificación de atributos de los productos que apuntan a satisfacer necesidades específicas de los consumidores finales. Las empresas coinciden en que los productos de exportación del Uruguay que más se someten a certificación son los de las áreas de alimentos, lana, madera metalmecánica, automotriz y construcción, entre otros. Dentro de la industria alimenticia, los productos que se certifican son vino, arroz y harina, en especial los de tratamiento orgánico, citrus, carne, pescado y granos. Para las exportaciones de lácteos, carnes y pescados, la certificación de embarque incluye el cumplimiento de especificaciones microbiológicas y físico químicas.
Desde la perspectiva de Enrique Mastroscello, representante de la certificadora internacional Intertek Testing Services (ITS), "si bien hay mayores exigencias por parte de los compradores en cuanto a inspecciones y certificaciones, en Uruguay existe una cultura generalizada de los exportadores para garantizar la calidad del producto que se está enviando". Al respecto, el representante de UL señala que "el exportador se informa de los requerimientos y exigencias previendo qué necesita certificar, poniéndose al tanto de los distintos niveles de exigencias que cada mercado tiene".
Sin embargo, la representante del Bureau Veritas disiente: "Aún no existe una marcada cultura de la certificación entre las empresas, es por esto que habitualmente las empresas que deciden certificar lo hacen por pedido de sus clientes principales o por exigencia de alguna disposición". Pero de todas formas aclara que ha crecido el interés de las empresas por certificar en los últimos años, no sólo en empresas manufactureras o de sectores donde habitualmente se exige la certificación, sino también en empresas de servicios, profesionales independientes y turismo, entre otras".
VALOR AGREGADO. Por otra parte, la aparición de enfermedades de origen alimentario y otras situaciones de alto impacto en la opinión pública, hicieron que el interés por la certificación de productos haya crecido. "A través de la certificación, existe también una transferencia de valor hacia el producto, cuya dimensión depende de la trayectoria, prestigio y reconocimiento internacional con que cuenta el organismo certificador", agrega Labat.
En el caso de la certificación de embarques de commodities, originariamente estos se fijaban como un porcentaje del valor FOB. "Hoy en día los costos se han reducido y están relacionados con el tiempo y los recursos humanos empleados. Por otro lado hay nuevos requisitos en cuanto a calidad, como sería el caso de embarques de cereales donde se debe certificar el origen no transgénico, lo que determina análisis aplicando técnicas que antes no eran requeridas", explica la representante de SGS, quien coincide en que el tamaño de la empresa a certificar y los procesos involucrados determinan el costo de la certificación.
CONTROL Y CERTIFICACION. A estas empresas de certificación se suma el Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU), que nació como servicio de contralor y certificación de los productos industrializados con destino a la exportación a partir del crecimiento de las exigencias en los países industriales y el establecimiento de normas internacionales a regir en el comercio. Este organismo realiza además la certificación de los alimentos importados de acuerdo con el Decreto 338/82. La norma establece que "los productos alimenticios y bebidas importadas que, en oportunidad de su ingreso al país, estén sujetos a la verificación del cumplimiento de las disposiciones bromatológicas nacionales a los efectos de dar a éstos el mismo tratamiento que a los productos alimenticios y bebidas elaboradas en el país, con el objetivo de proteger al consumidor, asegurándole productos aptos del punto de vista de la salud".
Para los exportadores, en muchos casos, el problema de la certificación es visto como la suma de un costo adicional para el embarque, sin embargo, las empresas explican que debe verse como un valor agregado.
Si bien las certificadoras no dan precisiones sobre los precios de los servicios ya que consideran que los costos se ajustan según el tamaño de la empresa, el tipo de procesos y la complejidad de los mismos. A modo de ejemplo Bureau Veritas señala que para una empresa metalúrgica con un plantel de 30 personas, el costo aproximado sería de 2500 dólares, para el contrato completo a 3 años. "Los certificados que se otorgan tienen una validez de 3 años y exigen una revisión anual al menos del sistema de gestión, en conclusión este valor incluye la certificación con el correspondiente certificado y las visitas de mantenimiento del sistema los dos años siguientes. Al vencer el certificado la empresa debe recertificar", señala Kohlbrenner.
Lo más importante con respecto a los costos es que en ningún caso lleguen a representar un ítem que desequilibre los costos y la rentabilidad de una operación de exportación. Por el contrario, "hay una ganancia implícita en cuanto que evita la generación de costos ocultos motivados por deficiencias, reclamos y devoluciones, gastos adicionales a lo largo de la cadena logística, lo cual debe ser considerado como un beneficio adicional que agrega valor a los productos a exportar", concluye Mastroscello.