CARINA NOVARESE
No sólo toman mate, escuchan tango y miran fotos
viejas para recordar su patria. La gran comunidad
uruguaya que vive en Australia se caracterizó desde
sus orígenes, a principios de 1970, por su solidez y
dinamismo. Al principio esta actividad desenfrenada
se tradujo en la creación de un gran club social y
deportivo que sobrevive hasta el día de hoy. Ahora el
nuevo gran "producto" de los uruguayos en Australia es
un libro que relata la historia de una comunidad
integrada por más de 19.000 personas.
"Tres Décadas de la Emigración Uruguaya en
Australia", es el primer volumen de lo que pretende
convertirse en una antología de la historia uruguaya en
el país anglófono. Además, es tal vez el primer relato
ordenado de la diáspora uruguaya en el mundo.
Para el actual embajador uruguayo en Australia, Pedro
Mó Amaro, el libro es un "primer gran aporte como
investigación de fondo sobre la emigración uruguaya.
Además ayuda a visualizar mejor al país real. Cuando
estamos en Uruguay sabemos que la gente emigró y
emigra, pero no sabemos cómo vivieron eso".
El libro es también una muestra más de una
colectividad exitosa: "acá los uruguayos son muy bien
considerados en todos los aspectos; por su alto nivel
educativo, pero también por su participación social
constante", explicó Mó Amaro. La obra, publicada
recientemente, está dedicada a un destacado
miembro de la comunidad uruguaya, Alberto "Pocho"
Domínguez, quien murió el 11 de setiembre 2001, a
bordo de uno de los aviones secuestrados que
impactaron contra las Torres Gemelas. El fue quien,
entre muchas actividades, se encargó de la
radiodifusión en español en Australia.
30 AñOS. Víctor Avero y su familia partieron de Uruguay
en 1974; casi 30 años después aún recuerda con
precisión fotográfica las instancias previas y la llegada
al nuevo país. Y sigue sorprendiéndose. Pocos saben
que en aquella época el gobierno australiano les pagó
el 95% de los pasajes: "Me acuerdo que por toda la
familia pagué unos 105 dólares australianos, que en
esa época eran un poco más que 100 dólares
americanos. Pero no era nada", recuerda hoy desde su
casa en Sydney.
Desde su barrio natal, Maroñas, hasta Sydney, sus dos
hijos y sus seis nietos, pasaron casi 30 años y una
historia extensa de colaboración en una comunidad
que recién llegada intentó adaptarse al nuevo país
construyendo referentes que los unía a los inmigrantes
entre sí y con su país de origen.
Avero se fue a Australia por motivos mitad políticos y
mitad económicos, como buena parte de los
uruguayos que lo hicieron antes y después que él. Su
familia siempre había sido batllista y en ella la política
era un tema casi excluyente; con el tiempo Víctor y su
esposa comenzaron a militar en el grupo que lideraba
Zelmar Michelini en el Frente Amplio. El se había
formado en la UTU y era tornero y ella trabajaba como
obrera en una fábrica textil
El hecho de que ahora viva cómodamente en Australia,
se dedique a leer todo lo que llega a sus manos sobre
el tango —es representante de la Academia Nacional
de Tango— y escriba poemas desde su retiro laboral,
no significa que haya olvidado "aquellos" años. Bajo la
luz de esos recuerdos, ahora dice que la decisión de
irse de Uruguay la tomó cuando escuchó al entonces
presidente Juan María Bordaberry referirse a quienes
se iban como "esos malnacidos". "Para mí eso fue el
‘hasta aquí llegamos", dice Avero. Y así comenzó su
aventura hacia Australia, junto a su esposa y dos hijos
de cinco y siete años.
Tal como explican varios de los emigrantes uruguayos
en el libro, el por qué de haber elegido Australia era
una combinación de muchos elementos, pero pesó
sobre todo la política clara sobre inmigración que
existía en ese país. "Cuando llegábamos se nos
estaba esperando y no había sorpresas", dice Avero
Los recién llegados, uruguayos y de tantos otros
países, eran alojados en los llamados "hostels",
especie de villas residenciales en las que vivían los
inmigrantes durante los primeros tiempos.
