Análisis - José Mastandrea
Peñarol y Bella Vista sólo tuvieron algunos chispazos de fútbol moderno, bien jugado, de toque, con precisión y velocidad. Cuando en los aurinegros se juntaron Antonio Pacheco, Daniel Jiménez y Fabián Estoyanoff, apareció ese equipo vivaz y explosivo que Diego Aguirre busca desde enero. Pero fueron contados minutos. Demasiado pocos.
Y en los auriblancos sucedió algo similar. Alguna maniobra individual de Jorge Casanova, las corridas de Rodrigo Bengua y nada más. El resto del partido se fue con dos equipos que jugaron un fútbol lento, impreciso, sin sorpresa. Los bostezos en las tribunas se fueron sucediendo. No faltó algún lamento después de soportar estoica y heroicamente un partido que fue "más aburrido que chupar un clavo".