PUNTA DEL ESTE I MIGUEL MUTO
En lo previo era de las mayores atracciones para los espectadores que demandan calidad autoral. La gran protagonista de ayer en la sexta edición del festival "Un cine de Punta" fue la película mexicana La virgen de la lujuria del maestro Arturo Ripstein, protagonizada por Ariadna Gil y Luis Felipe Tovar. Precisamente, fue Tovar el encargado de presentar el film ante la prensa (al mediodía) y ante el público (por la noche).
La historia se desarrolla en el México de los años 40. Tovar, quien ha trabajado en casi cuarenta films, interpreta a Ignacio Jurado, "El Mikado", un camarero más bien callado y solitario, cuyos días transcurren entre el Café Ofelia y su colección de fotos pornográficas. Sin embargo, todo cambia cuando irrumpe en ella Lola, una prostituta española no exenta de cierta ternura, autodestructiva e imprevisible. Entre ambos surge una relación sadomasoquista. "Mikado" será capaz de cualquier cosa por hacerse merecedor del amor de Lola, incluso matar a Franco. El argumento nace de un cuento de Max Auff, sugestivamente titulado La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco.
El melodrama, "pan nuestro de cada día" como lo definió el propio Tovar en su conferencia de prensa posterior a la exhibición del film, se desarrolla en una atmósfera cargada, en la que conviven realismo y fantasía.
SUGESTIONES. "Se trata del cine dentro del cine", destacó el actor al aludir al juego de lo real e irreal. "Es fascinante como lo logra Arturo Ripstein, un director exigente al máximo que gusta de lograr ese clima, de crear ese mundo fantástico. Muchas veces me han preguntado si mostramos un México oscuro o sórdido, en estas historia como La virgen de la lujuria, pero ese no es el México real, es un mundo recreado para un cine dentro del cine", comentó el actor que acompaña la muestra esteña desde su primer día.
Tovar, de excelente trabajo en este film, comentó otros detalles de su labor con el director Ripstein: "una vez que estamos en el set, somos nosotros los que resolvemos nuestros movimientos y eso es otro desafío, que no permiten todos los directores. En mi caso me posibilitó demostrar habilidades, claro que será el público quien las juzgue, pero trabajar así brinda la oportunidad de demostrar las cualidades de un actor. Nos involucra de una forma intensa en la historia, desde antes de empezar a grabarla. En ella estarán los sueños y las ambiciones".
Para instalar ese clima fuertemente emocional, el director de la excelente El coronel no tiene quien le escriba, construyó secuencias de filmación sin cortes que exigen mucho también de quienes participan en el equipo técnico. "Ripstein es intolerante en el error y cuida todos los detalles para que los personajes se metan hasta la médula en la historia", rememora Tovar.
La propia duración del film, de dos horas y veinte minutos, advierte que La virgen de la lujuria no es una producción dispuesta a transar con los imperativos del mercado. De hecho, pese al renombre internacional de su creador y de la popularidad de sus actores, hasta el momento los cines no la han exhibido en México Al respecto Tovar comentó que el director "gusta hacer películas largas y yo generalmente me duermo en films extensos, pero esta, realmente me impactó, me conmovió la primera vez que la vi. El tema de la duración es que los cines dan dos películas en ese mismo lapso y venden golosinas y ganan a veces más con los chocolates que con la película. Quizás esta situación demande un ‘remontaje’ de la misma pero ustedes tuvieron el privilegio de verla en esta versión", acotó el artista.
Luis Felipe Tovar concluyó señalando que "el camino abierto por Ripstein trae esperanza de superación para el cine mexicano que tuvo dos generaciones que se perdieron en este arte y que retomó luego sus propios valores y el melodrama clásico que llevó al cine de su país al tope en el mundo" y que Tovar definió como "el pan nuestro de cada día". En su comentario se reflejó el espíritu que impera entre los mexicanos tras los éxitos que a nivel mundial han conseguido películas como Amores perros, Y tu mamá también y El crimen del padre Amaro que hasta ahora se continúa exhibiendo en los cines uruguayos.
