La ola migratoria que se produjo desde 1999 ya llegó a los niveles de 1973, cuando se produjo el golpe de Estado militar. En 2002 se fueron de Uruguay 28 mil personas más de las que llegaron, según los datos de migración obtenidos en el aeropuerto Carrasco. La cifra en 1973 era de 29 mil. Desde 1999 a 2001, la diferencia a favor de los que se fueron fue de 20 mil personas anuales. El récord fue en 1974, cuando el número de los que se fueron superó en 65 mil al de los que llegaron.
La dimensión de la actual ola migratoria movió a las autoridades del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) a pensar en adelantar para 2004 el recuento de población previo al censo que tendrá lugar en 2006. La medida se debe a la desactualización de los datos demográficos causada por la fuerte emigración de los uruguayos en los últimos años, según un artículo publicado en Búsqueda el 6 de marzo, basado en declaraciones del director del INE, Orual Andina.
Andina prefirió no hablar del tema con el diario El País, ya que "no hay nada nuevo para decir", según instruyó a su secretaria, pero es evidente que el fenómeno preocupa a la sociedad uruguaya y los datos aislados hablan de un nuevo éxodo. El récord histórico de emisión de pasaportes se había registrado en el año 2000, cuando se concedieron 61.296 libretas, pero los datos de 2002, sin contar diciembre, revelan que esa cifra ascendió a 64.663.
Ante el inminente cese de la exoneración de visa para los uruguayos que quieran ingresar a Estados Unidos (la exención vence el 13 de abril) las agencias de viajes reciben una cantidad muy superior de consultas y reservas hacia ese destino, con la intención de no volver, según estiman los propios vendedores de pasajes.
"Vamos a salvar la economía del Uruguay", exagera Gerardo, un panadero que trabaja en la construcción en Massachusetts, y que envía periódicamente dinero a su familia en el paisito. Desde que Estados Unidos decidió exonerar a los uruguayos de la molestia de obtener una visa para entrar, en 1999, los uruguayos se largaron masivamente a probar suerte al país del norte, aunque también España y otros países de Europa son preferidos por los uruguayos que emigran.
Adela Pellegrino, coordinadora del Programa de Población de la Facultad de Ciencias Sociales, sostiene que existe una gran dificultad para ponderar el fenómeno, ya que las intenciones de viaje cambian, de tal manera que los que quieren emigrar, vuelven, y muchos de los que van de turistas, se quedan. Además casi ninguno se registra en el consulado uruguayo del país al que emigra.
Pellegrino afirma que los datos de los uruguayos que emigraron tampoco se reflejan en los censos de los países en donde residen, ya que muchas veces los inmigrantes no responden al censo. En el caso del censo de Estados Unidos, se trata de un trabajo muy completo, pero no registra a los uruguayos, porque son una cantidad insignificante para ellos. Sí se tiene en cuenta la cantidad de mexicanos, por ejemplo.
Por esa razón no se puede establecer el perfil de los uruguayos que se fueron, qué oficios tienen, qué profesiones, cuántos estudios.
Pellegrino acota que en la década de 1970 los formularios del censo incluían preguntas sobre emigración. Se les preguntaba a las madres si tenían hijos en el exterior, pero eso se dejó de hacer, lo cual, según la experta en población, es una lástima, porque esos datos serían muy valiosos.
Pellegrino estableció que hasta antes de la última ola migratoria, se calculaba que aproximadamente el 10 por ciento de los uruguayos estaba afuera. Ahora podría haber unos 400 mil uruguayos en el exterior. Los comentarios generalizados hablan de muchos más uruguayos afuera, pero se suele contar como tales a los hijos de los uruguayos nacidos en el exterior. El saldo negativo de población entre los censos de 1963 y 1985 fue de 300 mil personas.
El crecimiento natural en Uruguay (diferencia entre nacimientos y fallecimientos) es de 21 mil personas por año, por lo cual, si se añaden los datos de entradas y salidas, se obtiene que el año pasado hubo un saldo negativo de 7 mil habitantes.
EXPECTATIVAS. Uruguay tiene un índice de emigración muy alto en la región, que no se corresponde con los índices económicos. Pellegrino explicó que los índices de la economía y los estudios sobre calidad de vida ubican a Uruguay en un punto alto dentro de América Latina, y sin embargo la emigración también es alta, lo que se puede explicar por las expectativas creadas en la población.
Esas expectativas de bienestar y de crecimiento están dadas por un buen nivel educativo, que no encuentra posibilidad de expresión y desarrollo en el país.
La educación también ofrece una mayor esperanza de avanzar en el país de destino, defenderse en otro idioma y progresar. Además, para emigrar hay que tener un dinero suficiente para pagar el pasaje y establecerse.
La emigración también se comporta como una bola de nieve, ya que los que se van envían dinero a familiares y amigos para que sigan sus pasos, les ofrecen un lugar donde quedarse, los alientan a tomar la decisión.
Miami es el destino más buscado
Miami es uno de los destinos preferidos para los emigrantes uruguayos del período de exención de visa en Estados Unidos. En esa ciudad, conocida por muchos como "la capital de América Latina", se calculaba que había 30 mil argentinos, y sin embargo en un partido de fútbol en que la selección estadounidense enfrentó a la de Argentina, en febrero, había 45 mil hinchas albicelestes en el Orange Bowl.
También había muchos uruguayos entre esa hinchada, con camisetas de Peñarol, de Nacional y también la celeste. Una uruguaya en un bar con una camiseta de la murga Contrafarsa, también en febrero, despertó la atención de unos cuantos, que demostraron su identidad inmediatamente, algunos pronosticando que la Contra iba a volver a ganar el concurso, y otros diciendo que esta vez les tocaba a los Diablos (Verdes).
Los argentinos ya tienen su zona, "Little Argentina". Los uruguayos no llegan a tanto, pero hay edificios de South Beach en los que son amplia mayoría y muchos jóvenes trabajando en los restaurantes.
La mayoría son hombres de veintipico de años, los cuales, o bien no tenían trabajo, o bien no ganaban más de 2.500 pesos. En Miami no cobran menos de 7 dólares la hora, por trabajar en la cocina de alguno de los múltiples restaurantes, ocupándose de que todo esté limpio.
Muchos de ellos consiguieron dos trabajos, por lo cual ocupan 15 o 16 horas por día a procurarse el dinero que ahorrarán y del cual enviarán buena parte a su familia en Uruguay.
La situación de estos jóvenes no es la más cómoda. Tienen papeles, que les permiten tener cuenta de banco y deducir impuestos, pero no pueden obtener una licencia de conducir. Tampoco pueden entrar y salir de Estados Unidos, ya que si salen no los van a dejar entrar más.
Apuestan, además, a que no pase nada extraordinario, que provoque que las autoridades se pongan a buscarlos. Todos saben que sólo en Miami, hay cientos de miles de ilegales, pero la "migra" no se preocupa. Sin embargo, cuando ante el primer aniversario del 11 de setiembre, se extremaron las medidas de seguridad, una uruguaya que trabajaba en un aeropuerto de Miami fue presa por poseer documentación falsa.
La inminencia de la guerra con Irak reaviva los temores, pero lo bueno es que con tanto trabajo no hay mucho tiempo para pensar.