LUCIO Gutiérrez es el coronel retirado que asumirá el
15 de enero como nuevo presidente de Ecuador. Ese
militar de meteórica trayectoria política, obtuvo el 54,4
por ciento de los votos populares en la segunda vuelta
electoral del 24 de noviembre, donde su rival Alvaro
Noboa —poderoso empresario bananero— llevó en
cambio el 45,6 de las voluntades ciudadanas. El 21 de
enero de 2000, Gutiérrez había encabezado el
levantamiento de varios oficiales militares que se
sumaron al movimiento indigenista contra el
presidente Jamil Mahuad y provocaron su caída,
siendo sustituido ese mandatario por el vicepresidente
Gustavo Noboa. Tres años después, Gutiérrez asumirá
la primera magistratura legitimado por un notable
apoyo electoral.
Parece tentador comparar el ascenso de Gutiérrez con
el de su colega venezolano Hugo Chávez, que también
fue golpista antes de convertirse en presidente
constitucional gracias a un masivo apoyo electoral.
Pero esa tentación debe ser resistida, no sólo porque
se trata de dos países con circunstancias distintas
sino porque el presidente electo ecuatoriano dispone
de un discurso bastante más atrayente que el
rudimentario populismo del dirigente venezolano. Por
lo pronto, Gutiérrez (de 45 años) es licenciado en
administración de empresas y en educación física y ya
en la primera vuelta electoral del mes de octubre había
ganado (con el 20,73 de los votos, frente al 17,37 de
Noboa) una apuesta electoral que reveló el empuje de
una corriente indigenista —la primera de América
Latina por su naturaleza, su integración, su volumen y
su alcance político— que bajo dos denominaciones
(Movimiento Unidad Plurinacional Pachakutik y
Sociedad Patriótica 21 de Enero) respaldó la
candidatura de Gutiérrez.
EL triunfo de ese candidato fue saludado por la
Confederación de Nacionalidades Indígenas del
Ecuador como "un día histórico, un día de esperanza.
Nosotros hemos vivido mucho tiempo excluidos y en
este momento hemos creado una esperanza de
cambio, pero no sólo para los indígenas sino para
todos los sectores desposeídos o abandonados, que
hemos sido engañados durante tanto tiempo". El
pronunciamiento tiene especial trascendencia en un
país como Ecuador, donde el 35 por ciento de los 12
millones de habitantes son indígenas y desde hace un
par de años integran movimientos de inesperada
cohesión y decisiva influencia en un mapa social y
político que hasta 1999 parecía en proceso de
desintegración.
Ahora Gutiérrez afirma soñar "con un país justo, más
honesto y más democrático, digno de ser dejado en
herencia a nuestros hijos. Para eso vamos a priorizar
la seguridad social, la seguridad alimentaria y la
seguridad jurídica en el país". Se declara dispuesto a
"trabajar muy duro para mantener equilibradas las
cuentas públicas, combatir el déficit fiscal y mantener
cifras macroeconómicas positivas" aunque advierte
que "todo eso no sirve de nada si no hay una mejor
distribución de la riqueza, si no ponemos énfasis en la
necesidad de reactivar la producción y así generar más
empleo y poder combatir la pobreza". Y entonces
Gutiérrez agrega: "Queremos una oportunidad
histórica, que deberemos ir construyendo juntos. Pero
también debemos fortalecer las relaciones
comerciales con Estados Unidos, la Unión Europea y
los países asiáticos, ya que solamente así podremos
salir adelante". Lo harán dentro de ciertos parámetros
que Gutiérrez señala: "No firmaré cualquier cosa que
signifique un costo para los sectores más pobres"
advierte desde ya.
ESA ecuanimidad y ese planteo frontal integran la
posición personal del presidente electo, que por
encima de todo coloca su voluntad de pelear contra la
corrupción: "ese fenómeno roba la tercera parte del
presupuesto nacional" dice, y añade que "la corrupción
en Ecuador se lleva entre 2.000 y 2.200 millones de
dólares al año. Eso es lo que representa el 30 por
ciento del presupuesto. Seré implacable con el tema
de la corrupción, porque quien roba el dinero del
pueblo está matando ilusiones, matando gente y hasta
matando niños, que mendigan cuando deberían vivir
dignamente. Vamos a imponer cadena perpetua a los
corruptos y haremos leyes para castigar a los
corruptores: a cualquier empresa, nacional o
extranjera, que pague coimas para conseguir un
contrato, le caerá el peso de la ley. No tengan dudas".