En esos centros surgieron las semillas de una de las
más activas comunidades de uruguayos en el exterior
El Club de uruguayos, los equipos de fútbol, las
primeras propuestas de aprender el idioma inglés y
más tarde de instalar escuelas para que los niños
mantuvieran el español, un proyecto que se tradujo en
10 escuelas llamadas "comunitarias", que siguen
funcionando en Sydney.
Ni Víctor ni su familia hablaban inglés. Para los niños
el aprendizaje fue rápido, a pesar de las burlas de los
compañeros de escuela; para los adultos el proceso
fue más trabajoso pero terminó con éxito. Más pronto
de lo que su optimismo le dictaba, Víctor consiguió
trabajo como soldador y en menos de seis meses
volvió a ejercer su profesión de tornero.
CANGUROS Y GOLES. Para el embajador Mó Amaro,
una de las características de los
uruguayo–australianos es su espíritu emprendedor.
No es extraño ver en alguno de los cuatros diarios que
se publican en español la publicidad de algún negocio
de un uruguayo; en una de las últimas ediciones de
uno de ellos se publicitaba la inauguración del nuevo
local de la confitería Oro, al igual que la nueva sucursal
de una inmobiliaria de un uruguayo.
Ese espíritu no se limita a los negocios, dice Mó
Amaro. Pocos meses atrás el embajador fue a ver a
Peñarol, que jugó contra cuadros australianos.
"Cuando llegué al estadio parecía el Centenario, a
pesar de que es un poco más chico. Había banderas
de Peñarol, de Nacional y de Uruguay, tamboriles y
hasta venta de chorizo al pan", recuerda.
Los uruguayos tampoco se olvidan de las fechas
patrias. Todos los años festejan la Independencia con
un gran picnic en un parque de Sydney. Para asistir hay
que pagar entrada. Lo recaudado, unos 80.000 dólares
australianos, sirve para comprar equipamientos que
son enviados a hospitales uruguayos. Los bailes y
espectáculos son también una buena excusa para
recaudar fondos, que son enviados a Uruguay en
forma de órdenes de compra a favor de comedores
infantiles y otras instituciones solidarias.
Según se relata en el libro, el primer intento de
celebración conjunta se realizó el 31 de diciembre de
1970. Los recién llegados decidieron reunirse en el
Royal National Park para recibir el nuevo año con un
gran asado. Cerca de las 11 de la noche, en medio de
la oscuridad del parque y mientras ardía el fuego y
corrían las bebidas, los uruguayos se vieron
sorprendidos por las linternas de varios policías. Casi
ninguno de los inmigrantes hablaba o entendía
siquiera el inglés, pero intentaron explicar que estarían
allí unas tres horas. Las caras de los uniformados
indicaron lo que el lenguaje no permitía entender y
pronto los uruguayos se tuvieron que ir del parque, con
un asado sin terminar. A pesar de la tristeza, a
medianoche y en medio de la retirada, pararon todos
los autos en medio de una autopista, para brindar por
el nuevo año.
No faltan, además de las clases de español, las de
tango, candombe, murga y hasta danza folklórica.
Según datos oficiales de diciembre del año pasado, en
Australia viven unos 19.000 uruguayos, cifra en la que
se incluye también sus hijos. La mayoría reside en
Sydney, en particular en un barrio llamado Fairfield, así
como en el vecino Liverpool. Allí es corriente escuchar
a las personas hablar español y abundan los negocios
que en otras zonas no existen, como las fiambrerías
donde se venden desde yerba hasta dulce de leche.
TRES GENERACIONES. Casi 30 años después, Víctor
permanece unido a su país de origen por recuerdos,
pero también por visitas frecuentes, y lectura diaria de
diarios uruguayos en Internet. Sus hijos hablan
castellano porque Víctor y su esposa se empeñaron en
que no olvidaran su lengua natal y decidieron adoptarla
como idioma único en su hogar. Los nietos, tercera
generación en Australia, ya no manejan con la misma
soltura el castellano, pero este año comenzarán a
estudiarlo en sus colegios.
"El hijo de uruguayos sigue sintiendo mucho a
Uruguay. Debo reconocer que a veces es exagerada la
influencia ‘uruguayista’ que se le quiere dar a los
niños, porque también se les debe permitir la libertad
de elegir", considera Avero.
