Washington Beltrán supo en su vida de compromisos difíciles en horas dramáticas. Conoció de la renuncia personal como actitud para mantener principios superiores y cosechó también el fruto sabroso del deber cumplido a lo largo de su extensa trayectoria.
Dos momentos de su vida sirven como ejemplo. Su renuncia como diputado en el año 1954, cuando su compromiso político era lograr la unidad de un Partido Nacional hasta entonces dividido. Electo por el Nacionalismo Independiente, Beltrán impulsó la reunión de los blancos y -ante un pronunciamiento contrario dentro de su Lema— mantuvo su decisión y abdicó de la banca que había conquistado.
El aporte de Washington Beltrán en esa hora es reconocido en forma unánime como elemento fundamental de un camino que llevaría a su colectividad política a la conquista del gobierno en 1958.
Uruguay viviría, una década después, momentos de mayor emergencia y también frente a ellos, Beltrán, lejos de rehuir los compromisos, se levantó como una voz de alerta ante una ruptura institucional que avizoraba.
El País reproduce a continuación, dos editoriales que dejan evidente su talla de estadista, de demócrata y de hombre libre. Uno, del 10 de febrero de 1973, en que clama por la reacción del mundo político ante la crisis que se avecinaba. Otro, escrito en noviembre de 1984, cuando el país reanudaba su vida institucional.