Domingo 20 de abril de 2003- Año 85 -Nº 29345
Internet Año 8 - Nº 2455 | Montevideo - Uruguay
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TERCERA EDAD | Esta semana se inicia tratativa con el gobierno para buscar soluciones inmediatas para 9 mil pasivos que están en lista de espera
Plan alternativo a viviendas del BPS

Pasivos aportan un millón de dólares por mes, pero se construye caro y poco. ¿Las soluciones?: subsidios para familias, alquilar hoteles y ampliar red de hospicios

ANTONIO ALVAREZ

Al cambiar la palabra "vivienda" por un concepto más flexible como "solución habitacional", la Ley de Urgencia II despejó el camino para un cambio radical y acaso polémico en los programas de calidad de vida para personas mayores de 60 años.

Fue algo más que un giro idiomático, porque sin mencionarlo específicamente, abrió un panorama de reformas en las políticas de vivienda para la tercera edad, cuando ni siquiera asomaba en el horizonte el embrión de un proyecto alternativo.

Lo cierto es que más allá de cuestiones semánticas, el BPS analiza poner menos atención en la construcción de viviendas para jubilados y reorientar el dinero que se le descuenta a los pasivos en aumentar la red de tercera edad, promover el alquiler de fincas en grupos de adultos mayores, abonar subsidios a familias que quieran alojar ancianos, e inclusive recurrir a piezas de hotel para hallar soluciones inmediatas a la gran demanda de techo que debe viabilizar el BPS en el corto plazo.

Existe una sola certeza en la que coinciden tirios y troyanos de esta polémica impostergable. Desde que comenzó a instrumentarse el descuento de 1 y 2 por ciento a las pasividades, el nivel de construcción de viviendas para pasivos ha sido más bien insuficiente, sobre todo teniendo en cuenta que el fondo recaudó 380 millones de dólares desde 1989.

La otra certeza en la que existe unanimidad por parte de todos los protagonistas es que por el tipo de beneficiario al que está destinado el servicio, el concepto de "soluciones habitacionales" parece un término más adecuado para poner en claro que esta demanda no admite la menor demora.

Un informe de la Gerencia de Prestaciones Sociales del Banco de Previsión Social que aún circula en forma reservada dentro del directorio postula soluciones alternativas, algunas de las cuales serán polémicas, aunque a nadie se le ocurra discutir ni la oportunidad ni la pertinencia de las mismas.

El documento maneja que son más de 9 mil las personas que integran el registro de viviendas, una cifra que se encuentra sensiblemente por encima de las marcas históricas y que coincide además con un preocupante mapa de situación de las pasividades en Uruguay. El sistema ha cubierto a uno de cada cinco postulantes a viviendas (22%) y nada indica que eso vaya a cambiar.

La ineficiencia del sistema y la caída del poder adquisitivo de jubilaciones y pensiones son las dos variables más importantes del diagnóstico.

La Gerencia de Prestaciones Sociales argumenta que el sistema de construcción de viviendas cayó por su propio peso. Actualmente el costo por apartamento o casa promedia los 40 mil dólares, un precio inmobiliario considerado caro para un proyecto cuyo fin es la entrega de viviendas sociales.

Semanas atrás, el ministro de Vivienda, Saúl Irureta, expresó ante miembros de una comisión parlamentaria que los presupuestos manejados están "al costo de construcción de Punta del Este o de cualquier barrio pudiente de Montevideo"

En esa ocasión, el Ministerio de Vivienda advirtió además en su carácter de administrador del programa habitacional sobre los preocupantes índices de incumplimiento de las empresas, que han provocado un aumento exponencial de los juicios ejecutivos en los últimos dos o tres años.

El propio ministro Irureta utilizó una ironía seguramente involuntaria para sincerarse acerca del plan social y dijo que el BPS había convertido a la secretaría de Estado en "la mayor inmobiliaria del país".

RED DE VOLUNTARIOS. Lejos de entrar en un debate, las oficinas técnicas del Banco de Previsión van en la misma línea de pensamiento del ministro. Poner en tela de juicio el sistema de viviendas y reorientar los esfuerzos financieros y recursos humanos era un viejo reclamo de la Gerencia de Prestaciones del Banco de Previsión Social.

No es un pronunciamiento más en el debate. Se trata del sector del organismo que se mueve en mayor contacto con la población pasiva. Sus asistentes sociales trabajan codo a codo con más de 500 instituciones, entre hogares de ancianos y asociaciones de pasivos, además de centros para discapacitados.