El libro "Tres Décadas....", además de ser un
testimonio detallado de tantos años fuera de Uruguay,
es también una muestra de la esperanza que llevaron
consigo los uruguayos emigrantes y de lo que
lograron. Una frase del uruguayo Alberto Pocho
Domínguez, citada en el libro, seguramente resume el
sentir de muchos de sus compatriotas: "Yo siempre
dije que Australia es el país de los sueños realizados".
Inmigrantes de antes y de ahora
La migración hacia Australia fue un proceso
relativamente sencillo en los años ’70, cuando miles
de uruguayos partieron hacia el lejano país en busca
de mejores perspectivas económicas así como de
seguridad política.
En ese momento el gobierno incentivaba a los
inmigrantes para que eligieran Australia como destino
final y les daba las mejores facilidades para que se
instalaron rápidamente, consiguieran vivienda y
trabajo.
"Salimos de madrugada en un charter, porque
tampoco querían mostrar a todo el mundo que nos
estaban llevando para su país", recuerda Avero.
Además de la perspectiva "utilitarista" —Australia
necesitaba a los inmigrantes—, la visión desde el
gobierno en ese momento es que se debía ayudar a
los inmigrantes porque "ellos lo necesitaban", dice
Víctor Avero.
Con el tiempo las condiciones cambiaron. Australia
ahora sólo acepta cierto perfil de inmigrantes, que
elige según las profesiones que se considera son
más necesarias o útiles en ese país.
Por otra parte, es necesario contar con una visa para
ingresar al país. Según explicó el embajador uruguayo
en Australia, Pedro Mo Amaro, si alguna persona logra
"colarse" y entrar ilegalmente, apenas se detecta la
infracción se lo detiene por un tiempo.
las palabras
"El 25 de diciembre nos reunimos en el Centennial
Park, donde tuvimos diferentes actividades deportivas,
y tomamos mate con la poca yerba que tenían en
posesión los últimos emigrantes uruguayos". 1971,
Club Uruguayo de Sydney.
"Es el viernes 11 de octubre de 1971, el reloj marca las
22 horas cuando ve emprender el viaje en caravana,
rumbo a Canberra, para cumplir con una promesa
futbolística. Este era nuestro largo y primer paseo fuera
de Sydney. Salimos del hostel con una docena de
autos, pasando por los hosteles de Hillsdale, East
Hills y Villawood recogiendo participantes". 1971, Club
Uruguay de Sydney.
"Se forma y debuta la primer murga en Australia ‘Los
nuevos emigrantes’. El éxito y la emoción, las lágrimas
y los cientos de personas que no pudieron entrar por
falta de espacio, pero que igual se quedaron en las
escaleras de acceso al club, marcaron a fuego ese día
la historia de la institución". 1975. Club Uruguayo de
Sydney.
Volver es un sueño
Víctor Avero dice que "la lejanía tiene sus efectos y
despierta el alma con inspiración de pretendido verso".
Se fue de Uruguay hace 29 años, pero aún recuerda
los recovecos de Montevideo.
"Volveré....volveré de nuevo porque no te olvido
Volveré de nuevo porque en mi memoria está,
el sonido joven de mis pasos viejos...
A mirar las grietas con forma de Y griega
de tus calles lindas que siento tan mías
Y me detendré...
a insultar al miedo que me hizo dejarte
y a pedir disculpas si es que me culpaste...
Volveré otra vez....a 18 y Andes
Con esta bronca mía que obstinada y vieja
no quiere dejarme....
Visitar tu noche...
Caminar de nuevo por tu ciudad vieja
y que mi piel se moje
con la niebla espesa que viene del río...
Y que cada ola que muera en la orilla
los reflejos de la luna que traiga consigo...
pinten en la arena de la playa Ramírez
con polvo de estrellas con algas marinas
un cuadro de negros bailando candombe
por la calle Ansina
Me iré despacito por la madrugada...
A beberte ausente sin estar consciente
del tiempo presente
Viviendo el pasado...sintiendo mil voces
gritar con ZELMAR /basta de injusticias!
Uruguay vencerá!
Quisiera sentir tu pulso y el mío...
juntarse y latir con dulce armonía
Después de una noche de melancolía
donde no consigo curar mis heridas...
Despertar de nuevo...gritar y decirte
que quiero otra vez sentir alegría...
Bailar algún tango con la mujer mía
y abrirle la puerta a estas penas mías"