¿Qué país heredará el próximo presidente argentino?

Análisis de la agencia de noticias AP, por Mayra Pertossi

Quien asuma la presidencia argentina el 25 de mayo no sólo tendrá que seducir a una población indiferente y desencantada con la clase política, también deberá resolver varios problemas que podrían poner en jaque la leve recuperación de la economía.

La más pesada herencia será el nivel de pobreza, que alcanza al 57,5% de los 36 millones de argentinos, sumada a un desempleo del 17,8%.

"Estamos en un escenario mucho peor que el de las anteriores elecciones porque un proceso de destrucción de empleo tan fuerte como el que ha sufrido Argentina en los últimos años provoca que todos los reveses económicos se agudicen", dijo a la agencia de noticias AP el analista económico Rafael Ber, de la consultora privada Argentine Research.

Para empezar, el nuevo equipo económico tendrá que diseñar un plan de recomposición de los salarios que compense la caída del poder adquisitivo provocada por la devaluación del peso y una inflación acumulada de más del 40% sin desatar una ola inflacionaria.

Tareas gigantescas que encima deberán garantizar la continuidad de los planes sociales que actualmente benefician a dos millones de jefes de familia desocupados y que en caso de desaparecer arrojarían más gente a la pobreza.

En la lucha contra la desocupación las propuestas de los candidatos han sido unánimes: para promover el empleo es necesario reactivar el sector productivo y sobre todo las pequeñas y medianas empresas, que son las que emplean la mayor cantidad de recursos.

Pero esta meta tiene dos obstáculos: con la devaluación del peso y el congelamiento de los depósitos bancarios desapareció el crédito, y las pocas líneas de préstamos que ofrecen los bancos tienen tasas inviables que a veces superan el 30% anual.

Además, la crisis económica y política que siguió a la caída en diciembre de 2001 del gobierno de Fernando de la Rúa desalentó la inversión extranjera y hasta ahora ninguna compañía internacional ha expresado deseos de ingresar al mercado argentino al menos por este año.

"Creo que si el próximo gobierno es capaz de crear un marco jurídico sólido en el que pueda desarrollarse la actividad industrial las inversiones van a volver. Pero es necesario establecer reglas claras", explicó Hernán Fardi, economista de Maxinver.

Pero la promoción de la industria exige que la nueva administración defina un punto clave. "Hay que decidir qué tipo de país queremos, qué línea económica vamos a seguir, cuáles son nuestros fuertes y cómo impulsarlos y si vamos a seguir aprovechando la devaluación para tener a las exportaciones como la clave del crecimiento o vamos a empezar a trabajar en serio para industrializar al país", dijo Ber.

Al nuevo presidente también le tocará pagar las cuotas del plan de devolución del recorte de 13% en los salarios públicos y jubilaciones dispuesto a mediados de 2001 y que suma unos 1.200 millones de dólares, y eliminar los bonos emitidos por varias provincias que funcionan como cuasimonedas y equivalen al 20% del dinero circulante.

Todo sin salirse de un acotado presupuesto elaborado bajo la mirada atenta del Fondo Monetario Internacional (FMI) del que la nueva administración no se podrá desviar ni en un centavo.

El próximo gobierno, a su vez, tendrá que cerrar las cuentas pendientes con el sector privado: aún queda por resolver cómo se ajustarán las tarifas de las empresas de servicios públicos - que reciben los pagos en devaluados pesos y están endeudadas en dólares - sin estrechar el bolsillo de los consumidores.

A ello hay que agregarle la necesidad urgente de definir un mecanismo para compensar a los bancos la diferencia por la conversión automática a pesos de los créditos pactados originalmente en dólares al tiempo que están obligados a devolver los ahorros en moneda estadounidense.

Y por supuesto está la deuda: al nuevo presidente le tocará decidir cómo renegociará con los acreedores privados el pago de la deuda pública que suspendió en diciembre de 2001 y que equivale a unos 50.000 millones de dólares, y acordar un nuevo convenio de postergación de vencimientos con el FMI.

"El gobierno deberá establecer metas razonables de crecimiento y en base a ello elaborar un plan estableciendo qué puede pagar y cómo puede hacerlo. Pero esto va a implicar algunos años sin pagar amortizaciones o intereses, porque la economía no va a crecer de un día para el otro", indicó Fardi.

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