"Me encuentro un ser patético"

| El polémico y transgresor actor argentino se presenta por primera vez en su país natal con "Mugre", su espectáculo unipersonal en el que desfilan provocativos y fuertes personajes que al igual que el artista no tienen límites a la hora de despacharse sobre todo el mundo

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magdalena herrera

Caravanas, muchos anillos y uñas pintadas de violeta caracterizan su apariencia. Desde adentro afloran la transgresión, la polémica, el discurso ácido y procaz y las angustias de lo vivido, incluso al borde de la muerte. Con 40 años, el uruguayo-argentino Fernando Peña no calla nada de lo que piensa o quiere decir. No tiene límites, confiesa, y se siente Mugre como denominó a su espectáculo que estrena hoy en el Teatro Stella, y que también va sábado y domingo.

El unipersonal, que viene de presentarse durante la temporada en Mar del Plata, provoca las más extremas reacciones. Algunos se retiran. Otros lo adoran y convierten al protagonista en un éxito mediático. Por otra parte, Mugre obtuvo el premio Estrella del Mar como mejor unipersonal de la temporada. Fernando Peña, y ese atrevido desfile de personajes que interpreta en la radio y el teatro argentino, ahora intentarán ganarse al público uruguayo con su provocativa versión del arte.

Homosexual jamás aceptado por su madre, Peña confesó hace un par de años tener Sida. Ahora, dice que la enfermedad ha sido un aprendizaje en lo personal, en lo laboral, en su vida al límite. De todas maneras se siente patético y aclara que detesta a los seres humanos. ¿Pose o su verdad?

—¿Se siente uruguayo o argentino?

—Totalmente dividido: rioplatense. Soy la isla Martín García en el medio del río.

—Algunas crónicas señalan que nació en Montevideo y otras en Canelones.

—Nací en Montevideo, en el Hospital Británico. Lo que pasa es que interpreto a un personaje, Cristina Megahertz "la Mega", la travesti locutora, que nació en Canelones. Ese es uno de mis problemas más fuertes: la gente no diferencia entre mis personajes y yo. Gasalla, por ejemplo, no se mete en los personajes, él hace de. Yo soy la Mega, me confunden.

—¿Por qué cree que lo confunden?

—Porque soy mejor actor. Gasalla tiene otras cosas, pero me considero mejor actor que él. Me meto en los personajes de tal forma que soy él... Perdoname un minuto pero me llaman de la televisión argentina para entrevistarme por lo que dije recién en el programa de Omar Gutiérrez sobre los presidentes. (Minutos antes, en vivo por Canal 4, Peña criticó fuertemente a Batlle y a Duhalde)...Volví, perdón.

—¿Se arrepiente alguna vez de las cosas que dice?

—Noooo, de lo que dije de Batlle y Duhalde, nunca. Quizás me arrepienta de lo que te dije de Gasalla hace unos minutos. Pero en realidad nunca me arrepiento, no soy un loquito.

—¿Peña no es un personaje también?

—Pero por accidente. Los otros son elegidos y están elaborados. Esto es un accidente, vos también sos un personaje, como todos. Pero mis personajes de teatro son artísticos y cuando el público los confunde con Peña no tiene que venir a verme nunca más en su vida. Una vez que me confunden, no disfrutan más. Lo diferente que tengo a Gasalla, Perciavalle, Pinti, es que yo soy nada más que los personajes. No puedo hacer de Peña en el escenario porque no me sale

—¿No le gusta ser Peña?

—No.

—¿Por qué?

—Porque me parezco patético.

—Sin embargo, va por ahí llevándose el mundo por delante.

—Al mundo no, voy llevándome yo, me cargo, porque sino estaría muerto. De hecho fue así: o me tomaba como era o me suicidaba. Y bueno me tomé como soy. Tenemos que ser gay y vamos a ser gay. (Peña utiliza otro término).

—¿Se psicoanalizó?

—Sí, por eso soy como soy. Sin análisis me hubiera casado, tenido hijos y hubiera sido un cobarde como mucha gente. No solo hablo de los homosexuales, sino también de hombres y mujeres que no eligen su vida.

—¿Imagina esa otra vida: casado, con hijos?

—No, jamás, antes muerto.

—¿Hasta que edad vivió en Montevideo?

—Hasta los 13 o 14.

—¿Pero sus padres eran argentinos?

—Sí, ellos vinieron de luna de miel, y cuando estuvieron acá se divorciaron. Y mi mamá se quiso quedar. Mi padre iba y venía todo el tiempo.

—¿Los recuerdos de esa época son buenos?

—Muy buenos.

—¿Le provoca temor actuar por primera vez en Montevideo?

—Temor, no; ansiedad. Es muy fuerte estar donde uno nació. Me da emoción y felicidad pero no miedo. Lo peor que puede pasar es que no les guste. Me daría tristeza. Yo necesito es un público sensible.

—Capaz de soportar un espectáculo cien por ciento transgresor.

