CONSULTORA SERAGRO
La extraordinaria competitividad del sector le permitió sobrevivir, y hasta crecer en en la última década. Como todos los sectores exportadores, y los que debían enfrentar la competencia de bienes importados, estuvieron a la defensiva, y se perdieron miles de empresas y cientos de miles de puestos de trabajo.
A partir de la devaluación, mejoraron los márgenes económicos de las empresas orientadas a la exportación, y también las orientadas al mercado interno que se abastecía hasta entonces con importados.
El crecimiento de la industria, en enero, respecto al desastroso igual mes del año pasado, es de un 12 %, básicamente de las ramas sustitutivas de importaciones, que cayeron cerca de 60 % en el acumulado del año 2002; los montos sustituidos se estiman en U$S 12.000 millones.
El turismo interno, que también operó con un sentido similar, captó más de U$S 1.500 millones, buena parte de lo que en otros años se iba a gastar en otros lados (Uruguay, por ejemplo).
EN EL AGRO. En la recomposición de los ingresos de los establecimientos agropecuarios también hay que señalar la licuación de los pasivos que se produjo al pesificar las deudas (que estaban nominadas en dólares) en relación 1 a 1, como habían sido adquiridas, además de las extensiones de plazo, y demás facilidades otorgadas a los deudores.
Muchas zonas del interior están viviendo una auténtica primavera, ya no un "veranito", como tímidamente se bautizó a la incipiente reactivación que viven actualmente.
Aunque son commodities los que primero y fundamentalmente incrementan su producción y sus volúmenes exportados (es decir, productos considerados con poco valor agregado), su expansión provoca un fuerte impacto en el entorno económico, antes y después de la cosecha.
Así es que las fábricas de maquinaria agrícola y herramientas, fertilizantes, semillas, agroquímicos, bolsas de silos, fletes, servicios técnicos, servicios de secado y portuarios, ven desbordada su capacidad de atender una demanda acrecida en niveles explosivos.
Los pueblos de las localidades agrícolas viven un nuevo período dorado; hasta los municipios, crónicamente sedientos, tienen plata: pagan los sueldos y hacen sus obras. Las pequeñas industrias y comercios locales vuelven a la vida, como lo consignan todas las crónicas: fábricas textiles, de vestimenta, de muebles, la construcción de viviendas, los talleres mecánicos, los torneros y fabricantes más o menos artesanales; tienen pedidos que no pueden cubrir, y buscan la gente que sabía trabajar, y que perdieron en estos últimos tiempos.
También la ganadería hace lo suyo, y en las zonas propiamente pecuarias, no se consigue alambre, ni piques, ni alambradores (entre otras cosas); hay que hacer cola para que lo atiendan y quedar en lista de espera.
ECONOMIAS REGIONALES. Las distintas provincias y municipios suelen tener rubros propios en los que están especializados, de acuerdo al clima, suelo, recursos naturales, historia, etc.
Así es que Río Negro y Neuquén producen peras (Argentina es el primer exportador mundial, con 300 mil toneladas), y manzanas. Además elaboran 60 mil toneladas de jugo, que venden en EE.UU. Tucumán produce, y hoy también exporta, azúcar; en los últimos años se está convirtiendo en el mayor exportador de limones del mundo (produjo 1,25 millón de toneladas).
Salta produce y exporta porotos; junto a Misiones y Jujuy también produce tabaco, que se coloca fluidamente en el exterior, con fuertes subas de precio al productor.
En Mendoza, la tierra del vino, también se producen ajos para exportar; en La Rioja, es el olivo (y el aceite), en varias provincias se produce madera y proliferan los aserraderos; la lana es clave en la economía de la Patagonia, y aprovecha el repunte de sus precios. Incluso algunos rubros que venían en caída, empiezan a advertir otras posibilidades con la nueva relación de precios: el algodón, la yerba mate, el té, el maní, la miel (con valores internacionales en alza); tienen otro marco para pelear su lugar en la economía nacional.
En una estimación del diario Clarín, la suma recaudada por las provincias por exportaciones de estos productos asciende a unos U$S 2.000 millones anuales.
la gran ESTRELLA. De cualquier manera, el grueso del crecimiento se centra en los granos, y básicamente en la soja, que compensa la caída registrada en el trigo y al estancamiento de los volúmenes esperados en el maíz.
Como se aprecia en la gráfica, fuentes oficiales estiman que en este ejercicio agrícola (2002-2003), la cosecha alcanzará la cifra récord de 70,6 millones de toneladas de granos, un millón más que la del último ejercicio (2001-2002).
El crecimiento se da a partir del aumento, en el orden del 25 %, en los precios internacionales, que surge fundamentalmente de la sequía que afectó las zonas agrícolas de EE.UU.
La reactivación agrícola ya impulsó al alza el precio de los campos, que se ubican en valores similares a los previos a la crisis. Los campos agrícolas se pagan hasta U$S 3.000 por há., en tanto que los de invernada pueden llegar a U$S 1.300, según operadores confiables del ramo.
La oferta de arrendamientos de campos agrícolas es escasa, y los contratos alcanzan precios desmesurados.
Hablando de millones
n Argentina tiene expectativas ciertas de exportar por un monto de U$S 30.000 millones, y así lograr un superávit de más de U$S 16.000 millones en la balanza comercial (equilibrio entre lo que se importa y lo que se exporta), en este año 2003.
Las estimaciones de los especialistas determinan que solamente el complejo granario aportará unos U$S 10.000 millones, entre granos, harinas y aceites.
El cultivo estrella, la soja, por sí sola proveerá no menos de U$S 6.500 millones.