El Banco de Previsión Social coordina con estos grupos bastante más que proyectos de vivienda. Desde hace algunos años, el organismo no financia gastos fijos de las instituciones tales como luz, agua u subsidios permanentes. Pero a cambio cuenta con un fondo anual de 400 mil dólares que se destina a proyectos de expansión de carácter comunitario. Más de un centenar de planes por año son presentados por la red de voluntariado, los cuales deben pasar por el filtro técnico. En caso afirmativo, el BPS aporta dinero y entrenamiento a sus gestores.

Esta gerencia solidificó ese vínculo en los últimos años y en este momento acaba de terminar un pormenorizado registro de cada organización con informes acerca de trayectorias e inversiones, el cual será presentado al directorio en pocas semanas, dijeron a El País fuentes del organismo.

"No vamos a tener el mismo tratamiento con instituciones que han tenido un desarrollo y han cumplido objetivos, que con aquellas que hace años se han quedado en la misma actividad y atienden a muy poca gente. No sería justo", agregó una calificada fuente del sector.

El BPS se propone inclusive tener pronto una exhaustiva relación de gastos y subsidios empleados en los últimos años, un registro de viviendas disponibles a partir de estas instituciones, datos que de alguna manera serán un buen punto de partida en busca de nuevas soluciones habitacionales.

El análisis servirá además para extender actividades o retirar apoyos, según cada caso, con el fin de una mejor utilización de la infraestructura.

La exitosa experiencia de trabajo con más de 5 mil voluntarios es la base de argumentación de la Gerencia de Prestaciones Sociales para extender la red de hogares de ancianos como alternativa inmediata a la demanda de viviendas.

Pero en el paquete de soluciones el informe plantea también el arrendamiento de hoteles que se encuentren vacíos y el otorgamiento de dinero a dos puntas: o bien para que las familias de los jubilados asistan a sus ancianos, o bien para que otras familias puedan dar residencia a adultos mayores en situación de emergencia.

Es un sistema tripartito que ya funciona con éxito en los hogares de ancianos que trabajan en coordinación con el BPS. Cada pasivo tiene un costo fijo para el organismo de unos 3.000 pesos. Los voluntarios ponen su dedicación y tiempo sin que eso sea un gasto para el erario. Y el jubilado o pensionista a su vez solo pone el dinero para su alimentación de lo que percibe como pasividad.

Los directores políticos aún no quieren hablar públicamente del asunto, mientras los directores sociales —especialmente los representantes de pasivos y trabajadores— muestran algunas discrepancias, sobre todo con las alternativas más liberales del plan.

Lo que se sabe es que el directorio en pleno estaría dispuesto a revisar la política de viviendas y extender la red de hogares. Pero la alternativa de los subsidios a familias y el alquiler de casas y hoteles genera controversias.

LADRILLO Y REALIDAD. Hay buenas señales del gobierno. La otra contraparte del plan, el ministro de Vivienda Saúl Irureta Goyena, ya tiene posición abierta y favorable a tratar estas iniciativas.

Como ex consultor del BPS en políticas de vivienda, Irureta fue concluyente y planteó viejos problemas sin solución que echan por tierra los grandes e ineficaces esfuerzos arquitectónicos del Estado: "el viejo no precisa una vivienda sino un ámbito donde pasar los últimos años de su vida, y eso implica atención y acompañamiento. Si le doy una vivienda en un décimo piso, se lleva a su familia. Cuando ese anciano muere, ¿quién saca a la familia de allí?", se preguntó el ministro.

Para el director del BPS Arturo Fernández, que representa a las organizaciones de pasivos, antes de entrar a discutir detalles del plan, habría que establecer algunas contiendas de competencia con el Ministerio de Vivienda y saber a dónde está el dinero recaudado para el fondo habitacional.

Fuentes del BPS aseguran que el dinero es escrupulosamente depositado en una cuenta del Banco República, aunque nadie quiere dar con precisión cual es la cantidad exacta de dinero que proviene del descuento de 1 y 2 por ciento de las pasividades.

La recaudación sería de un millón de dólares al mes, según una estimación extraoficial. El cálculo surge del 3 por ciento que retiene el BPS para el pago de gastos de los 160 complejos habitacionales que administra, una suma cercana al millón de pesos por mes.

El director social Fernández, un maestro jubilado oriundo de Cerro Largo, cree que se trata de dinero de los pasivos y que más allá de cualquier discusión no existe inversión más inobjetable y transparente que apostar a la contundencia de los ladrillos.

