Una prostituta de 39 años, con cuatro antecedentes por hurto, dejó un tendal de víctimas a las que narcotizaba para luego apoderarse de su dinero. Tras su detención por parte de investigadores de la División Homicidios, Donata Silva Ojeda confesó su responsabilidad en seis casos. Pero mientras declaraba ante la Justicia la Policía recibió al menos otras nueve denuncias de personas que habían resultado víctimas de esta mujer, por lo que se amplió la investigación en torno a las andanzas de la prostituta de cabellos rubios. También se investiga la muerte de un hombre de 66 años, ocurrida hace una semana y que podría responder al patrón de víctimas de la "pastillera", como se le conoce en el ambiente.
Hacía no menos de un año que esta mujer era intensamente buscada por la Policía. Sus víctimas, generalmente, eran retirados militares o policiales de entre 60 y 70 años. Invariablemente, la mujer trababa conversación con su presa, los invitaba a tomar alguna bebida en un bar y aprovechando cualquier distracción colocaba las sustancias en la bebida.
Donata Silva Ojeda cumplió su última condena por el delito de hurto en grado de tentativa a fines de 2001. Desde entonces se cree que la mujer había comenzado a experimentar con esta modalidad de robo y se estima que en muchos casos actuó con una cómplice que los investigadores de Homicidios buscan ahora intensamente.
IN FRAGANTI. Un equipo de investigadores de la División Homicidios que se desplazaba en un coche policial sin insignias por los alrededores del Palacio Legislativo sorprendió a la mujer en plena faena.
La descripción de la mujer rubia, repetida por no menos de cuatro víctimas distintas, estaba muy fresca en la memoria de los policías que al pasar casualmente por la sede parlamentaria vieron cómo una mujer echaba mano a los bolsillos de un hombre de paso vacilante. La delincuente fue rápidamente reducida por los policías que debieron trasladar de inmediato a la víctima, un hombre de 57 años que ingresó al hospital Maciel con un coma farmacológico y permaneció internado por 36 horas. Ayer este hombre, ya con el alta médica pero aún con los efectos de los potentes narcóticos, pudo declarar en la sede judicial.
Otra de sus víctimas permanece internado en el CTI del Hospital Militar, pero los investigadores han logrado establecer fehacientemente que fue drogado por esta mujer. Silva Ojeda admitió ante los policías su responsabilidad en estos dos casos y confesó la autoría en otros cuatro.
Pero las investigaciones no concluirán con el fallo judicial que ahora la envió a prisión. Los investigadores de Homicidios lograron establecer que la mujer operaba en los alrededores de la Caja Militar, de ahí que la mayoría de sus víctimas fueran jubilados castrenses. Tras relevar denuncias de hechos similares en varias comisarías, hallaron otros nueve casos que responden al mismo patrón. A estos casos se suma el de otro retirado militar de 66 años, cuyo cuerpo sin vida fue hallado tras los arbustos de una plaza frente al Palacio Legislativo hace una semana. El primer dictamen forense había determinado como paro cardiorrespiratorio la causa de muerte, pero ahora se realizarán exámenes toxicológicos para establecer si fue narcotizado.