El nuevo presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, asumió una tarea difícil: sacar a su país del estancamiento en medio de un tira y afloje fuertemente contradictorio: por un lado sus compañeros de coalición —que quieren un cambio del modelo económico— y por otro lado, el Fondo Monetario Internacional (FMI), que exige exactamente lo contrario: reafirmar el modelo.
El Presidente brasileño pidió unidad verdadera en el Partido de los Trabajadores (PT), pero ya hubo críticas manifestadas por los sectores radicales que acusan a Lula de ser conservador.
La invitación a la unidad fue hecha dos días después que los dirigentes moderados del PT se enfrascaron en una polémica pública con la senadora Heloísa Helena, la cara más visible de los grupos radicales. Helena no acata la decisión partidaria de respaldar al gobierno; la senadora protestó abiertamente, contra la designación de Henrique Meirelles, ex banquero, vinculado a los sectores financieros, como Presidente del Banco Central; y se negó a participar en la sesión durante la cual el ex Primer Mandatario José Sarney, fue elegido con el voto del PT, para presidir el Congreso.
Para los radicales, que dicen representar el 30 por ciento del PT en la Cámara de Diputados, la decisión del gobierno de mantener el rumbo económico trazado por el antecesor de Lula, Fernando Henrique Cardoso, impedirá que se cumplan las promesas de un cambio social en Brasil.
Las divergencias dentro del PT se agravaron después que el diputado Joao Batista de Oliveira, conocido como "Babá", aseguró que no confiaba en el ministro de Hacienda, Antonio Palocci, "ni como médico".
Pese a que el portavoz del gobierno en el Congreso, el senador Aloizio Mercadante, le exigió que se retractara públicamente, Babá mantuvo su opinión sobre Palocci, un médico ex trotskista que ahora, como Ministro, defiende el mayor rigor en el ajuste fiscal.
Según el legislador regional Wilmar Lacerda (presidente del PT en el distrito federal de Brasilia) Lula le dio la razón, en un breve diálogo que mantuvo con los dirigentes regionales del partido.
—"Comprendo las posiciones históricas dentro del PT, pero también sé de la responsabilidad de tomar decisiones como la de nombrar al presidente del Banco Central" -afirmó el mandatario, según el relato hecho por Lacerda.
Por su parte, el presidente del PT, José Genoíno, que también participó en la reunión, aseguró que, pese a las críticas, el "clima en el partido es de optimismo".
—"Tenemos unidad política y partidaria y vamos a superar esta fase de agresiones y groserías. El partido está satisfecho con el gobierno de Lula" - dijo Genoíno en diálogo con la prensa.
El presidente del PT confirmó que Lula aprovechó la reunión para hacer un llamamiento a la unidad y que recordó que esa unidad fue la que hizo posible permitió ganar las elecciones en la segunda vuelta.
Lula llegó al poder con un discurso moderado, muy diferente al que pronunció en las anteriores contiendas electorales. Antes había defendido propuestas afines a los "radicales", como la ruptura con el Fondo Monetario Internacional o una moratoria para la deuda externa brasileña. La actitud con respecto al FMI, es clave tanto en Brasil como en el Uruguay.
En una entrevista publicada por el semanario Epoca, Genoíno dijo:
—"No vamos a admitir disidencias (...) porque si se admite eso se perderá la moral del equipo. El PT es respetado dentro del Congreso porque actúa como una bancada. Si deja de actuar así, dejaremos de ser un partido; seremos una aglomeración".
El dirigente efectuó estas declaraciones terminantes, después de oír las críticas realizadas por sus congresistas a la política del ministro de Economía, Antonio Palocci. Las declaraciones se hicieron públicas porque alguno de los legisladores grabó subrepticiamente la conversación y se la pasó a la prensa.
—"No había nada que esconder. Pero era una reunión privada con la bancada del PT y alguien fue infiel a la mutua confianza. Esa persona no podrá permanecer en el PT. Será excluida de los cuadros del partido" - dijo Genoíno.
Con todo, varios diputados radicales, pertenecientes al (PT) se reunieron con el ministro de Hacienda, Antonio Palocci, para expresarle su preocupación por la "transición conservadora" que, según ellos, está llevando a cabo el Presidente.
El diputado Chico Alençar dijo que algunos procedimientos "conservadores" en la política económica fueron iguales o hasta "más conservadores" que los adoptados por el gobierno anterior, como la fijación de un superávit primario de las cuentas públicas más elevado que el que se acordó con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Otras críticas apuntan a la propuesta de autonomía para el Banco Central; y al aumento de las tasas de interés.
—"Entendemos que el área económico-financiera del gobierno está más conservadora y hasta regresiva que en los tiempos de Fernando Henrique"— expresó Alençar.
—"Nos quieren centralizar sin que haya discusión" —expresó el diputado Joao Batista Araújo, de la Corriente Socialista de los Trabajadores— y agregó: —"El capital financiero no puede decirnos qué debemos hacer; nosotros estamos para enfrentar al capital financiero".
A pesar de estas críticas internas, la popularidad del Primer Mandatario se encuentra en una marca máxima que jamás había alcanzado. Según mostraron algunos sondeos recientes, el apoyo llega al 84 por ciento, un nivel que sólo había alcanzado Getulio Vargas.