Francamente no sé si esta temporada turística a la que todavía le falta un tramo importante, fue mejor o peor que las anteriores. Faltan cifras todavía pero los números no dicen todo. Por supuesto que el dinero que queda siempre es importante, pero no es el único elemento a tener en cuenta. Lo que interesa es cómo pasó su estadía el turista, de manera que al irse lo haga con el propósito de volver, y no hay mejor promoción para el país que el anuncio de esa disposición. Pero seguramente esta temporada tiene que haber sido exitosa, pues todo se dio para ello. Los números no indican otra cosa que consumición, gasto, y en ese plano los resultados no van a ser generosos, porque el horno no está para bollos. Sin embargo hubo movimiento y especialmente de uruguayos. Me decían que en los momentos más angustiantes para los que aquí quedamos como los que se vivieron en la última semana de enero por ejemplo, era difícil para un compatriota en la orilla de una playa de Punta del Este no encontrar a nadie para colocarle un saludo, y eso ya es positivo. En realidad Punta del Este si bien es lo más representativo de la dinámica turística receptiva no debería ser lo único a tomar en cuenta, pero de hecho lo es, por ser la localidad del país que cuenta con mayor estructura para ello. Por eso la tendencia es a tomarlo como punto de referencia predominante.
Decíamos que esta tiene que haber sido una buena temporada. En primer lugar, no recordamos en varias décadas un acompañamiento más solidario del clima. Hubo que afrontar algún factor negativo, como la coyuntura cambiaria, porque Uruguay está más caro que Argentina, nuestro principal cliente turístico, pero el obstáculo se superó por varias razones. Uruguay vende lo que Argentina no tiene, que es seguridad. Luego, por el excelente trabajo de promoción turística que hizo el Ministerio, controlando y concientizando para que la oferta de precios fuera la adecuada y por la respuesta de los operadores. Por eso nos satisface dar el realce que se merecen las gestiones de los servicios a cargo de los Ministros del Interior y de Turismo. El primero ratificó por qué goza del prestigio que tiene y la confianza que inspira, y el Dr. Bordaberry por su parte demostró ser un gobernante serio, de perfil bajo pero dedicado y eficiente. Posiblemente el suyo sea un ejemplo más que elocuente para comprobar que con una buena administración, el Ministerio de Turismo tiene razones para tener autonomía. Lo que importa es saber elegir la gente y jerarquizar su tarea en lugar de considerarlo como un compartimento político de segunda.
Por su parte las fracasadas intentonas de la izquierda de crear problemas en Punta del Este son la prueba del nueve del éxito de la temporada. Han hecho muy bien las autoridades, y en este caso las palmas se las lleva el Ministerio del interior, en poner coto a estos actos de resentimiento y de maldad, cuyo único fin es el daño por el daño, la molestia porque sí ya que a nadie que esté en plan de disfrutar de un descanso le puede hacer gracia toparse con movilizaciones ruidosas planteando problemas que para el turista o son ajenos, o no está en sus posibilidades resolver. Adviértase que en Colombia hasta los sangrientos asesinos de las FARC preservan a Cartagena de Indias como coto cerrado a la violencia de su guerra criminal, mientras que la izquierda y los sindicatos criollos no consiguen superar una mentalidad obtusa que les impide ver que con sus marchas y asambleas vociferantes no consiguen nada, y en cambio corren a la gente que viene a dar empleo y a dejar su dinero en beneficio del país y de su gente.
Así se practica la solidaridad sindical.