Anoche en cable atendía al "Chacho" Alvarez. Tiene celebridad razonable en ciertos ambientes, porque fue arquitecto del Frente Amplio argentino. En las primeras de cambio cuando las papas quemaron se fue, hizo caer toda confiabilidad en el entonces presidente De la Rúa y después... vino lo que conocemos y sufrimos en el área platense.
Uno no tiene simpatía por el personaje. Puede sentarse en cualquier rueda de amargados de las que hay en nuestro país, y producir bilis y acidez estomacal. En proporciones socialistas estimables.
Cree como tantos que la culpa de lo que no pasa la tienen los demás. Que es la mejor receta para no hacer nada por nosotros mismos. O, hacerla mal, como cumplió cuando su país le reclamaba estar a la altura de las circunstancias.
Es buen izquierdista. Racionaliza todo. No descubrió que muchas cosas son como son porque son. Seguramente es capaz de estudiar la realidad, teorizar sobre ella, sentir que la cambiará y ejercer la mayor incapacidad para ejecutar algo. Por pequeño que sea. Acá de estas figuras estamos llenos.
Fíjense que los camaradas Arismendi y Korseniak son partidarios de que el pueblo uruguayo pase hambre para pagarles sueldos y privilegios. Más que eso. El último de los nombrados considera que si lo que nos sacan del trabajo para pagar burocracia no alcanza lo que hay que hacer es emitir.
Producir moneda sin respaldo y los que van a sufrir son jubilados y trabajadores inflación mediante. Los marxistas uruguayos dicen este disparate y se lo creen. Hacen bien. Siempre vivieron del trabajo ajeno y la protesta. Nunca invirtieron, ni generaron un puesto de trabajo, contribuyendo a hacer perder muchos. Desestimulando la inversión y la tarea productiva. Después las culpas son ajenas y el desconcierto propio.
Ahora, así como un día Castro, otro día Chávez, la gran solución es el presidente Lula de Brasil. Queremos creer que sea cierto. Como en su momento dijo Richard Nixon es muy probable que hacia donde vaya Brasil, vaya América Latina.
Los brasileños siempre han hecho lo que han querido y defendido egoístamente sus intereses. Los orientales los conocemos bien, y para apreciarlo es suficiente con las últimas devaluaciones de los norteños, que generaron un desastre en la producción nacional uruguaya, rioplatense y el comercio regional.
Más allá de que se lo quiera desconocer desde la cumbre intelectual, nuestro país gracias a sus partidos tradicionales es el que tiene mejor distribución de riqueza a nivel continental lo que se expresa en programas de seguridad social y en políticas sociales en educación, vivienda, salud pública y alimentación, que en América Latina y a pesar de la crisis que padecemos, siguen siendo ejemplo pionero.
De las bellezas más recientes relacionadas con la disolución secular, se encuentra la reciente instalación de una comisión de transparentes en Montevideo para que nos digan cómo se explican los manejos inadecuados del dinero de los contribuyentes capitalinos. También las marchas a Punta del Este, emblema del turismo nacional para dañar a las inversiones, a los empresarios y a los trabajadores, que construyen patria desde una industria fundamental en el mundo contemporáneo.
Entre mucha novelería foránea y proyectos progresistas en curso más por viejos que por diablos, preferimos lo tradicional (probablemente malo) a lo mucho bueno que algunos nos dicen son capaces de gestar, y hacer conocer.