El fantasma del maccarthysmo planea sobre Hollywood. El propio Sindicato de Actores de los Estados Unidos ha establecido la conexión al señalar que ya se estarían confeccionando en los estudios cinematográficos "listas negras" como las que excluyeron de la industria a comienzos de los años cincuenta a numerosos intérpretes, directores, libretistas y hasta músicos de ideología izquierdista. Las víctimas serían esta vez quienes se están pronunciando contra la anunciada guerra que el gobierno de Bush está dispuesto a desencadenar contra Irak.
El comunicado de los actores comete un leve error de información: atribuye al senador Joseph McCarthy las investigaciones acerca de la infiltración comunista en Hollywood emprendidas por el Comité sobre Actividades Antiamericanas, que era en realidad una comisión del Congreso (es decir la Cámara de Diputados) con la que McCarthy nunca tuvo nada que ver. De hecho, el entusiasta senador demócrata estaba muy ocupado denunciando a marxistas reales e imaginarios que operaban en otras áreas, y jamás dijo una palabra sobre la gente de cine. Pero el fondo de la cuestión persiste: aquí parece haber nuevamente, por parte de algunos, la intención de dejar fuera de la industria a actores y realizadores por sus opiniones privadas, no por lo que hayan podido hacer dentro del cine.
Solo que, esta vez, si quienes decidan confeccionar las listas negras pretenden hacerlo en serio van a tener trabajo, y las listas van a ser largas. Todo parece haber comenzado cuando el actor Sean Penn acusó al productor Steve Bing de incumplimiento de contrato, por haberlo eliminado de un proyecto cinematográfico como consecuencia (sostiene) de su postura contraria a la guerra y su reciente visita a Bagdad (Bing afirma por su parte que fue Penn quien renunció). El caso más notorio ha sido empero el de Martin Sheen, quien encarna a un presidente ficticio en la serie The West Wing: los ejecutivos de la productora NBC están preocupados por los mensajes de espectadores que solicitan que el actor sea despedido y amenazan con boicotear sus trabajos y los de otros "pacifistas". El equipo de la serie ha apoyado a Sheen, y los ejecutivos del canal se han apresurado a distinguir las "opiniones personales" de Sheen de su labor profesional, pero se sabe que temen un descenso en la audiencia.
"No iré al cine. No apoyaré los programas de televisión, no compraré su música. Mi familia y yo podríamos boicotear a cualquiera en Hollywood hasta que ellos decidan que su trabajo sólo tiene el propósito de entretener", escribió una persona en la petición online firmada como "Ciudadanos Contra los Expertos Famosos". Por su parte, G.I.Jargon.com, una página web que agrupa a los militares estadounidenses, policías y bomberos, calificó a las celebridades como "talibanes" e hizo una llamada al boicot contra "los profesionales antiamericanos del entretenimiento".
El problema es que parece haber muchos taliban. Pese a que su presencia en actos públicos ha sido menor a la de Martin Sheen, Anjelica Huston o Janeane Garofalo, gran número de actores y directores de Hollywood han expresado de diferentes maneras su oposición a una posible guerra contra el régimen de Saddam Hussein. La lista de opositores a las posturas gubernamentales incluye a directores como Robert Redford, Oliver Stone, Robert Altman y Terry Gilliam, las actrices Jane Fonda, Susan Sarandon y Barbra Streisand, los actores Sean Penn y Dustin Hoffman, y muchos otros que han expresado su alarma por un posible ataque. Los nombres de Mia Farrow, Kim Basinger, Uma Thurman, David Duchovny, Tim Robbins, Matt Damon, Samuel L. Jackson y Jessica Lange aparecieron el pasado diciembre firmando una petición contra la guerra, calificándola como "alarmante e innecesaria". Y la cantante Madonna estrenará próximamente un video antibélico para acompañar al primer single de su nuevo álbum, American Life.
La propia Jennifer López ha expresado ideas parecidas. Mientras presentaba en Madrid su película Maid in Manhattan señaló el pasado martes: "A mí no me gustaría una guerra, no quiero que ocurra. Ojalá que la gente que está en el poder tome unas decisiones buenas para todo el mundo. Pero espero que estén pensando mucho en las vidas que están en peligro".
George Clooney ha sido incluso más directo: en declaraciones a un programa radial británico sostuvo que "George W. Bush y su gobierno manipulan a los norteamericanos para que apoyen una guerra contra Irak". Clooney agregó que el gobierno de Bush "hizo algo muy astuto, primero que nada al tratar de vincular los atentados del 11 de septiembre con Hussein, y luego al advertir: ‘ustedes están con nuestro gobierno o con el enemigo’, lo cual se opone directamente a la idea de la libertad de expresión y libertad de disentir. Ese es el principio fundamental y no es sólo un derecho, sino un deber patriótico el cuestionar las acciones del gobierno".
Aunque el tono de algunas declaraciones pueda resultar preocupante, Ellen Schrecker, profesora de historia de la Universidad de Yeshiva en Nueva York y experta en el maccarthysmo, sostiene que en las reacciones públicas hay elementos positivos. Por un lado reconoció que el nivel de retórica contra los que se manifiestan opuestos a la guerra podría presagiar un retorno a la era de la caza de brujas y las listas negras. Pero también agregó: "Lo que es alentador del comunicado del sindicato de actores es que reconoce la importancia de recordar la historia, y que está determinado a que no se repita".
Oscar: el show debe seguir
Con los ojos puestos en una eventual guerra con Irak, Hollywood debate qué sucederá con la ceremonia de los Oscar en caso de estallar el conflicto, pero los organizadores creen que el show debe continuar. El tema fue tratado durante una reunión de la junta de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas celebrada en la noche del martes, explicó el pasado miércoles a la AFP el portavoz de la institución, John Pavlik, negándose a dar detalles.
Convertida durante sus 75 años de historia en la ceremonia de premios cinematográficos más esperada del planeta, la organización de los Oscar requiere una enorme logística en la que participan miles de personas, desde nominados, presentadores e invitados, hasta técnicos, músicos, cocineros, camareros, floristas, vigilantes y periodistas procedentes de todo el mundo. Y a nadie en Hollywood le gusta pensar en la posibilidad de echar por la ventana meses y meses de preparación, aunque pueda temerse que la intervención en Irak pueda comenzar en cuestión de días.