—A veces la gente pone la mirada solo en la guasada. En mi espectáculo hay guasadas pero se centra en algo mucho más patético que es la soledad del ser humano.

—¿Por qué la soledad?

—Porque me parece que estamos muy solos. El ser humano vive buscando el amor y cuando lo encuentra, se le va. El ser humano es misterioso y es lo peor que le puede haber pasado al mundo. Estoy deseando que el planeta explote y mueran todos. Yo primero.

—¿Por eso nació "Mugre" como espectáculo?

—Sí, cuando vi que no podía rescatar ni una sola persona en el mundo, ni siquiera a mí, que no tuviera sentimientos mugrosos. Un pensamiento mugroso es dejar que atienda el contestador telefónico, escuchar quién es y ahí tomar el tubo o no. Eso es mugre y yo lo hago.

—¿No hay excepciones?

—No. No sé si soy sincero por serlo o porque la sinceridad me abre puertas. La desconfianza, el miedo, la culpa, el ser reprimido, todo eso es mugre. Estoy cansado de ver matrimonios infelices, mujeres con la vagina oxidada, hombres impotentes, chicos infelices envueltos en ese matrimonio, homosexuales promiscuos, lesbianas que quieren manifestar la liberación de la mujer y no pueden, guerra, paz, polución, discusiones. La gente no sirve. En el fondo no nos importa nada.

—Hace un rato cuando se enojó tanto con su productor, decía que le enfurecía la no profesionalidad porque a usted le había costado mucho llegar hasta donde está.

—Sí, mucho. Primero me costó ser homosexual ante una sociedad que no me aceptaba. Yo sabía que era maricón porque había probado con mujeres. El verdadero marica es el que probó con mujeres.

—¿La sociedad o su familia?

—La sociedad. Cuando yo tuve 16 años, en mi familia ya estaban muertos. Mi mamá vivía en Estados Unidos y para mi estaba muerta. Y mi papá había fallecido biológicamente. Me quedó la sociedad que nunca me aceptó. En el año 83 yo ya usaba anillos, pulseras, caravanas y me pintaba las uñas. Perdí trabajos, tuve que laburar de mozo, profesor de inglés, cuidacoche, instructor de patín y de esquí, lavaperros, lava-autos. Si no lo hacía no comía.

—¿Por qué murió su madre en vida para usted?

—Porque no me aceptó como era. Una madre tiene que aceptar a un hijo como es.

—Debe haber sido doloroso

—Sí, pero había cosas de mi papá y mi mamá que también eran dolorosas y yo las acepté.

—Doloroso para usted.

—Por supuesto. Me marcaron, pero me marcaron bien. En vez de ir a matar a mi mamá como Norman Bates, me salvé yo.

—¿Hoy la sociedad lo acepta?

—No. Está curiosa conmigo.

—¿Está de moda?

—Creo que sí.

—¿Pero cuánta gente fue a ver el show durante el verano?

—Muchísima, pero no sé a cuantos de ellos les gustó. En realidad, lo que te quiero decir es que a mí me aceptan. Pero la sociedad actual rechaza a un Peña ignoto. Por ende, no me acepta. La sociedad no está lista para las diferencias y no acepta a un Peña, a una mujer divorciada con hijos que labure o un tipo que es adicto a las drogas. La sociedad está lista solo para las cosas básicas: casarse, tener hijos y trabajar. Ni siquiera está lista para la muerte y no cree en ella. La gente va a misa para no morir. ¿Dónde estamos?

—¿Detesta a la gente?

—Sí, y por ende a mí. Porque tengo otros defectos que son mis miserias. No detesto a la gente ‘per se’, detesto el mecanismo que la gente se autoimpone. Basta de culpas, de flagelos, de ir a misa para vivir dos días más, de creer en fetiches. El peor defecto del ser humano es creerse inmortal, y que la muerte le toca siempre a otro. El ser humano es involutivo, lo digo en los monólogos. Nosotros tenemos casas donde se venden armas. Imaginate que los peces, en el fondo del mar, tuvieran negocios de cañas de pescar. Es así de ridículo.

— Pasó por un tratamiento de quimioterapia y estuvo muy cerca de la muerte. ¿No se planteó otras cosas en esos momentos límites?

— No, era un cacho de carne que tenía que morir si la quimioterapia no actuaba. La vida te vive mostrando que uno no tiene control de nada, es el destino. En este momento que estamos hablando hay millones y millones de materias dando vuelta, virus, oxígeno, aviones que aterrizan, subtes en todo el planeta, gente que está teniendo relaciones sexuales, otra que se está divorciando y sigue.

—¿Cómo vivió la experiencia de saber que tenía Sida?

—Como un aprendizaje. El sufrir es mejor que estar alegre y sospecho de los momentos de alegrías. Cuando sufro y estoy deprimido algo bueno sale. Luego que me enteré que tenía sida, comencé a desarrollar un linfoma agudísimo y tuve que someterme a quimioterapia. Un tratamiento horrible pero lo eliminé. El virus ahora no se detecta, lo que significa que la carga viral es mínima.

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