Después de los premios
Esta noche se dará a conocer en el marco de la muestra Un Cine de Punta el largometraje uruguayo La espera, dirigido por Aldo Garay y protagonizado por Elena Zuasti, Verónica Perrotta y Walter Reyno.
La espera, que se basa en la novela Torquator de Henry Trujillo (adaptada por Sebastián Bednarik y Coral Godoy), gira en torno a las conflictivas relaciones entre una madre, su hija y un vecino. Solos u juntos, esos personajes cultivan frustraciones y reproches en ambientes anónimos, vacíos, tejiendo una sorda y enfermiza relación de dependencia. En principio, no todos los personajes se ven absolutamente bloqueados (en particular la hija), pero uno u otro momento, casi todos desaprovechan sus posibilidades de escape.
Descrito como "obra de climas opresivos, silencios reveladores y tensos tiempos muertos", y respaldado en sus intérpretes pero también en el talento de un equipo técnico que incluye al fotógrafo Diego Varela, el montajista Jorge García, el sonidista Alvaro Mechoso, y el músico Carlos Da Silveira, el film constituye el salto al largometraje de ficción del joven director Aldo Garay (Montevideo, 5 de octubre de 1969), cuyos antecedentes incluyen los documentales Yo, la más tremendo (1995), Bichuchi, la vida de Alfredo Evangelista (1997) y Mi gringa, retrato inconcluso (1996-2001), así como numerosos trabajos televisivos para el canal TV Ciudad (las series Niños de la calle, 2000 y Vivir en rojo, 2001). En casi todos esos trabajos previos, Garay se ha caracterizado por su vocación testimonial y su aproximación cálida, sensible y sin prejuicios a personajes "diferentes", perdedores, marginados (travestis, el conflictivo boxeador Evangelista, los marginados extremos de Mi gringa).
El proyecto de La espera resultó premiado por el Fona (Fondo Nacional del Audiovisual), obtuvo el premio de la Ocic (Oficina Católica Internacional del Cine) en Mar del Plata, y fue seleccionado por el proyecto Cine en Construcción de los festivales de Toulouse y San Sebastián. En este último, que busca apoyar la postproducción de los trabajos de nuevos realizadores prometedores. También participó en la prestigiosa sección Zabaltegui, en el último de los festivales mencionados.
Cerrajero y represor
También se exhibe esta noche en Un Cine de Punta el film argentino El bonaerense, segundo largo del joven Pablo Trapero, quien antes hiciera la elogiada Mundo grúa.
Se ha dicho que el tono realista y documental de El bonaerense puede llamar a engaño. Hay ciertamente en el film una descripción y una denuncia de los mecanismos de corrupción, abuso de poder y degradación que afectan a la policía del Gran Buenos Aires, pero el verdadero tema corre por detrás: el modo como un individuo común es incorporado y absorbido por ese sistema triturador.
Lo que cuenta la película es el tránsito de Zapa (Jorge Román), modesto cerrajero de pueblo metido en problemas con la ley, que termina formando parte de una fuerza policial que poco se diferencia de la delincuencia que se supone debería combatir. El director Trapero regresa al paisaje del Buenos Aires suburbano que ya recorriera en Mundo grúa, y lo describe en un lenguaje más bien seco que también aplica a su examen del funcionamiento de la institución policial.
Según casi toda referencia (ha sido uno de los films argentinos más elogiados del 2002), El bonaerense sería la confirmación del talento del director Trapero, quien nació en Buenos Aires en 1971, estudió arquitectura y empezó en cine con el corto Negocios (1995). Fue montajista del largometraje Mala época, y provocó un primer impacto en 1999 al dirigir Mundo grúa. Su siguiente corto, Naikor, fue presentado en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires en el año 2001. El año pasado, El bonaerense participó en el festival de Cannes, en la sección Un Certain Regard.