Desde muy niño escuché en familia hablar de economía y de política. Mi padre fue durante mucho tiempo catedrático de Economía Política en la Facultad de Derecho. Su relación con la economía, empero, no fue sólo académica. También fue actor económico directo; supo jugar su prestigio y su capital, como Ministro de Industria lo primero y como accionista y director de empresas (ILDU, Coca Cola, Caja Obrera, etc.) lo segundo.
Personalmente y sólo en cuanto aficionado, sigo leyendo lo mucho que se escribe sobre este inacabable tema. En estos días me he topado con ciertos pensamientos y reflexiones que me resultaron provocadores y cuya difusión estimo pueda ser de provecho. El autor de esas reflexiones es Bresser Pereira, un brasilero que, además de ser actualmente profesor de economía, fue Ministro de Ciencia y Tecnología en la administración de F. H. Cardoso y había sido antes ministro de Hacienda del presidente Sarney.
Sostiene Bresser-Pereira que no conviene hablar de "el mercado financiero" como de algo único, unívoco y singular porque, en realidad, existen en ese terreno dos cosas. Por un lado hay un mercado subjetivo, personalizado, que tiene opiniones y teorías, que se manifiesta a favor o en contra de tal procedimiento o de tal política, pero que no maneja directamente dinero. Por otro lado está el mercado que está constituido por un espacio institucional competitivo, en el cual se intercambian valores, títulos y monedas de acuerdo a determinadas reglas.
El llamado mercado subjetivado o personalizado está dominado en forma hegemónica por economistas y contadores que utilizan una teoría convencional y un lenguaje propio, el cual es compartido por los demás operadores. La rapidez actual de las comunicaciones y el cúmulo de información circulante permite y favorece la operativa. Rapidez que vale no sólo para el tráfico de datos sino también de opiniones.
Es obvio que el mercado subjetivado —aquel donde lo que se arriesga son opiniones— se solapa y se superpone con el otro mercado, aquel donde los operadores realmente compran y venden, se enriquecen o se arruinan, es decir, arriesgan su patrimonio, juegan fichas en la carpeta. El mundo financiero está sobrepoblado: cuenta con una pléyade de consultores, economistas, empleados de las calificadoras de riesgo, y funcionarios de organismos internacionales, por un lado, y por el otro, una multitud enorme de gente que invierte: compra, vende, pierde o gana en ese juego. Si queremos darle al enfoque un sabor local para representarnos mejor esta realidad dual podemos pensar por un lado en Cancela y Caumont (quedándonos únicamente en la letra c de una larga lista de nombres posibles) y por otro en los que operan en la Bolsa de Valores, los que negocian Bonos del Tesoro, compran Obligaciones Negociables o hacen colocaciones a plazo fijo. El mercado sube o baja al socaire de un doble influjo: el de los que juegan los dólares y las libras y el de los que opinan y aconsejan; ambos lo mueven.
Bresser-Pereira redondea su pensamiento refiriéndose al Brasil y dice: "Cuando se materialicen las condiciones necesarias y el gobierno decida cambiar la política macroeconómica, deberá saber que el mercado personalizado será su adversario más crítico, en cuanto el mercado verdadero será el campo en el que tiene lugar ese juego. El adversario querrá también ser el árbitro del juego. Pero es posible derrotar adversarios interesados y equivocados. Lo que pasa, agrego yo, es que el mercado personalizado es dogmático pero no masca vidrio; cuando ven que se hace plata contraviniendo alguna teoría rápidamente cambia la teoría.