LUNES 6 de enero de 2003- Año 85 -Nº 29243
Internet Año 7 - Nº 2353 | Montevideo - Uruguay
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Contra la corrupción

LUCIO Gutiérrez es el coronel retirado que asumirá el 15 de enero como nuevo presidente de Ecuador. Ese militar de meteórica trayectoria política, obtuvo el 54,4 por ciento de los votos populares en la segunda vuelta electoral del 24 de noviembre, donde su rival Alvaro Noboa —poderoso empresario bananero— llevó en cambio el 45,6 de las voluntades ciudadanas. El 21 de enero de 2000, Gutiérrez había encabezado el levantamiento de varios oficiales militares que se sumaron al movimiento indigenista contra el presidente Jamil Mahuad y provocaron su caída, siendo sustituido ese mandatario por el vicepresidente Gustavo Noboa. Tres años después, Gutiérrez asumirá la primera magistratura legitimado por un notable apoyo electoral.

Parece tentador comparar el ascenso de Gutiérrez con el de su colega venezolano Hugo Chávez, que también fue golpista antes de convertirse en presidente constitucional gracias a un masivo apoyo electoral. Pero esa tentación debe ser resistida, no sólo porque se trata de dos países con circunstancias distintas sino porque el presidente electo ecuatoriano dispone de un discurso bastante más atrayente que el rudimentario populismo del dirigente venezolano. Por lo pronto, Gutiérrez (de 45 años) es licenciado en administración de empresas y en educación física y ya en la primera vuelta electoral del mes de octubre había ganado (con el 20,73 de los votos, frente al 17,37 de Noboa) una apuesta electoral que reveló el empuje de una corriente indigenista —la primera de América Latina por su naturaleza, su integración, su volumen y su alcance político— que bajo dos denominaciones (Movimiento Unidad Plurinacional Pachakutik y Sociedad Patriótica 21 de Enero) respaldó la candidatura de Gutiérrez.

EL triunfo de ese candidato fue saludado por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador como "un día histórico, un día de esperanza. Nosotros hemos vivido mucho tiempo excluidos y en este momento hemos creado una esperanza de cambio, pero no sólo para los indígenas sino para todos los sectores desposeídos o abandonados, que hemos sido engañados durante tanto tiempo". El pronunciamiento tiene especial trascendencia en un país como Ecuador, donde el 35 por ciento de los 12 millones de habitantes son indígenas y desde hace un par de años integran movimientos de inesperada cohesión y decisiva influencia en un mapa social y político que hasta 1999 parecía en proceso de desintegración.

Ahora Gutiérrez afirma soñar "con un país justo, más honesto y más democrático, digno de ser dejado en herencia a nuestros hijos. Para eso vamos a priorizar la seguridad social, la seguridad alimentaria y la seguridad jurídica en el país". Se declara dispuesto a "trabajar muy duro para mantener equilibradas las cuentas públicas, combatir el déficit fiscal y mantener cifras macroeconómicas positivas" aunque advierte que "todo eso no sirve de nada si no hay una mejor distribución de la riqueza, si no ponemos énfasis en la necesidad de reactivar la producción y así generar más empleo y poder combatir la pobreza". Y entonces Gutiérrez agrega: "Queremos una oportunidad histórica, que deberemos ir construyendo juntos. Pero también debemos fortalecer las relaciones comerciales con Estados Unidos, la Unión Europea y los países asiáticos, ya que solamente así podremos salir adelante". Lo harán dentro de ciertos parámetros que Gutiérrez señala: "No firmaré cualquier cosa que signifique un costo para los sectores más pobres" advierte desde ya.

ESA ecuanimidad y ese planteo frontal integran la posición personal del presidente electo, que por encima de todo coloca su voluntad de pelear contra la corrupción: "ese fenómeno roba la tercera parte del presupuesto nacional" dice, y añade que "la corrupción en Ecuador se lleva entre 2.000 y 2.200 millones de dólares al año. Eso es lo que representa el 30 por ciento del presupuesto. Seré implacable con el tema de la corrupción, porque quien roba el dinero del pueblo está matando ilusiones, matando gente y hasta matando niños, que mendigan cuando deberían vivir dignamente. Vamos a imponer cadena perpetua a los corruptos y haremos leyes para castigar a los corruptores: a cualquier empresa, nacional o extranjera, que pague coimas para conseguir un contrato, le caerá el peso de la ley. No tengan dudas".


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