Asunción | AP. La campaña electoral quedó cerrada hoy y los paraguayos entraron en el período final de reflexión antes de elegir el domingo al presidente que asumirá la tarea de resolver la grave crisis del país y promover la esquiva estabilidad política.
De acuerdo a la ley, a la cero hora de hoy quedó prohibido todo tipo de actividad de campaña, tras coloridas manifestaciones de las distintas candidaturas la noche anterior, con música, banderas, fuegos artificiales y discursos en castellano y guaraní.
Llovieron las críticas y acusaciones de corrupción entre los candidatos y abundaron las promesas a los electores.
En vísperas de la elección, las encuestas continúan dando como favorito al abogado y ex ministro de Educación Nicanor Duarte, del Partido Colorado, que ha gobernado el país por más de seis décadas, ya sea bajo la larga dictadura del general Alfredo Stroessner o bajo los accidentados gobiernos civiles que siguieron.
Las encuestas otorgan a Duarte poco más de 36% de la votación, seguido por el banquero Pedro Fadul, del movimiento Patria Querida, con poco más del 31% y el Liberal Julio César Franco, con alrededor del 15%.
Otros candidatos menores aparecen con cifras marginales, incluyendo un seguidor del ex general golpista Lino Oviedo, Guillermo Sánchez, a cuyo cierre de campaña asistió la esposa del ex general exiliado en Brasil tras intentar un golpe de estado.
Tanto Fadul como Franco restan validez a las encuestas. Franco dijo que existe más del 10% de indecisos que podrían inclinar la balanza el domingo, cuando se elegirán también 48 senadores, 80 diputados y 17 gobernadores regionales.
Quien sea elegido sucesor del presidente Luis González Macchi tendrá una tarea gigantesca, ya que asumirá en medio de una aguda crisis económica, con una virtual quiebra del estado, un desempleo que oficialmente supera el 18%, pero que según economistas privados es mucho mayor, en un país donde más del 40% de los trabajadores se desempeña en la economía informal.
La economía se contrajo en 2,2% en 2002 y el producto interno bruto cayó a 940 dólares ese año, de 1.486 en 2001. Casi la mitad de los 5,5 millones de paraguayos vive en condición de pobreza.
Pese a la virtual quiebra fiscal, el favorito Duarte ha anticipado que no recurrirá a las privatizaciones para allegar recursos, una decisión criticada por sus adversarios, que lo acusan abiertamente de corrupción.
Las acusaciones de corrupción fueron en realidad tema recurrente a lo largo de la campaña, y lo son de la política paraguaya en general.
El futuro presidente deberá también luchar por buscar la estabilidad política que ha sido esquiva al Paraguay bajo los gobiernos civiles que siguieron a la caída de Stroessner en 1989.
González Macchi fue designado en el cargo cuando presidía el Senado y una crisis provocó la renuncia de Raúl Cubas. González Macchi sobrevivió él mismo a un juicio político que buscaba su remoción bajo acusaciones de corrupción gubernamental.
El nuevo presidente debe asumir el 15 de agosto, pero algunos han insinuado que el cambio podría anticiparse.