Un decreto firmado por el presidente Batlle y el ministro Guzmán con fecha 21 de enero, declara Monumento Histórico la sede del Teatro Victoria Hall, esa preciosa sala montevideana ubicada en la calle Río Negro 1479. La medida respondió a ciertos vaivenes de la historia reciente del edificio, que por resolución del Poder Ejecutivo de febrero de 1986 ya había sido declarado Monumento Histórico y sin embargo en junio de 2002 fue desafectado de esa condición tutelar por solicitud expresa del Banco de Seguros del Estado, organismo propietario del teatro.
Ahora el Ejecutivo ha reaccionado devolviendo al Victoria su debida protección, que en el caso obedece a la gestión promovida por la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación, con expreso pedido de su reafectación. El edificio había sido levantado en 1902 y lleva la firma del arquitecto Adam. Desde entonces tuvo una destacada actividad, con temporadas artísticas de variada índole, hasta que el Banco de Seguros lo adquirió a la sociedad inglesa que era su dueña. En los años 70 fue cedido a dos grupos de la actividad escénica independiente (Teatro Libre y Teatro Moderno) que cumplieron allí sus copiosas temporadas, aunque la sala también alojaba a elencos internacionales, como la argentina Niní Marshall, cuando hacían escala en Montevideo.
Pero a fines de esa década y durante unos cuantos años, el Victoria quedó inactivo y fue ocasionalmente utilizado como espacio para ensayos de conjuntos de cámara dependientes del Sodre, entre otras cosas. Una sala vacía suele caer en un proceso de deterioro que en el caso llegó a ser visible y hasta alarmante. Los ornamentos de la sala fueron parcialmente desmantelados, incluyendo la yesería de su techo, que dejó a la vista las monumentales "serchas" de madera que lo sostienen. Pero la declinación se reflejaba asimismo en platea y galería, donde las goteras ayudaban a acelerar el deterioro, por no hablar del abandono de los accesos y otras dependencias, algunas al borde de un estado ruinoso, mientras el Banco de Seguros utilizaba sectores del edificio para depósito de documentos.
RECUPERACION. Con el regreso de la democracia a mediados de la década del 80, la ministra Adela Reta planificó una recuperación del Victoria con apoyo de la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, pensando en destinar el teatro a las actividades de un grupo en formación, el Teatro del Sur, a cuya cabeza figuraba el director Antonio Larreta. A esa altura, el Victoria mostraba rasgos de decrepitud muy visibles, permitiendo ciertos márgenes de temor por la amplitud y la profundidad de los trabajos de restauración que ese estado exigía.
Finalmente, los planes de la ministra y de Teatro del Sur abortaron por el costo de las obras previstas, que incluían un edificio lateral en el baldío que había quedado luego de la demolición (en los años 60) del local anexo al Victoria. Entonces el teatro volvió a tener un período de abandono en que fue invadido por ocupantes precarios dedicados a tareas de hurgadores, que clasificaban montañas de residuos en el propio escenario de la sala, convirtiéndolo involuntariamente en un paisaje surrealista. Desalojados más tarde los ocupantes, el Victoria fue solicitado por la Comedia Nacional como espacio alternativo en un período en que ya carecía de su sala mayor, el Solís, quedando su capacidad de maniobra reducida a la Sala Verdi. El Banco de Seguros cedió entonces el Victoria a ese elenco oficial, y las tareas de recuperación se emprendieron bajo la guía del arquitecto Jorge Curi, un hombre más famoso como director escénico.
Entre otros beneficios, esa restauración dio a la sala un diseño transformable, según las exigencias de cada puesta en escena, permitiendo congratularse de que el Victoria hubiera recobrado su función esencial y se sumara al circuito montevideano en un período donde la falta de las salas más grandes y jerarquizadas (el Sodre, el Solís) se vive como una dolorosa asignatura pendiente. Puede ser alentador que el Poder Ejecutivo acabe de restituir al Victoria su categoría de Monumento Histórico, mientras los poderes públicos no parecen demasiado afligidos por los 31 años y 4 meses que han corrido desde el incendio del Estudio Auditorio en setiembre de 1971. Informaciones muy recientes acaban de señalar que el Teatro La Fenice de Venecia, que se incendió en 1996, será reabierto en diciembre de 2003. El dato podría provocar la reflexión de las autoridades uruguayas respecto de la sala del Sodre, mientras el Solís sigue en obras a cuatro años y dos meses de su cierre. Ese panorama obliga a saludar doblemente el decreto que respalda al Teatro Victoria con una afectación que impide demolerlo, transformarlo o destinarlo a otros usos.