ESTA semana, en el Directorio del Partido Nacional se definieron los temas prioritarios a impulsar por parte del nacionalismo, en los próximos meses. Se trata de ocho temas, pero hoy nos centraremos en el referido a las Afaps.
Como es sabido, esta reforma del sistema de Previsión Social se produjo finalmente, a partir de la ley votada en el año 1996, con los votos de los partidos Nacional y Colorado, luego de varios intentos infructuosos durante el período del presidente Lacalle, al no haber contado con el apoyo del sector forista del Partido Colorado, además de la constante oposición del EP-FA (como es su costumbre), repetida en ambos períodos.
Gracias a ello, actualmente todos los afiliados reciben regularmente un estado de cuenta que les informa sobre el monto de sus ahorros (una parte va al BPS para el fondo solidario), lo cual les permite saber donde están parados. Una importante diferencia a cuando reinaba una impenetrable nebulosa sobre las pasividades. En la actualidad, hay 618 mil uruguayos afiliados a las Administradoras de Ahorro Previsional y algo que tiene que subrayarse una y otra vez, es que el dinero de las AFAPS pertenece a los trabajadores. De ese fondo saldrán los recursos para pagar las jubilaciones en el momento de su retiro y en caso de fallecimiento, su familia es heredera del capital del aportante.
Pero ocurre que ese fondo que hoy en día alcanza a los 960 millones de dólares, (llegó a ser cerca de 1000 antes de la crisis), representa una enorme tentación en momentos de precariedad como los que se viven. Es entonces motivo de preocupación, el riesgo de que el Estado se apropie poco a poco de esos dineros, de diversa manera, para hacer frente a sus dificultades financieras. Así como las presiones que pueden venir desde ciertos sectores económicos o políticos. La izquierda prefiere volver atrás, como siempre. Se inclina por la llamada jubilación de reparto, cuya discrecionalidad fue sufrida por la gente sin padrinos. O aparecen propuestas como una de hace poco, con intenciones de que las Afaps financien al transporte urbano debido a sus serias dificultades. Algo que contraviene en forma absoluta el espíritu de la ley que impuso este sistema, cuyo fin es proteger al trabajador. Fue ideada para impedir que se repita lo de otro tiempo, cuando el propio Estado saqueaba a las Cajas de Jubilaciones impulsado por sus apremios financieros.
CON la creación de entidades privadas, aunque en nuestro país se decidió que también hubiera una estatal (es muy difícil despegarse de la mentalidad estatista), se esperaba que los ahorros de la gente estarían mejor resguardados de la voracidad del Estado.
Las Afaps no son para inversiones sociales, ni tampoco deben ser vistas como una pura fuente de financiamiento fiscal, sino que son entidades que han de ser capaces de generar la mejor rentabilidad posible, a favor de sus afiliados. Para ello, es de suma importancia que puedan contar con un abanico amplio de oportunidades de inversión y no estar ceñidas por un corsé que las obliga a invertir en forma desmesurada en valores públicos. Lo cual no es otra cosa que una manera sutil por parte del Estado de apoderarse de sus recursos.
NI tampoco las Afaps deben ser convertidas en instrumento de política monetaria, como se trasunta en la actualidad, con las nuevas normativas al respecto. Desde agosto se establecieron reglas que las limitan para que la posición en dólares sea cada vez menor, estipulando que para junio del 2003, no pase del 60%. Asimismo, hay obligación de que un 70% de los activos en los que invierten, sean títulos del gobierno y en cambio está casi prohibido invertir en activos del exterior.
Es posible que en otro tiempo se pensara que no había nada más seguro que colocar dinero en el Estado y dentro del país, pero los hechos sucedidos últimamente han puesto en evidencia esa quimera. Tampoco es acertado argumentar que invertir en el extranjero trae peligros de consecuencias desastrosas, como les ocurrió a los accionistas de Enron. A lo que se apunta es a comprar bonos soberanos de mínimo riesgo, triple A, al igual que en todo el mundo.
EL sistema chileno, que cuenta ya con una larga y exitosa historia, permite la inversión en el exterior, hasta en un 12% y para aquí es conveniente abrirlo hasta un porcentaje de entre el 5% y el 10%. Para que la reforma realizada cumpla con todos sus cometidos, es imprescindible que los fondos previsionales sirvan también para vigorizar la economía, creándose un activo mercado de capitales, como sucedió en Chile. Con ese fin, es necesario que existan otros instrumentos que permitan la canalización de las inversiones, tales como la securitización o la ley de fideicomiso, de enorme urgencia y que sin embargo, sigue con media sanción, durmiendo en el Senado.
En estos momentos no hay muchas opciones para que las Afaps inviertan en el mercado local y éste sería un vehículo muy propicio, para oxigenar la producción y estimular la alicaída economía local. Porque es una vana ilusión pensar en Fondos Previsionales ricos y buenas jubilaciones, en un país pobre.