Abogados corruptos

En un original drama titulado Fuera de control, de reciente estreno, dos hombres chocan con sus autos en una calle de New York, quedan peleados, pierden veinte minutos y pierden también las audiencias judiciales a las que debían concurrir. Uno es un abogado (Ben Affleck) citado para defender como legítima la administración por su bufete de una rica Fundación de beneficencia. El otro es un caballero negro (Samuel L. Jackson), separado de su esposa, que está perdiendo en el juzgado la custodia de sus dos hijos varones, a raíz de un pasado alcohólico.

Sería enojoso transcribir aquí los acercamientos y las peleas de ambos hombres o cuestionar alguna incoherencia de sus conductas. Pero importa destacar un valiente dato de crítica social. En medio de las discusiones, el abogado Affleck llega a enterarse de que le han encargado defender una causa villana. Sin que él lo supiera, el bufete de abogados está robando tres millones de dólares a la Fundación que administra. Eso contradice el idealismo con que encaró su profesión y el idealismo que muestran dos jóvenes aspirantes a ingresar al estudio. Algo similar le había ocurrido a Tom Cruise en The Firm (Sydney Pollack, 1993), cuando descubre que el FBI se interesa por los manejos de sus abogados mayores.

Pero la corrupción de abogados, contadores, banqueros y hasta policías no es una novedad en el cine americano. Para esos papeles nacieron Edward Arnold, Lionel Barrymore o Claude Rains, combatidos con discursos por Gary Cooper o James Stewart, bajo la batuta de Frank Capra. El dato optimista era que la corrupción terminaba derrotada, porque en el fondo la gente es buena, apoya al héroe, humilla al villano. Esa era la moraleja fácil y engañosa de Qué bello es vivir (Capra, 1946), un cuento de hadas que le gustó a tanta gente.

La moraleja se da vuelta en Fuera de control. Cuando el abogado idealista Affleck reprocha a su jefe y suegro (otra vez Sydney Pollack) haber sustraído tres millones a una Fundación filantrópica, Pollack le contesta con una lección de realismo. Dice al joven que no debe hacerse ilusiones, porque también las fortunas de la Fundación surgieron de explotar a otros, probablemente a los campesinos en los bosques de Malasia, así que mucho dinero es sucio y la calesita sigue porque así es el mundo. Los ladrones roban a otros ladrones. El protagonismo del "dinero sucio" ya estaba apuntado por George Bernard Shaw en Comandante Barbara (1905), enfrentando al Ejército de Salvación con los fabricantes de armas, pero después pasó mucho tiempo, siguieron fabricando armas y se produjeron dos guerras mundiales. En cuanto a Fuera de control, es probable que ya se haya exhibido ante dirigentes de las Fundaciones Ford, Rockefeller, Guggenheim y otras, pero no hay noticia de sus reacciones.

Y en otro sentido, la moraleja de la película contradice a los precedentes. En las últimas escenas, Affleck resuelve quedarse con el bufete de abogados, con la corrupción y con su casamiento de conveniencia. Aquí no hay lecciones de moral para niños de hoy.

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