BUENOS AIRES | LA NACION
En su casona de Pinamar, el Presidente pasa las
horas previas a una semana decisiva para el futuro
electoral de su candidato, Néstor Kirchner, que, según
las últimas encuestas, fue superado para ingresar en
el balotaje por el nuevo fenómeno político, Ricardo
López Murphy, algo que preocupa a buena parte del
Gobierno.
¿Qué hace un hombre que está a 37 días de irse del
poder y que juega parte de su poder político en las
próximas elecciones?
Vestido de sport y casi en soledad, porque su esposa,
Hilda de Duhalde, se había ido a caminar, el
Presidente disfrutaba mirando un partido de tenis por
televisión, pero sin poder abstraerse de la elección
que le quita el sueño.
Estuvo en Pinamar desde el viernes y ayer debía
regresar a la residencia de Olivos.
La escena reflejaa una distensión que sólo es
aparente, porque Duhalde y los principales hombres
que integran su círculo íntimo saben que nada seguro
hay en el horizonte para las próximas elecciones. "Esta
semana es decisiva", se le escuchó decir al
Presidente, que, a pesar de estar descansando, todo
el tiempo monitoreaba las encuestas caseras que
registra su secretario privado en un cuaderno azul.
Duhalde le ha hecho llegar al candidato que apoya un
mensaje: que no se olvide de que en los próximos
cuatro días se define su futuro. Por esa razón, cree que
el gobernador de Santa Cruz deberá doblar su apuesta
en los medios de comunicación y sugirió aumentar la
publicidad televisiva, sobre todo el spot publicitario en
el que aparece el ministro de Economía, Roberto
Lavagna, porque creen que la decisión de que él
continúe en su cargo si gana Kirchner es un signo de
gobernabilidad y previsibilidad clave para sumar votos.
ROMPER LA PARIDAD. Sólo en privado el Presidente
admite la paridad que muestran las encuestas, y por
esa razón está convencido de que sólo ganará el que
pueda en los próximos días romper la paridad, aunque
cree que no habrá posibilidad de evitar el balotaje,
previsto para el 18 de mayo próximo. En esta semana
se juega la elección, según la visión de Duhalde, en la
televisión. No importan los actos de cierre, aunque
moverá el aparato bonaerense para que Kirchner
tenga un acto importante el jueves en La Matanza a la
misma hora en que Menem haga lo propio en el
estadio de River como cierre de campaña.
"Los candidatos tienen que cautivar a la gente que se
ha mostrado muy desinteresada en el proceso
electoral. Creo que en estos días habrá un cambio de
actitud porque se acerca la definición y ahí es donde
Kirchner debe sacar ventaja", fue la frase de Duhalde.
Existe preocupación en el círculo íntimo de Duhalde
por las resistencias que no se pudieron vencer en el
PJ bonaerense, pese a que Duhalde puso a su
esposa, que es como si estuviera él, en todos los
afiches de Kirchner que se pegarán en la provincia de
Buenos Aires.
La preocupación tiene sentido porque Duhalde cree
que nadie puede ser presidente sin imponerse en la
provincia de Buenos Aires, que concentra el 38 por
ciento del padrón electoral. Lo sabe por experiencia
propia: él perdió con Fernando de la Rúa en el territorio
donde construyó su poder político y donde daba por
seguro el triunfo. Hay encuestas que manejan en los
despachos de la Casa Rosada que muestran un
triunfo ajustado de Kirchner en la provincia de Buenos
Aires y otras en las que el ex presidente Carlos Menem
aparece primero.
Pero si hay algo que no preocupa a Duhalde es la
posibilidad de que el proceso electoral termine en un
escándalo institucional, pese a las denuncias públicas
de Menem, Adolfo Rodríguez Saá, Elisa Carrió y las
sospechas de López Murphy. Duhalde cree que no
habrá problemas con el escrutinio provisional a cargo
de la empresa española Indra y ni siquiera prevé que
los que lleguen al balotaje lo hagan por un estrecho
margen, como hasta ahora muestra la mayoría de las
encuestas.
DUDAS. Lo único que Duhalde concede sólo a los
íntimos es que fue "razonable" (ésa es la palabra que
utilizó) el planteo del juez electoral de La Plata que
presentó dudas sobre la posibilidad de contar con el
escrutinio definitivo (el judicial, el que vale) luego del
18 de mayo próximo, fecha prevista para el balotaje, y
antes del 25, cuando el Presidente traspasará el
mando a su sucesor.
Sin embargo, Duhalde cree que por la simpleza de la
elección (sólo se vota la fórmula presidencial) todo
llegará a término y él entregará el mando el 25 de
mayo próximo a su sucesor. Por eso, salió
públicamente a insistir en que no cree que haya
dilaciones en el recuento de votos y que podrá irse del
poder en la fecha prevista.
APUESTA. Duhalde pelea con sus ganas de meterse
directamente en la campaña, lo que no le permite su
cargo.
Pese a que todo el mundo sabe que en el tramo final
de su gestión transitoria gobernó pensando en su
candidato (lo último fue el voto de abstención contra la
condena a Cuba), el sábado llegó al límite y usó la
frase que usa Kirchner en todos sus discursos: "Los
argentinos no debemos dar un paso atrás porque si
no vamos a ir a la Chacarita", dijo en referencia a
Menem.
De Rodríguez Saá ya no habla porque cree en las
encuestas que marcan el detenimiento de la escalada
del ex presidente provisional. De López Murphy, él y
sus funcionarios hablan en privado: no entienden el
fenómeno y temen que se acreciente en los últimos
días.
Duhalde, adicto a las encuestas, confía en los
encuestadores que le dicen que lo de López Murphy es
sólo un fenómeno que se da en los centros urbanos.