"La idea fuerza de este fondo que financian los pasivos ha sido siempre la construcción de viviendas. Y personalmente creo que es el mejor destino. Estoy dispuesto a ver otras alternativas como la ampliación de la red de hogares de ancianos. Los otros proyectos hay que estudiarlos más a fondo", asegura Fernández.

Para él, uno de los aspectos discutibles del proyecto es que se pretende abandonar las construcciones que se encuentren en un porcentaje menor al 70 por ciento del cronograma de obras.

Actualmente el BPS tiene 1.352 obras en construcción y 403 en plan de ser licitadas. Se cree que entre 70 y 100 se encuentran actualmente en litigio por incumplimiento por parte de las empresas constructoras.

"Abandonar buena parte de estas obras sería desperdiciar una gran inversión que se hizo con el aporte de uno de los sectores más desprotegidos de nuestra población. Tenemos que defendernos de los incumplimientos. Hay que seguir adelante con los juicios contra las empresas", dijo el representante de los jubilados.

Para Ariel Ferrari, que representa a los trabajadores sindicalizados en el Pit-Cnt, el plan de viviendas cuenta con muchas debilidades, aunque asegura que "la ley está para cumplirse".

De todos modos, Ferrari cree que el sistema deberá ser revisto en el futuro cercano. La experiencia marca que las viviendas son caras a pesar de construirse en zonas periféricas y a pesar del consiguiente bajo costo de la tierra.

Más allá de puntos de vista, todos los directores del BPS —sociales y políticos— creen que ha llegado la hora de replantearse algunos temas, ya que los costos de mantenimiento de los complejos no da para más.

El pago de servicios 222, gastos comunes, reparaciones de ascensores y otros elementos, se suman a la caída de las propias jubilaciones y pensiones que alimentan ese mismo fondo, según explicó Ferrari.

GUETOs inseguros. Otra de las duras críticas que se le hace al plan es que las viviendas están lejos de los centros comerciales, lo cual expone a los pasivos a grandes y onerosos traslados, por no mencionar los graves problemas de seguridad.

Pero además se trata de un sistema de difícil ajuste a la realidad de los adultos mayores. Estos se quejan de constantes problemas de convivencia con el entorno. Una gran mayoría pone en jaque la filosofía de las soluciones habitacionales calificando los complejos habitacionales como "guetos de jubilados". Y a estas situaciones deberían agregarse dificultades propias de la edad de los beneficiarios, tales como la salud física y mental.

"Uno de los problemas que presenta el sistema es que el titular debe ser una persona autoválida. Es decir, debe moverse por sus propios medios. En una edad como ésta, es muy común que ese hecho cambie de un momento a otro por un quebranto de salud, una caída, etcétera. Un sistema que combine la construcción de viviendas con los hogares de ancianos permitiría contar con una alternativa para el beneficiario y así poder ceder la vivienda a otra persona que sí la pueda habitar", afirma Arturo Fernández.

El cuidado en los hogares en una buena alternativa ante la nueva contigencia. Pero los directores sociales no están de acuerdo en las restantes opciones, como los subsidios y los alquileres de fincas, porque son difíciles de controlar. Y usan argumentos de los impulsores de los nuevos criterios a fin de refutarlas. Para Ferrari, el otro director social, si el Ministerio de Vivienda no puede administrar las 4.500 viviendas, tendrá serias dificultades para manejar este nuevo abanico de prestaciones.

"Será un tema engorroso. Pero además puede generar dudas acerca del destino de los fondos. Creo también que el BPS no puede centrar toda su actividad tan solo en hacer los pedidos de viviendas y dar las llaves una vez que éstas han sido construidas. Quisiéramos una actitud más protagónica, para la cual habría que cambiar la ley actual", afirma el director.

Desde la aprobación de la Ley de Urgencia II en el año 2001, el BPS participa de todo el proceso de soluciones habitacionales a través de una Comisión de Viviendas, integrada por tres miembros del organismo previsional y tres representantes del MVOTMA nombrados por el ministro Saúl Irureta. Pero se trata de un órgano que no tiene ninguna capacidad de contralor y es de carácter estrictamente consultivo.

Esta semana la comisión será citada por primera vez en el Ministerio de Vivienda. Aunque la política de soluciones habitaciones está puesta sobre la mesa desde hace dos años al menos, gran parte del paquete de medidas será tratado oficialmente por primera vez ese día.

La comisión deberá dar respuesta a la pregunta que el propio ministro Irureta se hiciera a sí mismo y a los legisladores: "¿Hay una política de vivienda para jubilados sólida, establecida, discutida y aceptada que permite acumular resultados en sucesivas administraciones y hacer que nuestros viejos vivan mejor? Creo que no".


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