El inesperado y sorprendente giro que tuvo el caso que sacudió a esta ciudad y que derivó de un doble crimen a un homicidio y un suicidio, debió su esclarecimiento al trabajo del médico forense y los peritos que lograron pruebas firmes para conocer la verdad. En una entrevista concedida por el juez letrado Juan Carlos Fernández a El País, el magistrado reconoció que este fue "un caso muy intrincado" y agregó que en principio se contaban con escasos indicios, principalmente debido a que los cuerpos se hallaban en avanzado estado de descomposición.
En base a esos elementos, el magistrado señaló que se había logrado establecer que el zapatero José Alberto Velos Calcagno (64) había cometido en realidad un homicidio, al dar muerte al compañero de su ex concubina. En la secuencia de hechos que la indagatoria logró reconstruir, se determinó que la noche del 9 de noviembre, durante una reunión en la casa de Velos Calcagno, se suscitó el incidente que concluyó en el homicidio de Walter Pérez Moreno. La ex concubina del zapatero, Rosa Lila López (48) se quitó la vida al ver muerto a su compañero, de acuerdo con los indicios. Ello desbarató la versión inicialmente presentada por el propio Velos Calcagno, que varió con la detención de su cómplice J.M.B.P., también presente esa trágica noche en la modesta vivienda del barrio Leandro Gómez.
PRUEBAS. ¿Cómo se probó que, en realidad, Rosa Lila López se quitó la vida? "Fundamentalmente por el informe del médico forense", explicó el juez Fernández, "por el tipo de la lesión de arma de fuego, por el lugar de la misma y la ascendente trayectoria de la bala en el paladar, un lugar no accesible para un homicida, pero sí para una persona que desee quitarse la vida".
El cúmulo de indicios, explicó el magistrado, permitió demostrar en primera instancia que la muerte de la mujer se produjo con posterioridad al homicidio de Pérez Moreno. "En la sentencia definitiva estos hechos deberán ratificarse o establecerse otra plataforma fáctica", indicó el doctor Fernández.
Pero para confirmar la presunción de suicidio el magistrado recurrió a otros técnicos. "Dispusimos una diligencia denominada autopsia psiquiátrica o psicológica, que es en base a la historia clínico psiquiátrica de la señora", explicó el juez, "la que tenía problemas psiquiátricos y era atendida por esos mismos problemas por un profesional del medio, a quien vamos a consultar sobre la probabilidad o certeza médica de que se haya tratado de un suicidio y cuáles serían los motivos que la indujeran a esto".
Fernández se refirió a lo complejo del caso al hacer referencia a las contradictorias declaraciones del acusado y del otro detenido. El juez dijo que en principio sólo se había contado con "la declaración única de la persona que aparentemente había sido autora del o los homicidios, y por otra parte la de una persona que incorporó la Policía a la mitad de la instrucción, el que dio una versión opuesta a la del otro declarante".
Precisamente, en el curso de la indagatoria, se logró establecer que J.M.B.P. había ayudado a sepultar los cuerpos "solamente por amistad" que, pese a encontrarse en la vivienda, no fue testigo ocular de la autoeliminación de la mujer. En cuanto al móvil del homicidio, el magistrado lo atribuye a los celos. "Había una relación previa entre la señora fallecida y el matador", argumentó Fernández, "se sabe que hubo una conversación previa, presumimos que no fue una conversación amistosa y no hay elementos para sostener que hubo premeditación".
Otro aspecto oscuro del caso fue la existencia de una segunda arma, que no se probó. En tal sentido el juez se mostró convencido de que sólo existió el revólver que pertenecía al homicida.
El juez Fernández destacó la excelente labor policial que se hizo en forma previa a la instancia judicial que fue exhaustiva y se mostró confiado en los elementos reunidos en esta etapa, los que espera se confirmen a lo largo del proceso judicial que conduzca a la sentencia del homicida y su encubridor.
MELO | HILTON C. MESTRE