JORGE SAVIA
Después de la eliminación en la Copa, y del empate ante Villa Española en el plano local, que se sumaban en el debe de Peñarol a las dos caídas poco menos que lapidarias que el equipo de Diego Aguirre había recogido ante Wanderers y Danubio en el breve lapso de una semana, hubo dirigentes aurinegros que —oficial u oficiosamente— comentaron que, pasara lo que pasara, el técnico iba a tener el crédito abierto hasta que finalizara el primer torneo de la temporada, mientras que otros, en cambio, en voz más baja, de una manera reservada, dejaron entrever que iba a ser difícil extender esa confianza en caso que el elenco mirasol no ganara ante Liverpool en Belvedere en la pasada jornada.
En tales circunstancias, entonces, no es exagerado decir que los dos golazos que hizo Pacheco ayer, fueron fundamentales para renovar ese crédito que para algunos estaba a punto de cerrarse, porque la gestión con que el conjunto aurinegro consiguió superar por tres tantos de diferencia la oposición planteada por Liverpool, que en términos reales resistió (aún atacando más) hasta los 7’ de la segunda etapa, por sí misma no logró saldar totalmente la deuda que Peñarol venía manteniendo con su hinchada.
Los indicadores matemáticos del desarrollo de un encuentro (Infografía: Números del partido, Pag. 1 del Deportivo) no son caprichosos ni casuales, sino una consecuencia directa del trámite. Ayer, por ejemplo, el local forzó más corners que el visitante. Porque, además, los negriazules tuvieron la pelota en su poder por más tiempo que el equipo contrario. Pero les faltó profundidad. Fueron livianos. Aparte de que dejaron muy sólo a Medina adelante. Peñarol, en cambio, demoró en armarse. Con Pilipauskas y Lago faltos de precisión para salir jugando, con un mediocampo —integrado por Cedrés, Cesaro y Bengoechea— que no podía hacer gala de mucha dinámica, y con un "Miliki" dominado por arriba y por abajo por la zaga adversaria, el cuadro de Diego Aguirre quedó librado en la faz atacante a lo que pudiera inventar Pacheco y a lo que pudiera acarrear alguna de las carreras que el "Lolo" Estoyanoff ensayaba por la izquierda de tanto en tanto. Pero, igual: el equipo de Aguirre fue más contundente que el dueño de casa.
En efecto, el partido corría, no pasaba nada, y resultaba notorio que iba a ser difícil que Peñarol ganara. Pero Estoyanoff metió un taco, Pacheco hizo una diagonal dejando por el camino a varios rivales y conquistó el primer tanto pocos minutos antes del final de la primera parte; y también pocos minutos después de iniciada la segunda, tras gran jugada colectiva de Bengoechea, "Miliki", Estoyanoff y Pacheco, el "Tony" aseguró la victoria, por más que después Ribas hizo tres cambios "de una", y Alsina manejó la pelota con más criterio en el medio y Soria acompañó mejor a Medina adelante.
Ya sobre el final, Bueno de cabeza, tras una pelota quieta que ejecutó Bengoechea con uno de sus típicos centros "banana", puso la tapa. Selló la refinanciación de la deuda, que Peñarol tanto necesitaba. Y que, por la forma cómo jugó, no canceló con su hinchada. Lo admitió —implícitamente— el técnico al hablar con el Dr. Ariel Delbono, por CX 22 Radio Universal, desde los vestuarios: "hoy (ayer) no importaba tanto el rendimiento, sino el resultado". Ahora no se hablará de su estabilidad en el cargo, al menos hasta el próximo fin de semana.
Bueno puso la chapa
PIERCING Carlos Bueno estuvo de estreno por Belvedere: se colocó un pequeño piercing (arito) en su nariz.
SIN AGUA Apenas culminó el cotejo,los jugadores de Peñarol se dirigieron al vestuario para darse el baño reparador. Mientras los futbolistas se estaban dando la ducha se cortó el agua ya que se habían vaciado los tanques. Tuvo que salir un hombre de la casa como Fabián Cesaro, que manejó sus influencias por haber jugado en Liverpool, para tratar de solucionar el inconveniente. Finalmente lo logró, después que pudo contactarse con el "Topo", el canchero de Liverpool.
ABRAZOS Berbia fue el primero y Bengoechea —después de la foto con la terna y el capitán rival— fue el último. Pero todos los titulares que fueron dirigidos por Ribas en Peñarol se acercaron a abrazarlo.